Para la Real Academia Española, un “piquete” es algo que se abre paso, una pequeña herida o un grupo de huelguistas que bloquean el acceso a una fábrica. Es una palabra asociada con daño o conflicto.
Sin embargo, cuando Bud Bunny entona en “NUEVAIoL” “Tienes un piquete, mamá, yo también”, no está hablando de sindicatos ni de cicatrices. Apela a algo invisible, casi metafísico, una mezcla de confianza, actitud y estilo, una forma muy concreta de caminar por el mundo.
“Piquete” tiene ese significado en el argot puertorriqueño, que es una de las características lingüísticas de la música del cantante. Otra es que el boricua carga con otra queja recurrente, que “no se le entiende”.
El artista que llevó el español a más escenarios globales que ningún otro en la historia reciente es también uno de los más criticados por su forma de hablar. Quejas como “no habla”, “deforma el idioma”, “no vocaliza” se repiten en las redes con una regularidad que dice más sobre qué versión del español consideramos legítima presentar al mundo que el idioma del artista.
‘Los termino con L, suenan mal con R’
Estos comentarios se refieren a la disputa que hasta hace un tiempo se entendía como español normativo, codificado, académico, con el español que se habla en los rincones de la Vega Baja (Puerto Rico), en los mensajes de voz de cualquier ciudad latinoamericana, en las cercanías de Estados Unidos o en las comunidades autónomas de España. Bad Bunny se expresa de este último.
Desde sus primeros éxitos, algunas críticas se han centrado en la diversidad lingüística que emplea. Su forma de hablar con rasgos característicos del español caribeño, como la aspiración o pérdida de consonantes finales, el léxico coloquial puertorriqueño, el uso del spanglish o fenómenos como el lambdacismo -la sustitución de /r/ por /l/ en determinadas posiciones- suelen destacarse como “ejemplos de sup”.
“La gente necesita dejar de ser tan estúpida y engreída que conoce la vida de una ‘celebridad'”, canta Bud Bunny en “Nadie Sabo”.
Sin embargo, lo que antes se consideraba local o marginal ahora circula globalmente. Millones de personas consumen, repiten y reconocen expresiones, pronunciaciones y estructuras propias del español puertorriqueño. No necesariamente porque comprendan todos sus matices, sino porque son parte de una identidad cultural reconocible.
Según datos del informe “De artista a sistema: Bad Bunny y la circulación global del español en la música digital” que publicamos en Observatorio de la Lengua Española Nebria, después de la Super Bowl canciones como “NUEVAIoL” registraron búsquedas en Shazam desde países como Alemania, Italia, Francia y Reino Unido. Es decir, los oyentes de mercados no hispanohablantes que no entienden completamente el idioma lo consumen y lo buscan activamente.
Bad Bunny logró revertir, para gran parte de la audiencia global, prejuicios sobre el género urbano latino.
‘Bebé, hazlo como lo sabes’
Y si ese mismo efecto arrastra al español, ¿podemos abrazar la música y deshacernos del acento?
La investigadora Sheila Rodríguez Madera es especialista en estudios socioculturales sobre Puerto Rico y coautora de The Bad Bunny Enigma (2024). Su argumento es que el cantante “no huye de esa condición, la interpreta. Se mueve dentro de las estructuras coloniales – la industria cultural global, el mercado norteamericano – pero las subvierte desde dentro, afirmando su acento, su jerga y su perspectiva local. Esta tensión lo convierte en una figura de resistencia simbólica: hace posible la incertidumbre y la energía para hacer visible ‘un ejemplo de ‘limitación’ dentro del espectáculo”.
Su decisión de cantar y hablar en español puertorriqueño en el prime time americano, en los Grammy, en los Premios de la Academia, en el entretiempo del Super Bowl, no es una renuncia a adaptarse al mercado anglosajón. Todo lo contrario: es una prueba de que su música no necesita ser traducida.
Durante décadas, muchos artistas latinos tuvieron que publicar en inglés o español para desarrollar su expansión internacional. Con un catálogo 100% en español, el puertorriqueño utiliza el inglés mezclado con español en sus intervenciones públicas para hacerse entender, e incluye jergas y expresiones como “janguear” (del inglés “pasar el tiempo”) en sus letras.
Bud Bunny en el pequeño escritorio de American Public Radio, NPR.
Esta idea, reformulada por la lingüista cubanoamericana Ofelia García en 2014, se refiere a la práctica de hablantes bilingües o multilingües que movilizan un repertorio lingüístico único y fluido sin tratar sus lenguas como barreras estancas. No se trata de cambiar de código, sino de una forma de habitar un lenguaje que refleja biografías complejas, identidades fronterizas, historias de migración y resistencia. La propuesta de Bad Bunny se puede leer desde ahí, porque no traduce su lenguaje para adaptarse al mercado global, sino que desplaza las condiciones de inteligibilidad de ese mercado.
“Ahora todo el mundo quiere ser latino, pero les falta el sabor”
En este contexto, el 18 de febrero de 2026, la Academia Puertorriqueña de Letras honró a Bad Bunny por su “contribución a la difusión global de la lengua española”. Y ella fue concreta en sus razones:
“El proyecto cultural de Martínez Ocasio ayudó a superar prejuicios hacia formas comunicativas propias del habla popular, urbana, juvenil o en contacto con otras lenguas. A pesar de la marcada localidad de referencias y formas lingüísticas utilizadas en sus composiciones, su mensaje logró superar fronteras geográficas, nacionales, generacionales e ideológicas.”
El puertorriqueño no fue reconocido por la Academia a pesar de su forma de hablar. Lo hizo por esa misma razón.
Si la misión del lenguaje es comunicar y crear comunidad, la influencia de Benito Martínez Ocasio es incuestionable. Ha conseguido que términos como “bellakuera”, “chambear” o “piquet” se entiendan desde Madrid hasta Tokio, y sean aceptados por un oyente global.
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Sin embargo, como señala en nuestro estudio la doctora en estudios culturales Nathalie Gómez Gómez, “no basta con abrir el mercado a los hispanohablantes, habría que preguntarse de qué español estamos hablando, desde qué territorios, bajo qué estéticas, qué cuerpos vuelven a ser dominantes. Su argumento es que la expansión puede consolidar la hegemonía caribeña y puertorriqueña dentro de España, dejando fuera otras diversidades latinoamericanas”. idea hegemónica de lo que es el latín.
“El caso del conejito malo” obliga a reconsiderar la neutralidad en la difusión del español y a superar el elitismo lingüístico. Los datos y la evidencia cultural en el ecosistema digital indican que el español que suena global no es el estándar: la variedad más escuchada en el planeta pertenece a una isla de tres millones de habitantes. Esto no es un síntoma de decadencia o marginalidad, sino una prueba de la extraordinaria salud y elasticidad de nuestra lengua. Finalmente, el español cuenta hoy con un “piquete” que le regala la calle.
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