El próximo 15 de mayo llegará a los cines españoles un nuevo musical basado en la famosa novela El beso de la mujer araña del escritor argentino Manuel Puig. Esta producción, dirigida por Bill Condon y protagonizada por Tonatiuh Elizararaz y Diego Luna, se suma a las múltiples versiones inspiradas en la novela tras su publicación en 1976.
Entre ellas se incluyen propuestas independientes que siguen difundiéndose hoy en día, pero también una obra de teatro escrita por el propio Manuel Puig, la película seminal de 1985 dirigida por Héctor Babenco, o el musical estrenado en Londres en 1992 y en Broadway en 1993 (en el que se basa esta nueva película).
No cabe duda de que la historia de Molina y Valentino sigue seduciendo a lectores, directores, guionistas y espectadores.
Saltos en el tiempo y narrativas.
Como ocurre con toda adaptación, cambiar el formato supone traicionar parte del material original. A lo largo de los años, cada enfoque ha reinterpretado diversos elementos según las capacidades de su propio lenguaje.
En la adaptación actual, quizás la modificación más significativa sea la temporal. Si la narrativa tiene lugar en 1975, la apuesta de Condon sitúa la acción en mayo de 1983, pocos meses antes de la caída del régimen militar argentino y la liberación, entre otros grupos, de artistas, estudiantes, activistas y periodistas encarcelados durante la dictadura. El cambio no es pequeño: el hecho de que los hechos tengan lugar en este momento condiciona la visión que la película tiene de los personajes y del futuro que les espera.
El universo cinematográfico de la novela tampoco escapa al inevitable cambio. La rutina diaria de los veintidós días que Molina -un homosexual detenido por “corrupción de menores”- y Valentín -un preso político- comparten en la misma celda estuvo originalmente acompañada por seis películas que Molina reconstruyó y le dijo a Valentín para luchar contra el encarcelamiento.
En la primera versión cinematográfica, Destino fue elegido como la única película que Puig inventó específicamente para la novela. En este regreso a la pantalla, sin embargo, Molina le cuenta a Valentine un musical con ecos de Mujer Pantera, el primero en el libro que comienza a contar las historias que Molina vio en la habitación. En la narrativa, Jennifer López interpreta a Aurora, la directora de la revista de moda Charm, la más famosa de Sudamérica. En su búsqueda del amor verdadero, Armando y Kendall -las transcripciones de Valentino y Molina- tomarán protagonismo.
Diego Luna y Jennifer López en El beso de la mujer araña. Cortesía de atracciones en la carretera
La inclusión del musical cinematográfico en la propia película lleva a los dos prisioneros a abordar los mismos temas sugeridos por la novela: el deseo, la construcción de una identidad a veces contradictoria, la dignidad, la homosexualidad, la necesidad de imaginar otros mundos para hacer frente a la privación de libertad, el amor a contracorriente, etc. implicando una condensación simplificadora, reorganiza las líneas temáticas sin abandonar los conflictos principales.
Quizás el conflicto que más destaca sea el de la homosexualidad. Manuel Puig puso notas a pie de página en un libro que contenía los discursos médicos y psicológicos más difundidos sobre el tema en su momento. De estas notas sólo se utilizan dos notas, una verbalizada por Valentín y la otra por Molina. La selección es breve, pero reafirma la carga crítica del autor y es lo suficientemente impactante como para no pasar desapercibida para el espectador.
Los personajes secundarios también conservan su esencia narrativa, al igual que Spider-Woman, que ahora parcialmente fusionada con Panther-Woman conserva su valor simbólico. Y los protagonistas producen el mismo efecto: aunque la personalidad de cada uno está más definida desde el principio, sigue siendo fiel a la que imaginaba Manuel Puig.
La conexión entre los personajes.
Donde la adaptación muestra verdadera fidelidad es en la relación entre Valentino y Molina. Más allá de las diferencias ideológicas que inicialmente los separaron, el poder emocional de la pieza proviene del vínculo que ambos construyen en un espacio marcado por la violencia, la represión y la vigilancia.

Tonatiuh y Diego Luna en El beso de la mujer araña. Cortesía de Mongrel Media
Gran parte de esta fuerza reside en la forma en que cada personaje logra, a través de la influencia del otro, liberarse de ideas que parecían inamovibles. Así que el mayor riesgo al adaptar una historia tan profundamente íntima y humana como ésta es distorsionar el espíritu que la hizo memorable.
Sin embargo, la propuesta de Condon, cincuenta años después de la publicación de la novela, no sólo la mantiene intacta, sino que también encuentra nuevas formas de explorar las emociones que encendió la primera lectura, recordándonos por qué seguimos regresando, para siempre, a ese beso de Spider-Woman.

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