“En abril, miles de aguas”. “Hasta el 40 de mayo no te quites la túnica. ‘Por los santos, nieve en las alturas'”. Durante siglos, generaciones enteras en España han aprendido a interpretar el tiempo a través de frases como estas. No son meros adornos de la lengua del país. Representan pequeños fragmentos de conocimiento popular construidos a partir de las observaciones de agricultores, pastores y comunidades que dependían directamente del clima para organizar su vida diaria.
Cada proverbio funciona también como un acto comunicativo cuyo significado depende no sólo de su significado literal, sino también del contexto, la situación en la que se utiliza y la intención de quien lo utiliza.
Hoy, sin embargo, muchas de estas expresiones evocan un sentimiento extraño. Todavía nos resultan familiares, pero cada vez parecen describir más la realidad que observamos cada vez más. El calor llega antes, las noches cálidas duran más, las nevadas son menos predecibles y los ritmos estacionales son menos reconocibles. No sólo hace más calor, sino que los patrones climáticos sobre los que se basa gran parte de esa sabiduría popular están cambiando. El último informe de síntesis del IPCC apunta precisamente en esa dirección, señalando cambios en diversos fenómenos climáticos, incluido un aumento de las temperaturas extremas y episodios de lluvias intensas. El proverbio sigue siendo el mismo; el clima, en cambio, deja de ser así.
Esta aparente contradicción plantea una pregunta poco investigada. El cambio climático no sólo está cambiando los ecosistemas, la disponibilidad de agua, los cultivos y la salud. También modifica las referencias culturales a través de las cuales las sociedades han interpretado históricamente la naturaleza.
El método de transmisión de información sobre el medio ambiente.
Antes de que existieran los observatorios meteorológicos, los modelos climáticos o las aplicaciones móviles, las comunidades humanas tenían que predecir el comportamiento del tiempo. Había que saber cuándo sembrar, cuándo cosechar, cuándo cuidar el ganado, cuándo esperar la lluvia o cuándo protegerse del frío.
Los proverbios eran una forma eficaz de almacenar y comunicar información sobre el medio ambiente, especialmente la relacionada con el clima. Su fuerza residía en dos características: resumían las regularidades observadas durante un largo período y las transformaban en fórmulas socialmente reconocibles, fácilmente recordadas y transmitidas entre generaciones.
Desde una perspectiva contemporánea, podríamos considerarlos una forma de conocimiento empírico colectivo. No pretendían describir exactamente lo que sucedería cada año, sino más bien indicar tendencias que eran lo suficientemente comunes como para ser útiles.
A lire aussi: Lo que no está en los libros, los proverbios nos lo enseñarán
En abril mil aguas
Cuando decía “mil lluvias en abril”, no se decía que todos los días de abril eran lluviosos. Se expresó una expectativa climática común de que abril debería ser en general un mes asociado con lluvias primaverales beneficiosas para el campo.
El problema es que los datos recientes muestran una realidad mucho más irregular. Abril de 2023 fue, según la Agencia Meteorológica Nacional (AEMET), el abril más cálido y seco desde que comenzó la serie en 1961, con sólo el 22% de las precipitaciones normales. Y abril de 2024 volvió a ser muy caluroso y muy seco, con precipitaciones que apenas alcanzaron la mitad de lo normal en la península. Por otro lado, abril de 2025 fue húmedo en toda la península española, aunque las lluvias se repartieron de forma muy desigual. En determinadas zonas del oeste peninsular, en Galicia, Aragón, Extremadura o Canarias, el mes fue húmedo o muy lluvioso, mientras que zonas del litoral mediterráneo, Baleares y el interior de Murcia registraron un abril seco o muy seco. Además, algunas de las precipitaciones más intensas se concentraron en determinados días. Así que el dicho no está envejeciendo sólo porque algunos abriles sean más secos, sino porque la lluvia está perdiendo su regularidad. Puede que falte en algunos territorios y se concentre más intensamente en otros momentos y lugares.
No te quites la túnica hasta el 40 de mayo
Algo parecido ocurre con el “no te quites el abrigo hasta el 40 de mayo”. El Centro Virtual Cervantes nos recuerda que este “cuadragésimo de mayo” equivale al 9 de junio y que el refrán recomienda abrigarse hasta estar seguro de que el frío ha pasado. El refrán presupone una primavera que podría presentar novedades hasta principios de junio. Sin embargo, el calor reciente muestra que las temperaturas del verano están apareciendo más temprano en el calendario. Mayo de 2022 fue excepcionalmente cálido, el más cálido del siglo XXI, y en junio del mismo año se produjo una de las primeras olas de calor de la serie.
Esto no significa que nunca más hará frío en mayo o principios de junio. Esto significa que la expectativa cultural que sustentaba el dicho pierde parte de su capacidad descriptiva.
Y también liras: Veranos interminables e inviernos que caen: ¿cómo definimos ahora las estaciones?
Proverbios como conocimiento popular.
Los proverbios forman parte de lo que solemos llamar saber popular. No provienen de laboratorios ni de discusiones científicas, sino de la experiencia práctica de comunidades que han convivido en un determinado territorio durante generaciones.
Desde la sociología del conocimiento, un proverbio puede entenderse como conocimiento situado. No nació en abstracto, sino en sociedades agrarias donde la vida cotidiana estaba mucho más expuesta al clima que hoy. Su autoridad no derivaba de una institución científica, sino de la repetición, la utilidad y el reconocimiento colectivo. Cuando hoy recurrimos a series temporales, registros instrumentales o modelos climáticos, muchas comunidades rurales han acumulado experiencia en forma de refranes útiles para la vida cotidiana.
Los proverbios muestran, por tanto, que el conocimiento no siempre circula en forma de teoría escrita. También puede transmitirse como una frase corta, un consejo, una advertencia o una frase. Esa forma de saber tiene su propia lógica. No busca exactitud, sino orientación; No describe el mundo tal como es, sino cómo se comporta.
Por eso los refranes no son sólo frases pintorescas. Son creaciones culturales. Organizan la experiencia, construyen sentido común y transmiten una determinada manera de mirar la naturaleza. Cuando se repiten generación tras generación, ciertas observaciones dejan de aparecer como opiniones separadas y se convierten en evidencia común.
Cuando el clima está cambiando más rápido que la sabiduría convencional
Los últimos datos no nos permiten afirmar que todo dicho haya dejado de ser válido en todos los lugares y en todos los años. Esa no sería una buena lectura científica. En cambio, muestran algo más sutil. Muchos proverbios se basan en leyes climáticas que están cambiando hoy en día.
El dicho no debe leerse como una superstición superada por la ciencia ni como una fuente precisa de predicciones. Su valor radica en mostrar cómo las sociedades han construido significado a partir de la observación del medio ambiente a largo plazo.
Entonces, cuando un proverbio climático envejece, no es sólo una frase la que pierde su utilidad. Se trastorna la forma heredada de interpretar el tiempo y organizar la experiencia cotidiana.
Los viejos refranes aún tienen valor como patrimonio lingüístico, memoria rural y testimonio de España, que organizó buena parte de su vida en los ritmos del campo. Pero hoy también pueden funcionar como indicadores culturales del cambio climático. Nos recuerdan que no sólo cambia el clima, sino también el conocimiento popular que ha dado significado a muchos proverbios durante siglos.
Quizás por eso, cada vez que escuchamos “no te quites la túnica hasta el 40 de mayo” en plena primavera de temperaturas estivales, no estamos ante una simple frase antigua. Nos encontramos ante una huella del clima anterior, conservada en la lengua.
Descubre más desde USA Today
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

