El arma secreta de la Roja contra el calor del Mundial: camisetas que no son de hielo

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Los chalecos refrigerantes de España se han convertido en una de las imágenes más comentadas del Mundial de 2026. Numerosos titulares los han descrito como “chalecos de hielo” o “chalecos de gel”. Pero estos nombres confunden más de lo que aclaran: “hielo” es engañoso y “gel” permanece en la apariencia.

Su interés no está en que sean prendas frescas para aguantar mejor el calor antes de saltar al campo, sino en la tecnología de gestión del calor que incorporan. En un partido disputado a altas temperaturas, el calor acumulado puede acelerar la fatiga, reducir la capacidad de repetir esfuerzos y afectar la toma de decisiones. Estos chalecos buscan limitar este efecto: no aplican frío de forma repentina, sino que absorben el calor del cuerpo de forma controlada mientras su material interior cambia de estado. Este matiz explica por qué pueden refrescarse de una forma más estable, cómoda y durante más tiempo… y por qué su interés va más allá del fútbol.

De la Fórmula 1 al vestuario

En la Fórmula 1, los pilotos llevan años lidiando con un enemigo silencioso: el calor del habitáculo, que puede rondar los 50°C durante casi dos horas de carrera. El punto de inflexión llegó en el Gran Premio de Qatar 2023, cuando Logan Sargeant se retiró por un golpe de calor y Esteban Ocon vomitó repetidamente dentro de su casco. Ese episodio aceleró la adopción de sistemas de refrigeración piloto, que serán obligatorios a partir de 2026.

Hoy en día, lo que empezó como una solución de emergencia para los monoplazas de competición ha llegado a los campos de fútbol.

El sistema, por supuesto, no es una bolsa de hielo cualquiera. Su trabajo se basa en un material conocido como PCM (Phase Change Material). Su principio de funcionamiento sigue la misma lógica que permite que el hielo se derrita absorbiendo calor, pero se puede programar para que su punto de fusión sea muy superior a los 0 °C del hielo: es posible elegir entre 6,5 °C, 15 °C, 21 °C, 24 °C o incluso 29 °C, en función de las necesidades de cada situación.

La selección española de fútbol debuta en el Mundial con camisetas fabricadas con materiales de cambio de fase para protegerse del calor. ¿Hielo? No, algo mucho más inteligente.

Las cualidades por las que supera al hielo son algunas más. El agua a 0°C es demasiado agresiva para la piel: quema, irrita y, peor aún, provoca vasoconstricción. Los vasos sanguíneos se estrechan, el flujo en la piel disminuye y el calor, en lugar de escapar, queda atrapado. La medicina se vuelve contraproducente. Además, se derrite en cuestión de minutos y pierde su eficacia casi tan rápido como la gana.

Sin embargo, PCM funciona de manera muy diferente. Mantiene su temperatura constante mientras se derrite. Escalofríos durante horas. No daña la piel ni provoca un terrible efecto rebote. Y pesa un 20% menos que el agua, algo que no es una anécdota para un futbolista en pleno esfuerzo. Además, se carga en media hora en el frigorífico y aguanta miles de usos sin perder rendimiento.

Por supuesto, el PCM que se encuentra en los chalecos no es un gel natural, sino que está formulado con aditivos que lo espesan y evitan que se derrame cuando se derrite. Además, esta tecnología, desarrollada por empresas como la holandesa Inutek –e integrada por Adidas en su sistema Climacool– es 100% vegetal y biodegradable.

Los divisores de chaleco son la clave

El PCM no elimina el calor, sino que lo gestiona con precisión. Para lograrlo, el sistema consta de tres elementos, empezando por un chaleco ponible, una prenda ligera y ajustable con compartimentos independientes dispuestos a lo largo del torso. Esta división es crucial: permite una distribución uniforme del calor entre todos los paquetes. Si el material se concentrara en una sola bolsa, las zonas más expuestas al calor corporal se calentarían antes que las interiores, derritiéndose de forma desigual y se perdería gran parte de su capacidad. Pero al dividirlo en unidades más pequeñas, cada paquete recibe calor de forma equilibrada y la refrigeración es más eficiente y dura más.

Esquema de funcionamiento del chaleco de cambio de fase. Nazaret Ruiz.

Otro elemento son las cápsulas de PCM que se insertan en los compartimentos. Cada uno de ellos actúa como una unidad autónoma, fundiéndose a un ritmo controlado. Y si uno se rompe, el daño está localizado. La tercera es una bolsa de transporte aislada, que mantiene las mochilas a la temperatura adecuada hasta el momento de usarlas.

El chaleco se coloca sobre la camiseta, de modo que sus paquetes de PCM cubran el torso, el abdomen y la espalda. Cuando se derriten, transfieren constantemente su enfriamiento. El efecto es mensurable: la temperatura interna del cuerpo desciende a medio grado Celsius y la temperatura de la piel a 13 °C.

Buenas noticias para los deportistas

La evidencia científica confirma su eficacia para conseguir un mayor bienestar y rendimiento en el deporte. Un estudio encontró que los corredores que utilizaron refrigeración PCM en condiciones de calor (33°C) mostraron temperaturas centrales y cutáneas más bajas, frecuencias cardíacas más bajas y velocidades de carrera significativamente más altas con chalecos que sin ellos.

En el ámbito del fútbol, ​​once jugadores de élite que utilizaron PCM 3 horas después de un partido redujeron el dolor muscular en un 26,5% tras 36 horas.

Con estos resultados, no sorprende que su uso se haya ampliado. Se utiliza antes del partido -para crear un “colchón térmico” que retrase la fatiga- y en el descanso -para acelerar la recuperación-.

Más allá del fútbol: tecnología para todos

El calor extremo no es un problema exclusivo del deporte. Obreros de la construcción, bomberos, personal médico con equipos de protección individual (EPI), trabajadores industriales o equipos de rescate sufren un estrés por calor similar al de los jugadores de fútbol en pleno partido. En todos estos casos, el agotamiento por calor reduce la productividad y aumenta el riesgo de accidentes.

Por este motivo, la tecnología PCM, desarrollada originalmente para responder al calor extremo en pistas y estadios, está empezando a salir de los deportes de élite. Ya está incorporado en chalecos refrigerantes, cascos y ropa de trabajo.

Del mismo modo, su uso podría extenderse a expediciones, eventos multitudinarios o viajes urbanos durante olas de calor. En un contexto de temperaturas cada vez más extremas, la gestión del calor personal ya no es una solución excepcional, sino que se está convirtiendo en una necesidad cotidiana. Y este invento práctico y sostenible podría contribuir.


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