Eliminar barreras, como presas y embalses, es una estrategia cada vez más utilizada para restaurar los ecosistemas fluviales. En Europa, estas acciones son clave para alcanzar el objetivo de 25.000 kilómetros de ríos de flujo libre establecido por las recientes regulaciones de restauración de la naturaleza para 2030.
Sin embargo, la aceptación social de estas demoliciones sigue siendo desigual, y la oposición local (a menudo vinculada a raíces culturales, baja conciencia ambiental y desinformación) puede influir o incluso obstaculizar los esfuerzos de restauración.
Percepción social, tradición cultural y apego al paisaje.
Hace unos años, en una localidad del norte de Navarra, la Administración Provincial convocó una reunión con técnicos y compatriotas de las localidades de alrededor. En aquella reunión se presentó un ambicioso proyecto, que suponía la demolición de varias presas obsoletas, con el fin de aumentar la conectividad del río y, en concreto, fomentar el crecimiento de especies migratorias como el salmón.
Al explicar los hitos y actividades del proyecto, se mencionó el nombre de la presa, que se encuentra en una localidad cercana. Entonces una mujer, como fuente, se puso de pie y declaró que no se podía derribar. Explicó que en el camino que pasaba sobre esa presa, la Virgen María fue acompañada en la romería de mayo. Era motivo más que suficiente para reconsiderar la demolición.
De la misma manera que las represas sólo pueden ser demolidas cuando ya no están en uso y cuando su permiso de explotación ha expirado, esa represa tenía un valor cultural e intangible que no puede ser ignorado y que no quedó registrado en ningún registro oficial.
Ventajas y desventajas de presas y embalses
La gestión de represas sigue siendo un tema socialmente controvertido. Si bien los impactos sobre la biodiversidad son evidentes, también lo es que estas estructuras y sus embalses aportan importantes beneficios a la sociedad, como la producción de energía renovable, el suministro de agua o la creación de áreas para el baño y la pesca recreativa, además de usos culturales que muchas veces sólo se identifican escuchando a la comunidad.
Al mismo tiempo, los impactos sobre la biodiversidad pueden variar en intensidad dependiendo de su distribución y estado de conservación. Un conocimiento más preciso de su situación ayudará a mejorar la toma de decisiones, especialmente en relación con especies de alto valor recreativo, como la trucha o el salmón del Atlántico.
Medición de perturbaciones causadas por presas.
Tradicionalmente, los estudios sobre el impacto de las presas tienen en cuenta, en primer lugar, los kilómetros fragmentados del río. Pero cuando queremos priorizar el desmantelamiento de presas obsoletas, no sólo debemos valorar la longitud de los tramos liberados, sino también la biodiversidad del río y su preservación.
En esta dirección, se han desarrollado indicadores que consideran la presencia de poblaciones de peces, como los principales “usuarios” de los ríos. Pero esto no es suficiente: es necesario incluir la percepción social de las represas, su impacto y los servicios ecosistémicos que brindan para determinar la relación costo-beneficio de restaurar la conectividad desde todas las perspectivas involucradas.
Dentro de estas perspectivas, sin duda, deben estar los servicios que nos proporcionan estas infraestructuras y los valores intangibles -como los valores identitarios- que condicionen la percepción de nuestro entorno. Este último ha sido tradicionalmente el más difícil de resolver en la gestión de ecosistemas, lo que enfatiza aún más la necesidad de promover una buena comunicación y participación ciudadana en este tipo de procesos.
Percepción social en la valoración de presas.
El objetivo del proyecto ConnectFish es evaluar el impacto de las presas sobre los peces ibéricos, teniendo en cuenta aspectos tanto biológicos como sociales relacionados con los servicios ecosistémicos que nos ofrecen los ríos -áreas recreativas, suministro energético y alimentario, valor cultural, etc.- y la percepción que tenemos de ellos.
Nos centramos en las cuencas del Deva-Cares, Oria y Bidasoa, debido a las particulares características de los ríos de Cantabria y sus poblaciones. Al encuestar a los residentes de las áreas circundantes, encontramos que existe una brecha significativa entre los beneficios percibidos y los impactos reconocidos de las represas.
Se derrumbó una presa en Itureno, al norte de Navarra, sobre el río Bidasoa. Imagen tomada el 25 de mayo de 2018 por Rafael Miranda, CC BI-SA
Si bien se observa que existe un exceso de obstáculos en los ríos aledaños, la población prefiere su uso recreativo y productivo en relación a cualquier acción que implique su remoción. Cabe señalar que ciertos fraudes (como la demolición de presas en uso) que parecen estar muy extendidos en otras zonas no penetraron entre la población encuestada. Su vinculación con el territorio y conocimiento directo de la zona le permiten una mayor capacidad de contrarrestar la información falsa con la realidad.
Esta información preliminar muestra que las represas, sin duda, tienen un valor social, en muchos casos identitario, que no debe subestimarse.
Nuestros hallazgos reafirman la importancia de aumentar la conciencia de las partes interesadas sobre el impacto de las barreras fluviales y los beneficios de su eliminación al planificar intervenciones específicas. Es necesario involucrar a las comunidades locales, especialmente a los grupos más involucrados, para fortalecer la aceptación social de estas acciones y mejorar la gestión ambiental.
Es necesario tener en cuenta no sólo los servicios tradicionales del ecosistema, sino también valores intangibles, como bienes culturales o vínculos identitarios con el territorio de los pueblos que lo habitan.
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