La innovación en este ámbito también es cosa de mujeres, pero lo hacen de forma diferente

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
8 Lectura mínima

El sector agrícola está atravesando una profunda transformación impulsada por los ajustes que requiere el mercado, el impacto del cambio climático y las crecientes demandas medioambientales de Europa. En este contexto, la innovación ya no es una opción, sino una condición esencial para la supervivencia. Quienes no se adaptan corren el riesgo de quedarse atrás, como ya está sucediendo con muchas explotaciones que desaparecen o son absorbidas por otras más grandes.

En España, menos de tres de cada diez explotaciones agrícolas están dirigidas por mujeres y, de media, son más pequeñas y menos rentables. A pesar de esto, muchos agricultores y ganaderos están liderando transformaciones clave en las zonas rurales a través de la innovación, la diversificación y nuevas formas de producción y comercialización, aunque su papel a menudo sigue siendo poco visible.

Durante décadas, el trabajo de las mujeres en la agricultura y la ganadería se ha diluido dentro del entorno familiar, como si fuera una extensión natural del cuidado, y no una actividad económica con identidad propia. No es que no participaran: su contribución rara vez fue reconocida como tal. Esta invisibilidad histórica continúa ensombreciendo el presente. Persisten estos roles asignados y la falta de autoevaluación de su trabajo y lo que éste implica.

Y ahí radica la paradoja: aunque las mujeres todavía son minoría en la propiedad agrícola, están liderando una parte importante de los procesos de innovación que están transformando el sector agrícola.

Algo está cambiando en el campo

Hoy en día, muchos agricultores y ganaderos no sólo participan en actividades agrícolas, sino que también promueven diversas formas de innovación. Porque la innovación en este campo no consiste sólo en instalar máquinas más avanzadas o adoptar nuevas tecnologías, aunque ellos también lo hacen. Esto supone, cada vez más, repensar el modelo productivo, investigar nuevas formas de comercialización, diversificar actividades o renovar los vínculos con el territorio.

En este campo, las mujeres están traspasando los límites de lo que entendemos por innovación. Junto a las mejoras técnicas, es habitual encontrar iniciativas que combinan producción y transformación. También apuestan por la venta directa o los circuitos cortos, incluyen el agroturismo o crean redes de cooperación entre productoras. Se trata de estrategias que buscan no sólo la rentabilidad económica, sino también la sostenibilidad, el arraigo territorial y la calidad de vida.

Este enfoque más amplio no es accidental. En muchos casos, corresponde a una forma diferente de entender la explotación agrícola: no sólo como unidad de producción, sino también como proyecto vital. La innovación deja así de ser una decisión única y se convierte en un proceso continuo de adaptación, aprendizaje y conexión con el entorno.

Llegados a este punto cabe preguntarse si entendemos correctamente la innovación. Muchas iniciativas lideradas por mujeres no son reconocidas porque no encajan en indicadores centrados en la tecnología o la productividad, lo que apunta a la necesidad de ampliar la forma en que se define y mide la innovación agrícola. Además, estas innovaciones suelen basarse en la cooperación, el intercambio de conocimientos y la cooperación entre actores. Su reconocimiento y valoración es fundamental para impulsar un modelo agrario más territorial, cohesivo y sostenible para las comunidades rurales.

El potencial transformador convive con una realidad llena de obstáculos

Las mujeres siguen siendo una minoría en la propiedad agrícola, especialmente en las más grandes y rentables. También tienen menos acceso a las ayudas de la PAC (Política Agrícola Común), en parte debido a estructuras de producción que históricamente los han excluido. La mayor parte de la ayuda que reciben las explotaciones agrícolas en Europa está ligada a la superficie cultivada, lo que amplía la brecha de género en relación con la cantidad media recibida.

A esto se suman barreras menos visibles pero igualmente decisivas. La falta de tiempo derivada de la sobrecarga asistencial, la escasez de servicios en el medio rural o la ausencia de referentes femeninos en puestos directivos limitan sus oportunidades para emprender y consolidar proyectos innovadores. En muchos casos no se trata de falta de capacidad o iniciativa, sino de un entorno que no está diseñado para ellos.

El territorio tampoco ayuda. En las grandes zonas rurales, la despoblación, el envejecimiento y la falta de infraestructura dificultan el acceso a la formación, los mercados o las redes de apoyo. La conectividad digital, crucial para muchos procesos innovadores, sigue siendo insuficiente en algunas áreas. La innovación, en estas condiciones, requiere un esfuerzo adicional.

En los últimos años, la PAC ha incluido medidas destinadas a promover la participación de las mujeres en el sector primario. Pero la mayoría de estas intervenciones siguen operando bajo una lógica aparentemente neutral que, en la práctica, reproduce desigualdades. No basta con incluir a las mujeres como beneficiarias: es necesario repensar las reglas del juego. De lo contrario, las políticas actúan sobre los síntomas de la desigualdad, pero no sobre las causas que la crean.

Porque la pregunta esencial no es sólo cuántas mujeres hay en el sector, sino en qué condiciones participan, qué capacidad de decisión tienen y si el propio sistema les permite -o impide- ser verdaderos agentes de transformación.

Ante esta situación, los agricultores exigen políticas más adaptadas al territorio, menos burocracia y mayor presencia en los espacios de toma de decisiones. También exigen medidas concretas para reducir la incertidumbre en el sector agrícola, mejorar el acceso a la tierra y al asesoramiento, facilitar la reconciliación, fortalecer la infraestructura rural y simplificar los marcos regulatorios.

Ha llegado el momento de cambiar de opinión.

No se trata sólo de involucrar a más mujeres en el campo, sino de reconocer su papel clave en la transformación del medio rural. Muchas respuestas a desafíos como la sostenibilidad, la cohesión territorial o el relevo generacional pasan por las formas de innovación que promueven. El futuro agrario también depende del modelo de desarrollo que se quiera impulsar. En el modelo territorial, las mujeres ya están liderando el camino.


Descubre más desde USA Today

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Comparte este artículo
Deja un comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

es_ESSpanish

Descubre más desde USA Today

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo