La globalización nos obliga a ser más competitivos en un mercado en el que España compite cada vez más con países con costes laborales muy bajos. Reducir estos costes no es una opción porque supondría una reducción drástica del nivel de ingresos y bienestar de las familias españolas.
Para mejorar la productividad, es necesario centrarse en la tecnología y la innovación, que agregan valor y compensan el efecto de los mayores costos laborales. Ambos factores son clave para impulsar las exportaciones y el crecimiento económico. Finalmente, el círculo virtuoso se cierra con un mayor nivel de vida de los ciudadanos y el mantenimiento del sistema de protección social.
En lo que va de siglo, la región de la eurozona más competitivamente avanzada ha sido la Comunidad de Madrid. Así lo demuestra nuestro estudio “Illuminating global Competitiveness by Analysis Regional Competitiveness Within the European Monetary Union”, realizado junto a las profesoras Susana Cortés Rodríguez (UNED) y Olga Butenko Nesterenko (Universidad de Nebria), publicado en la Revista de Economía Mundial.
El caso de la eurozona
Cuando los países pierden competitividad, pueden recuperarla si su moneda se deprecia o se devalúa. Pero los países que han adoptado el euro no pueden hacerlo cuando se trata de competir con otros territorios que también forman parte de la eurozona. La razón es que, al compartir la misma moneda, el Banco Central Europeo diseña e implementa la política monetaria de todos los países miembros. Bajar el tipo de cambio presenta un desafío adicional cuando la competencia es entre territorios con una moneda común.
En nuestro estudio analizamos cómo evolucionó la competitividad entre 2003 y 2021 en las regiones fundadoras del euro. Nos centramos en regiones, no en países, porque la industria se concentra en determinadas áreas. Esto crea desigualdades que debemos tener en cuenta.
Medimos la competitividad por los costos laborales unitarios, que vinculan los costos laborales y la productividad. Este indicador es útil para comparar países con niveles similares de desarrollo. Además, permite evaluar los ajustes de salarios y precios en condiciones de pérdida de competitividad, así como los efectos de las políticas y decisiones empresariales sobre la productividad.
buenos vecinos
Nuestro análisis muestra que la competitividad no está distribuida uniformemente en toda la geografía de la eurozona. Las regiones más industrializadas del centro y norte de Europa, como Baviera o Ile-de-France, son las más competitivas. Los del sur, como Andalucía o Calabria, están por detrás. Estas diferencias se mantienen y desarrollan bajo la influencia de la productividad, el capital humano y la especialización económica. En otras palabras, aunque los costos laborales unitarios han disminuido, las regiones más competitivas, las del centro de la UE, siguen siendo las más competitivas de la eurozona, y las de la periferia todavía están rezagadas.
Descubrimos un fenómeno interesante: el efecto barrio. Como la dinámica económica sigue patrones geográficos y de concentración industrial, si una región mejora su competitividad, también lo hacen las regiones vecinas.
Atracción de la gran ciudad
También descubrimos el papel clave de las grandes áreas metropolitanas. Madrid, Viena y Lisboa han prosperado gracias a su capacidad para atraer talento, inversiones y actividades basadas en el conocimiento. Pero este crecimiento urbano puede aumentar las desigualdades entre regiones. Además, plantea el problema de la despoblación en regiones menos competitivas, que es un problema particularmente urgente en las zonas periféricas de la eurozona.
El caso de Madrid es particularmente interesante porque en el período observado pasó del puesto 44 al 14 en el ranking de competitividad de la región del euro. Estos resultados son el resultado de la inversión en infraestructura desde la década de 1980 y de las políticas de liberalización, desregulación y reducción de impuestos implementadas desde la década de 1990.
Otros campeones de España
Otras regiones españolas que también han mejorado su competitividad respecto a las regiones de la eurozona son Cataluña, Comunidad Valenciana, Murcia, Andalucía, País Vasco y Navarra. En este sentido, el cuadrante nororiental (Vasco, Navarra, La Rioja, Aragón, Cataluña y parte de la Comunidad Valenciana), que es el más industrializado, sigue siendo el más competitivo. A esto se suma el desarrollo que se ha producido en Murcia, región extremadamente agrícola, y Andalucía, que se beneficia de la existencia de clusters tecnológicos como el de Málaga.
Desde el punto de vista político, creemos que es urgente diseñar estrategias regionales. Hay que impulsar la reindustrialización, la innovación y mejorar el capital humano. Si no lo hacemos, las regiones menos competitivas corren el riesgo de quedar atrapadas en el estancamiento, lo que exacerbaría las brechas socioeconómicas en la eurozona.
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