El estreno de Michael, el biopic dirigido por Antoine Fuqua y protagonizado por Jafar Jackson, revive una vieja pregunta: ¿Cómo era el día a día de Michael Jackson, físicamente?
Ahora que el cine revive su legado, se renueva el interés por examinar no sólo el mito, sino también datos concretos sobre su condición física en sus últimos años; especialmente en 2009, cuando murió, cuando preparaba un regreso con la gira This Is It. En ese momento, el artista mantenía una exigente actividad física y una dieta relativamente ligera, mientras vivía con una calidad de vida profundamente deteriorada por el insomnio y la medicalización.
no estaba discapacitado
La primera paradoja reside en el estado físico de Michael Jackson en 2009: no era, según la documentación forense, un hombre y mucho menos un incompetente. Una autopsia oficial, realizada tras su muerte el 25 de junio de ese año, reveló que medía unos 175 centímetros de altura y pesaba 62 kilogramos, un índice de masa corporal de unos 20,1 kg/m², dentro de los límites considerados aceptables.
El documento no dice que sus músculos mostraran “signos de fuerza”, por ejemplo, ni diagnostica específicamente una desnutrición grave. Lo que sí indica es que tenía muy poca grasa abdominal subcutánea, lo que es consistente con una tez delgada y bajas reservas de grasa. Es decir, la autopsia no dibuja un cuerpo atlético en sentido estricto, pero tampoco terminal o físicamente colapsado.
El informe del forense del condado de Los Ángeles fue aún más revelador: Michael realizó “ejercicio extenuante diario” en preparación para los conciertos programados. Este detalle no es una anécdota: refleja una rutina que incluyó horas de baile, coreografías complejas y acondicionamiento cardiovascular. Esto casa perfectamente con lo que se puede ver en los ensayos de This Is It, captados en vídeo y presenciados por el equipo técnico.
Reuters y otros medios recogieron el testimonio del fotógrafo Kevin Mazur, quien lo fotografió menos de 48 horas antes de su muerte. Mazur lo describió como “lleno de energía”, feliz, comprometido con el equipo y capaz de ensayar una docena de canciones con breves descansos sólo para ajustar la música, la iluminación y la coreografía. Las imágenes de aquellos días muestran a un artista demacrado, sí, pero funcional: saltos precisos, giros rápidos y presencia impoluta en el escenario.
Estimaciones de su consumo diario de energía.
¿Qué significa esto en términos de consumo de energía? Aunque no existen datos personalizados, es posible realizar una valoración utilizando herramientas estándar de fisiología del ejercicio. El Compendio de Actividad Física destina 5 MET (1 MET equivale a un consumo aproximado de 1 kcal por hora por cada kg de peso corporal) para ensayos de danza moderna, jazz o ballet y 6,8 MET para actuaciones enérgicas en el escenario.
Una estimación razonable situaría su gasto energético total diario en unas 2.800-3.100 kcal durante los intensos ensayos de This Is It. Esta cifra se obtiene sumando un gasto basal de unas 1.470 kcal, el coste de la actividad física resultante de varias horas de ensayo y baile, y la termogénesis inducida por la dieta, que se estima en alrededor del 10% del gasto basal. En días especialmente exigentes, el total podría llegar a las 3.300 kcal al día.
Dieta: controlada, pero no suficiente para llevar
Su dieta no parece la de una estrella que se ha excedido en los últimos meses, sino la de alguien que intenta llegar ligero y funcional a los ensayos. Su chef personal, Kai Chase, explicó que el patrón general eran platos frescos y relativamente ligeros. La mañana podía comenzar con bebidas de frutas, granola y almendras, mientras que para el almuerzo o la cena había ensaladas con pollo o atún al horno. La lógica parecía clara: mantener la energía sin peso.
Este tipo de alimentación responde a las exigencias de los artistas cuyo instrumento de trabajo era el cuerpo entero. El estilo de Jackson dependía de la coordinación, la velocidad, el control postural y la resistencia para cada concierto. En este contexto, una dieta ligera podría favorecer el rendimiento escénico, aunque también es probable que fuera insuficiente para compensar los elevados costes físicos y la situación de estrés crónico.
La autopsia añade aquí un matiz importante. No nos permite reconstruir una última comida concreta ni identificar un alimento concreto en el estómago. Lo que indica es que había 70 gramos de líquido oscuro en el estómago, y que en el contenido del estómago se detectó propofol y lidocaína, dos compuestos anestésicos.
Fragilidad básica: insomnio y medicalización
Aquí surge otra paradoja más trágica: la capacidad de trabajar no equivale a una buena calidad de vida. La misma documentación forense que muestra a Jackson en preparación física activa también apunta a una situación profundamente precaria. Según el informe del forense del condado de Los Ángeles, que incluye información proporcionada por el detective S. Smith, Jackson se quejó de deshidratación e incapacidad para dormir. La autopsia determinó que la causa de la muerte fue una intoxicación aguda por propofol, a la que contribuyó la ingesta de benzodiacepinas.
Se recomienda ser preciso. La autopsia no muestra anatómicamente “deshidratación severa”, pero incluye una referencia a esa dolencia en la reconstrucción del caso. Y no se refiere al estómago en el que solo había pastillas, sino a un líquido oscuro con presencia de propofol y lidocaína. Más que una imagen de una alimentación normal o de una recuperación física, el informe describe un organismo profundamente afectado por la farmacología.
El contraste es clave para entender su final. Un individuo puede mantener sus capacidades escénicas (bailar, practicar, responder al trabajo coreográfico) y al mismo tiempo vivir en un equilibrio muy precario. Michael parecía conservar la capacidad de realizar tareas físicas exigentes, pero estaba atrapado en una dinámica de insomnio, adicción a las drogas y presión profesional que comprometía gravemente su bienestar.
El cuerpo detrás del mito
Visto de esta manera, el caso del cantante ofrece una lección más amplia sobre la cultura escénica. Interpretamos la delgadez, la energía visible y la capacidad de trabajo como sinónimos de salud. Pero la evidencia disponible sugiere algo más complejo: en sus últimos días convivieron un verdadero entrenamiento, una alimentación aparentemente cuidada y una extrema fragilidad. Un cuerpo que todavía podía hacer ejercicio era también un cuerpo sometido a un gran estrés fisiológico y farmacológico.
Por tanto, quizás el dato más revelador no sea cuántas calorías quemaba Michael Jackson al día, una cifra que nunca sabremos con exactitud, sino la contradicción que encarnaba: la de un artista capaz de parecer invencible mientras su vida cotidiana se volvía cada vez más vulnerable. Su caso nos recuerda que la excelencia escénica puede coexistir con una silenciosa decadencia.
Y la cuestión es que, a veces, el mito esconde precisamente lo que sería más conveniente examinar: el coste humano de soportar la obligación de ser extraordinario durante décadas.
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