La conversación no es sólo turnarse: cómo nuestras mentes construyen puntos en común

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
10 Lectura mínima

Don Quijote y Sancho Panza avanzan por los caminos de La Mancha mientras mantienen una larga conversación. En su diálogo, se corrigen, se malinterpretan, se siguen y se influyen mutuamente, y en el proceso cada uno pasa por la mente del otro.

– O estoy engañado, o esta debe ser la aventura más famosa que jamás se haya visto, pues esos bultos negros que aparecen allí deben existir, y sin duda algún hechizo que lleva alguna princesa robada en ese auto, y debo deshacer esta cosa tuerta lo mejor que pueda.

“Esto será peor que un molino de viento”, dijo Sancho. Verá señor, estos son los frailes de San Benito, y el auto debe ser de unos pasajeros. Mirad, os digo, mirad bien lo que hacéis, no os dejéis engañar por el diablo.

“Ya te he dicho, Sancho”, respondió don Quijote, “que poco sabes de la enfermedad de la aventura: lo que digo es verdad, y ahora lo verás”.

Cervantes convirtió aquella larga conversación entre Don Quijote y Sancho en uno de los grandes escenarios literarios, pero también en una magnífica intuición confirmada por la psicología actual: hablar significa construir un espacio común entre dos mentes diferentes.

En el pasaje citado, la referencia a “molinos de viento” funciona como indicador del episodio pasado ubicado en “terreno común”, de modo que los expertos definen lo que comparten los interlocutores: conocimientos, recuerdos, suposiciones, experiencias, normas, expectativas y formas de interpretar la situación.

Sancho supone que ambos comparten el recuerdo evocado, aunque no comparten su interpretación. Los puntos en común también pueden incluir el conocimiento mutuo del desacuerdo: Sancho supone que Don Quijote interpretará caballerosamente la escena, mientras que Don Quijote supone que Sancho lo corregirá desde su realidad ordinaria y práctica.

Más que compartir información

La psicolingüística moderna ha demostrado que la conversación es mucho más que turnarse. Mientras escuchamos a nuestro interlocutor anticipamos lo que va a decir, valoramos sus intenciones, recordamos lo ya dicho, calibramos el tono emocional de sus expresiones y preparamos nuestra respuesta. Todo esto está sucediendo a una velocidad increíble.

Una conversación fluida requiere que la comprensión y la producción se superpongan parcialmente: no esperamos a que el otro termine, proyectamos posibilidades mientras escuchamos para desarrollar nuestra respuesta.

En el centro de este proceso se encuentra el concepto antes mencionado de terreno común. Curiosamente, los expertos advierten que para el funcionamiento de este territorio común no basta con que exista (es decir, que se compartan conocimientos, creencias o experiencias y expectativas), sino que debe ser reconocido mutuamente, hay que ser consciente de que existe.

Por tanto, gracias a este conocimiento y comprensión general, muchas conversaciones pueden resultar económicas, alusivas y sorprendentemente efectivas entre amigos o familiares: una mínima frase puede activar toda una historia. En cambio, entre los extranjeros hay que explicar más, especificar, construir en igualdad de condiciones.

Malentendidos y ajustes.

Los puntos en común también explican la alta frecuencia de malentendidos. Ese contexto que asumimos es compartido a veces no lo es. Asumimos que la ironía, la alusión o la intención son obvias, sólo para chocar con la realidad de la incomprensión o el estupor de los demás.

La salud de la conversación depende en gran medida de corregir estas descoordinaciones: preguntar, aclarar, reformular, retroceder, decir: “no, no quise decir eso. La conversación no es un mecanismo perfecto, es una práctica frágil mantenida por un ajuste constante”.

Imagina la mente de otro

Por eso adaptamos nuestras palabras al interlocutor: elegimos ejemplos, nivel de detalle, tono y grado de confianza en función de quién nos escucha. Esta adaptación, conocida como diseño de audiencia, requiere que representemos la mente de otro. La conversación implica preguntarse qué sabes, qué no sabes, qué puedes inferir. Decide lo que te parezca claro, ofensivo, ambiguo o innecesario.

Cuando dos personas hablan, tienden a establecer, mantener y actualizar constantemente un terreno común. A ello también contribuye el alineamiento lingüístico: acuerdos implícitos con nuestro interlocutor para utilizar marcadores que reduzcan el esfuerzo referencial.

Leer más: Dime cómo eres y te diré cómo procesas las palabras

Por ejemplo, en una conversación cotidiana podemos preguntar por la camisa que buscamos y nos cuesta describirla: “la que es beige claro, con bolsillo y puños…”, hasta que encontramos la clave del reconocimiento: “la que llevé a la boda de Julia”. A partir de ese momento, la referencia coloquial a la camisa solicitada se condensó en “vestido de novia de Julia” o quizás simplemente “camisa de novia”.

Esta alineación reduce el esfuerzo comunicativo, pero también tiene una dimensión afectiva: repetir palabras de otro, adoptar su ritmo o aceptar su manera de nombrar algo también puede ser una forma sutil de mostrar atención, cercanía o complicidad.

Es interesante notar que también ocurre algo similar, pero en nuestra propia mente, en el proceso de escritura: cuando escribimos lo que pensamos, de alguna manera estamos armonizando con nosotros mismos.

¿Y en otro idioma?

Cuando la conversación se desarrolla en otro idioma, la correspondencia tiende a ser menos automática y más dependiente de factores como el nivel de competencia lingüística o el esfuerzo cognitivo.

Por ejemplo, en una interacción entre un hablante nativo y un estudiante de una segunda lengua, el estudiante a menudo repite partes de lo que escuchó. Cuando escucha “hoja de papel en blanco”, el estudiante puede responder “hoja de papel en blanco”, alineando parcialmente pero evitando para él un término menos seguro: si bien la palabra hoja que denota una hoja de papel puede resultarle menos familiar, el uso de la palabra “pieza” es más accesible.

A lire aussi: El desafío de la emoción en una segunda lengua

A veces, un hablante de una segunda lengua evita hacer fila cuando no está seguro de la forma del idioma. Por ejemplo, si el interlocutor utiliza “te dieron uno como regalo”, el alumno puede entender la estructura pero responder “me dieron uno como regalo”, manteniendo su propia construcción controlada con la partícula “to” para especificar el objeto indirecto, aunque en inglés esto no es necesario.

En estos casos, la alineación no desaparece, sino que se vuelve selectiva: el hablante ajusta algunas partes del enunciado mientras mantiene otras más accesibles o seguras.

Puntos de vista opuestos, territorio común

Las conversaciones entre Don Quijote y Sancho no eliminan la distancia entre ellos. Don Quijote no se limita a su visión caballeresca del mundo, ni Sancho abandona sus prudentes conocimientos populares. Pero el diálogo entre ellos abre una zona intermedia y común donde estos mundos pueden encontrarse sin confundirse. Su encuentro se produce en un terreno común: un espacio verbal en el que las diferencias no desaparecen, sino que se vuelven habitables.

El terreno común no es sólo un mecanismo cognitivo útil para interpretar oraciones. Es uno de los fundamentos de nuestras relaciones personales y sociales. Las amistades, las familias, las parejas, los grupos profesionales y las comunidades políticas dependen de historias compartidas, palabras compartidas, referencias reconocibles y formas relativamente estables de entender lo que se dice.

Cuando ese terreno se agota, la conversación se vuelve más costosa, defensiva y propensa a malentendidos. Cuando se cultiva, permite la confianza, la cooperación, la pertenencia y el reconocimiento mutuo.

En una era marcada por la comunicación fragmentada y la sustitución de la conversación natural por intercambios editados, breves o polarizados, vale la pena recordar que hablar con otros no se trata sólo de transmitir información.

La conversación consiste en crear un espacio para que una mente pueda acceder a otra. Quizás ahí radica una de las funciones más profundas de la conversación: construir una base común sobre la cual sostener el camino de nuestra vida juntos.


Descubre más desde USA Today

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Comparte este artículo
Deja un comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

es_ESSpanish

Descubre más desde USA Today

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo