La razón por la que dos cánceres con el mismo diagnóstico son en realidad muy diferentes

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Dos pacientes reciben el mismo diagnóstico: cáncer de colon. A primera vista, todo indica que están enfrentando la misma enfermedad y que, por tanto, tendrán tratamientos similares. Sin embargo, mientras uno responde satisfactoriamente a la terapia, el otro apenas se beneficia de ella. ¿Cómo es eso posible?

Durante mucho tiempo esta diferencia fue difícil de explicar. Si dos tumores se originaban en el mismo órgano y parecían similares bajo el microscopio, se los consideraba esencialmente la misma enfermedad. Pero la revolución genómica ha cambiado radicalmente esta visión: hoy sabemos que no hay dos cánceres iguales, aunque provengan del mismo órgano y del mismo tipo.

La razón es que cada cáncer sigue su propio camino evolutivo. Mucho antes del diagnóstico, la célula adquiere cambios genéticos que le otorgan una ventaja de crecimiento. A medida que se divide, su descendencia acumula nuevas mutaciones y otros cambios moleculares, creando diferentes grupos celulares.

Cuando un tumor se vuelve detectable, ya no se trata de una población homogénea, sino de una comunidad diversa de células con diferentes características biológicas.

Evolución y epigenética

Este es un proceso sorprendentemente similar a la evolución de las especies. Todas las células tumorales se originan a partir de la misma célula progenitora, pero cada división ofrece oportunidades para que surjan nuevas variaciones. Con el tiempo, algunos obtienen ventajas que les permiten expandirse más que otros. Así, la selección natural actúa de forma continua dentro del tumor y favorece a las poblaciones mejor adaptadas a su entorno.

Porque, como en todo ecosistema, el medio ambiente también es importante. Las células tumorales conviven con vasos sanguíneos, células inmunitarias, fibroblastos (células presentes en el tejido conectivo) y numerosas señales químicas. Este microambiente tiene una influencia decisiva en la evolución de la enfermedad.

A esto se suman los cambios epigenéticos. Sin cambiar la secuencia del ADN, ciertos mecanismos pueden activar o desactivar genes, haciendo que células con información genética similar se comporten de manera muy diferente. Algunos cambios pueden incluso permitir invadir otros tejidos y colonizar órganos distantes, proceso conocido como metástasis.

El tratamiento, una vez aplicado, actúa como una nueva presión selectiva. Las células más vulnerables desaparecen, mientras que las resistentes tienen más probabilidades de sobrevivir. Continúan multiplicándose, transmitiendo sus ventajas y acumulando nuevos cambios.

Por tanto, la diversidad previa al tratamiento puede conducir a resistencia terapéutica.

El cáncer no es una enfermedad estática

Durante mucho tiempo no pudimos observar esta complejidad. Sin embargo, las nuevas tecnologías permiten analizar miles de células de forma individual y estudiar diferentes regiones del tumor. Gracias a ellos podemos reconstruir con detalle su historia evolutiva, inimaginable hace apenas dos décadas.

Quizás por eso una de las lecciones más importantes de la oncología moderna es que el cáncer no es una enfermedad estática, sino un proceso evolutivo que cambia constantemente. Este conocimiento transforma la forma en que lo tratamos. Cada vez es más posible adaptar los tratamientos a las características específicas de cada tumor, un enfoque conocido como medicina de precisión.

Un ejemplo de esta tendencia son las pruebas moleculares. Pueden utilizarse, por ejemplo, en determinados casos de cáncer de mama para identificar pacientes que podrían beneficiarse especialmente del tratamiento con bifosfonatos y reducir el riesgo de metástasis óseas.

De manera similar, en el cáncer colorrectal, cambios como la inestabilidad de los microsatélites (una característica de algunos tumores que acumulan una gran cantidad de mutaciones debido a fallas en la reparación del ADN) nos permiten identificar a los pacientes con mayor probabilidad de responder a la inmunoterapia. Otro ejemplo son las terapias CAR-T, en las que las propias células inmunitarias del paciente se modifican en el laboratorio para reconocer y atacar células tumorales específicas.

Volvamos a la pregunta original. ¿Por qué dos pacientes con el mismo diagnóstico pueden reaccionar de manera tan diferente? La respuesta es que cada cáncer tiene su propia historia evolutiva. Incluso si dos tumores parecen similares, nunca siguen exactamente el mismo camino. Descifrar esa historia es uno de los grandes retos de la oncología actual y una de las claves para el desarrollo de tratamientos cada vez más eficaces.


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