Aunque vivió entre 1483 y 1546, el burgalés Francisco de Vitoria es reconocido como uno de los precursores de la teoría de los derechos humanos y las relaciones internacionales. Aprovechando que en 2026 celebramos el quinto aniversario de la fundación de la Escuela de Salamanca, movimiento intelectual que él mismo inició gracias a su conferencia en la Universidad del Río Tormes, queremos recuperar la tesis central de su pensamiento: la ius comunicación o el derecho a la comunicación.
Este principio aparece por primera vez en su Relexia sobre los indios de 1539 y será clave para justificar la presencia española en América. Además, también resulta muy útil analizar casos actuales como el cierre del Estrecho de Ormuz, la legalización de inmigrantes aprobada en España o la política arancelaria del gobierno de Donald Trump.
El alcance global de la sociabilidad natural del ser humano
Estatua de Francisco de Vitoria en Salamanca. Luis Rogelio HM/Wikimedia Commons, CC BI-SA
Para nuestro autor, el hombre es una criatura que, debido a su frágil estado natural, llega al mundo en una posición desventajosa respecto a otros animales. Sin embargo, el hecho de que esté dotado de razón y lenguaje le confiere una dignidad superior a otras criaturas y una oportunidad única de superar estas deficiencias mediante la cooperación con sus pares.
De este modo, los individuos se agrupan en sociedades donde, intercambiando los frutos de su trabajo, pueden cubrir sus necesidades básicas y prestarse asistencia mutua. Esto va más allá de la mera satisfacción egoísta de las necesidades materiales: gracias a las palabras, la convivencia y el reconocimiento mutuo, se crea una amistad natural entre los habitantes de una misma república.
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Esta simpatía natural que los seres humanos sienten por sus semejantes, este respeto por la dignidad de sus iguales, no se agota dentro de las fronteras nacionales en las que viven. Nos agrupamos en repúblicas para hacer más práctica y eficiente la ayuda mutua, pero la amistad trasciende estas fronteras y se extiende por todo el mundo. Así lo señaló Vittorio en su Conferencia sobre la autoridad civil en 1528.
En este sentido, se puede afirmar que la humanidad es una y que el carácter global de nuestra especie condiciona las relaciones entre los individuos y entre las naciones.
La relación entre el iuscommunicais y los derechos naturales y humanos
La ley natural es lo que Dios usa para hacer que la naturaleza siga su voluntad. Determina que el sol salga todos los días o que los seres vivos nazcan, crezcan, se reproduzcan y mueran.
Así, Dios habla a cada criatura según su propia esencia, algo que, en el caso del ser humano, implica su racionalidad. Por tanto, aquellas personas que intentan pensar cuando actúan saben que deben buscar su propia conservación, pero no haciendo a los demás lo que no querrían que les hicieran a ellos.
Este último subraya una vez más la sociabilidad natural del hombre y muestra que esta ley natural es un claro antecesor de nuestros derechos humanos actuales. Para Vitoria, el derecho natural debe aplicarse en todos los países a través del derecho civil que ordena la convivencia entre los miembros de una misma sociedad.
Mientras que el derecho natural se aplica a todos los hombres y mujeres, el derecho de gentes regula las relaciones entre las naciones. Es decir, al no existir una sociedad de naciones, éstas deben coordinarse sin recurrir a ningún poder superior. Por tanto, las normas que, de conformidad con el derecho natural, pueden garantizar la convivencia pacífica entre las naciones, deben constituir derecho de gentes.
En este sentido, el ius Communicationis, el derecho a la libre comunicación, sería un derecho de las naciones porque garantiza efectivamente la asistencia mutua de toda la humanidad.
Sobre el derecho a la libre circulación de personas
La primera formulación del ius Communicationis permite la libre circulación de personas. En opinión de Vittoria, cualquier individuo puede moverse por el mundo siempre que no viole las leyes civiles de la sociedad de acogida.
Y no sólo eso. Las personas que los reciban están también obligadas a acoger a los viajeros y, en caso de causa justificada, acogerlos y protegerlos. Esto incluiría, por ejemplo, situaciones que conduzcan a solicitudes de asilo político o a la admisión de personas sin medios.
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Incluso si ninguno de los casos anteriores hubiera ocurrido, Vitoria asegura que cualquier persona que viva en la sociedad de acogida durante mucho tiempo -o sus descendientes- tendría derecho a la ciudadanía. Lo más interesante es que ningún gobernante podría impedir este libre movimiento de personas; Cualquiera que lo hiciera se convertiría en un tirano y podría ser sancionado por la comunidad internacional.
Así, el pensamiento de Vitoria choca con el trato que la administración Trump da a los inmigrantes en territorio estadounidense y, sobre todo, el comportamiento de ICE. También contrasta con quienes en España criminalizan a los inmigrantes, proponen excluirlos de la cobertura social y ayudan o se oponen a la aceptación de menores. En cambio, la regularización de quienes demuestren tener arraigo en otro país y haber contribuido al desarrollo económico correspondería a su propuesta.
Si la humanidad es una y todos tenemos la obligación de ayudar a nuestros semejantes, negar ayuda a nuestros vecinos sería contrario a la voluntad de Dios.
Sobre el derecho a la libre circulación de ideas y cosas
Pero no sólo garantizamos nuestra propia supervivencia y la del resto de la humanidad permitiendo que las personas se muevan entre naciones. A ello también contribuye el libre comercio de bienes e ideas.
Gracias al comercio, las sociedades tienen acceso a bienes desconocidos o raros en su territorio. Lo mismo se aplica al intercambio de conocimientos. Vitoria piensa esencialmente en la libre predicación del Evangelio en América por parte de los españoles, pero su tesis puede extenderse a otros casos. Incluso en esta situación, los gobiernos no pueden impedir que sus ciudadanos comercien con extranjeros o reciban ideas que deseen transmitirles de forma pacífica. Si hicieran eso, estarían yendo en contra de la ley natural y humana y otras naciones podrían verse obligadas a detener su actitud.
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Conectar la actualidad con lo destacado hace un momento no es complicado. Resuena en las prácticas aduaneras que obstaculizan el libre comercio entre Estados Unidos y el resto del mundo o en el cierre del Estrecho de Ormuz por parte de Trump e Irán. También en el control de Internet por parte de algunos países.
De hecho, algunos estudiosos creen que el iuscommunicais de Vittoria todavía podría ser útil para la regulación internacional del flujo de información en Internet o para la regulación legal de la futura colonización espacial.
Nada mal para alguien que creó estos pensamientos hace cinco siglos.

Este artículo fue creado como resultado de la colaboración con la Fundación Ignacio Larramendi, institución que desarrolla proyectos relacionados con el pensamiento, la ciencia y la cultura en América Latina con el objetivo de hacerlos accesibles al público en general.
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