¿Pueden los delfines también sufrir la enfermedad de Alzheimer?

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Pensamos que la enfermedad de Alzheimer se caracteriza por el deterioro de la memoria y la desorientación que afecta a las personas. Sin embargo, parte de su historia podría estar en otras especies, en el océano. Estudios recientes han identificado lesiones cerebrales en delfines comparables a las causadas por la enfermedad de Alzheimer en humanos.

Las ballenas son mamíferos marinos que se dividen en odontocetos y misticetos. Los primeros tienen dientes y utilizan la ecolocalización para navegar y cazar, como delfines, orcas y zifios. Estos últimos filtran plancton y pequeños organismos marinos a través de sus barbas, como las ballenas. Hasta ahora, los cambios neuropatológicos similares a los de la enfermedad de Alzheimer se han descrito principalmente en odontocetos.

Además de los modelos clásicos.

Durante décadas, la investigación sobre el Alzheimer se ha basado en ratones transgénicos. Estos animales sobreexpresan la proteína precursora de amiloide (APP) para formar beta-amiloide (Aβ), una de las lesiones características de la enfermedad. Aunque esenciales, estos modelos no reproducen toda la complejidad de las enfermedades humanas.

La enfermedad de Alzheimer combina dos lesiones, placas de beta-amiloide y ovillos neurofibrilares de proteína tau hiperfosforilada, a lo que se suma una importante pérdida neuronal y deterioro cognitivo. Ningún modelo animal natural reproduce plenamente esta combinación.

Por eso los hallazgos en delfines son sorprendentes. En sus cerebros se describieron acumulaciones de beta-amiloide en forma de placas dentro del parénquima cerebral y también en las paredes de los vasos sanguíneos; Esta última localización es compatible con angiopatía amiloide cerebral, entidad reconocida como causa de demencia en el anciano. Además, se encontraron cambios de tau que recuerdan a ovillos neurofibrilares y neuritas distróficas.

En algunos casos también se detectaron inclusiones asociadas a TDP-43, una proteína crítica para la salud neuronal cuyo mal funcionamiento provoca enfermedades neurodegenerativas en humanos. Además, el péptido beta-amiloide del delfín es idéntico al humano y el gen precursor de la proteína amiloide es muy similar.

Todo esto aumenta el interés por comparar los cerebros de los delfines y los humanos.

El precio de una larga vida

¿Cómo interpretar los hallazgos neuropatológicos observados en delfines y su aparente similitud con los descritos en humanos? La longevidad puede ser clave. Algunos odontocetos viven varias décadas y tienen una fase post-reproductiva larga, un rasgo raro entre los mamíferos comparable al nuestro. Según la “hipótesis de la abuela”, las mujeres mayores mejoran la supervivencia del grupo cuidando a las crías y transmitiendo conocimientos.

Longevidad no es sinónimo de envejecimiento saludable. De hecho, una vida más larga implica una mayor exposición acumulativa al estrés metabólico y ambiental. Además, una etapa post-reproductiva prolongada se asocia con una menor eficiencia de la señalización de la insulina, mecanismos que en humanos se asocian con un mayor riesgo de enfermedad de Alzheimer y cambios metabólicos.

Así, el mismo rasgo que favorece la longevidad puede aumentar la vulnerabilidad del cerebro.

Un océano contaminado

La edad no es el único factor. Los delfines se encuentran en la cima de la cadena alimentaria marina. Esto los convierte en grandes acumuladores de contaminantes. En su grasa se almacenan compuestos tóxicos permanentes y metales pesados. Estas sustancias aumentan su concentración en la cadena alimentaria. También pueden transmitirse de madre a hijo durante la lactancia.

A esto se suma la proliferación de algas nocivas, que son más comunes en los océanos afectados por el cambio climático. Algunos producen una neurotoxina llamada BMAA (beta-metilamino-L-alanina). Esta sustancia se ha relacionado con enfermedades neurodegenerativas en humanos.

Se detectaron altos niveles de BMAA y cambios neurodegenerativos similares a los humanos en los cerebros de delfines varados. La exposición crónica a contaminantes activa la inflamación y el estrés oxidativo, los cuales dañan las neuronas. Los delfines actúan en cierto modo como indicadores del estado del ecosistema: lo que sucede en sus cerebros refleja la salud del mar.

Sumérgete al límite

Algunas especies, como los zifios, realizan inmersiones extremas que superan los 3.000 metros de profundidad. Aunque están adaptados al buceo, estos comportamientos implican episodios repetidos de hipoxia o bajo suministro de oxígeno.

En los seres humanos, la hipoxia se asocia con cambios en el metabolismo amiloide. En los cetáceos se ha observado acumulación de beta-amiloide en los núcleos de las neuronas, fenómeno que podría estar relacionado con la respuesta al estrés hipóxico.

Si estos episodios se intensifican (por ejemplo, debido a perturbaciones como el ruido bajo el agua) pueden contribuir al daño neuronal acumulativo.

Similitudes sorprendentes

En algunos odontocetos se ha descrito la presencia de neuromelanina, un pigmento que se acumula en el cerebro con la edad, en dos zonas de este órgano: la sustancia negra y el locus ceruleum.

Sus características son similares a las observadas en humanos. En nuestra especie, este pigmento se encuentra en las neuronas de la sustancia negra (particularmente vulnerable en la enfermedad de Parkinson) y en el locus coeruleus (una de las regiones afectadas tempranamente en la enfermedad de Alzheimer).

También se han identificado en delfines otras modificaciones asociadas con la enfermedad de Alzheimer y la esclerosis lateral amiotrófica. Por ejemplo, inclusiones con alfa-sinucleína y ubiquitina, asociadas a cuerpos de Lewy, así como cambios compatibles con degeneración granulovacuolar y cambios en TDP-43.

Sin embargo, todavía sabemos poco sobre su impacto en el comportamiento. No está claro si estas lesiones afectan la orientación o la memoria, o afectan algunos giros. Estas son preguntas abiertas que requieren más investigación.

una salud

El estudio de la neurodegeneración de los cetáceos encaja perfectamente en el enfoque One Health y la perspectiva de la salud planetaria. Este marco reconoce que la salud humana, animal y ambiental forman un sistema interdependiente.

En la cima de la cadena alimentaria marina, los odontocetos acumulan y aumentan los contaminantes persistentes (metales pesados, bifenilos policlorados, pesticidas y toxinas de la proliferación de algas) que también circulan en nuestros ecosistemas. Finalmente, pueden incorporarse a la dieta humana.

En medicina ecológica, estos mamíferos marinos actúan como centinelas del océano. Su enfermedad refleja el impacto acumulativo de la contaminación, el cambio climático, la hipoxia y el ruido antropogénico. Si en este contexto se desarrollan lesiones similares a las de la enfermedad de Alzheimer en humanos, esto no es sólo un hallazgo biológico, sino también una advertencia común. El océano y nuestro medio ambiente forman un sistema interconectado, con factores de riesgo que compartimos.


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