Los niños tienen una curiosidad innata y durante el día se les hacen varias preguntas: ¿Por qué los peces no tienen pelo? ¿Por qué las flores se marchitan tan rápido? Su necesidad de comprender el mundo (y desarrollar sus habilidades e ideas lingüísticas) los convierte en conversadores incansables.
Si bien sus preguntas normalmente estarían dirigidas a padres o maestros, en los hogares modernos incluso los niños más pequeños ahora pueden hablar con una interfaz digital como Siri o Alexa. Estos sistemas de inteligencia artificial se están convirtiendo rápidamente en parte de la vida diaria de muchos niños, ya que les piden que pongan música, les ayuden con la tarea, respondan preguntas o simplemente les hablen.
Este tipo de interacciones ya no son extrañas, pero cabe preguntarnos qué pasa cuando se vuelven completamente rutinarias. ¿Cambian la forma en que los niños aprenden a comunicarse? ¿Cambian las palabras que usan? ¿Y suponen una amenaza para las capacidades cognitivas de los niños?
Aprendizaje de idiomas
Aprender a hablar nunca ha sido sólo una cuestión de aprender palabras. Los niños adquieren el lenguaje a través de relaciones interpersonales y construyendo conexiones emocionales con otras personas. Aprenden a turnarse, a interpretar el silencio y el contexto, y a reconocer cuando alguien está cansado, irritado o distraído. También descubren que las conversaciones no tienen por qué ser perfectas: siempre habrá interrupciones, malentendidos y explicaciones inexplicables.
Pero la IA no piensa como un humano. Piense en sus interacciones con ChatGPT o Gemini. Rara vez perdemos la paciencia al hablar con estos asistentes virtuales, en parte porque estas interacciones, por su propia naturaleza, están impulsadas por una lógica completamente diferente a la de la conversación humana. Estas herramientas están diseñadas para brindar respuestas rápidas y una paciencia infinita, y eso cambia la experiencia de comunicación.
IA y bondad
En muchos hogares cada vez es más habitual algo muy curioso: algunos niños (e incluso adultos) ajustan su habla para que los asistentes virtuales puedan entenderles mejor. Hablan con frases sencillas y dan instrucciones directas: “reproduce dibujos animados, abre YouTube, cuéntame un chiste”. Este tipo de discurso -conocido como lenguaje instrumental- tiene como objetivo obtener resultados inmediatos.
Este cambio no significa necesariamente que los niños se vuelvan más groseros o menos empáticos, pero puede afectar sus expectativas de conversación en general. Las interacciones humanas suelen ser lentas y ambiguas y requieren paciencia, atención y negociación. Los chatbots, por otro lado, están diseñados para brindar respuestas rápidas y fluidas o incluso crear una sensación de empatía virtual con el usuario.
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Todo lo cual nos lleva a una pregunta que puede parecer menor, pero que revela mucho: ¿Deberíamos enseñar a los niños a decir “por favor” y “gracias” a Alexa? Más allá de la cuestión superficial de si debemos ser amables con las máquinas, este debate nos obliga a pensar en los hábitos comunicativos que los niños desarrollan a través de la interacción diaria con la tecnología que siempre está escuchando. La pregunta más amplia para familias y educadores es: ¿qué idea de “conversación” construirán los niños en este contexto?
Además de estas dudas, no debemos perder de vista las posibilidades que representan estos sistemas. Muchos niños se sienten más libres para hacer preguntas cuando no tienen miedo a ser juzgados, y el chatbot repetirá la explicación tantas veces como sea necesario, ajustará el nivel de complejidad o los apoyará mientras aprenden nuevos idiomas o conceptos.
Estas herramientas brindan un espacio seguro para la prueba y el error, libre de las presiones sociales que a menudo acompañan a la conversación humana. Este no es sólo el caso de los niños. Muchos de nosotros recurrimos ahora a la inteligencia artificial para hacernos preguntas sencillas, desde “Alexa, ¿cómo recupero mi contraseña?” a preguntas más incómodas que preferiríamos no decir en voz alta.
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Responder no es entender.
Los sistemas de inteligencia artificial actuales proporcionan respuestas extremadamente convincentes, pero no entienden el mundo como lo hacen los humanos. No tienen experiencias, emociones ni intenciones, incluso si hablan como lo hacen. Al igual que muchos adultos, los niños pequeños tienden a atribuir cualidades humanas a las cosas con las que interactúan. Si algo puede hablar, es fácil suponer que también tiene comprensión o conocimiento.
Sin embargo, gran parte de la información en la conversación humana no se expresa. Un adulto puede saber cuándo la pregunta de un niño es producto de la curiosidad, el miedo o una simple necesidad de atención. Esta dimensión pragmática (que consiste en gestos, tonos, miradas y sentimientos) es crucial para el desarrollo de los niños. Es difícil de replicar en una máquina, que sólo puede ofrecer una respuesta sin captar ninguno de estos matices.
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Las personas no son maquinas
Cuando los niños crecen rodeados de un cierto tipo de intercambio lingüístico (que consiste en respuestas rápidas y respeto por cada petición), esto acaba moldeando hábitos, expectativas y formas de interactuar. Esto puede llevar a que los niños siempre esperen respuestas claras, rápidas y sin esfuerzo, como si cada conversación fuera algo que debiera resolverse en el acto.
Por lo tanto, los adultos que viven con niños pequeños tienen un papel fundamental que desempeñar. Son ellos quienes median en el uso cotidiano de estas herramientas tanto en casa como en la escuela, quienes entienden sus limitaciones y son capaces de integrar estas conversaciones en el aprendizaje general.
Que un niño le pida a Alexa que responda sus preguntas o le cuente un chiste no es en sí mismo perjudicial para el desarrollo de su lenguaje. Pero deberíamos tener estas conversaciones para que comprendan que se trata de una máquina que les responde, no de una persona.
Necesitamos mostrar a los niños qué nos diferencia de las máquinas, cómo debemos comunicarnos con ellas y en qué situaciones está bien utilizarlas. Deberíamos acompañarles en estas interacciones diarias, comentándolas y ayudándoles a comprender las limitaciones de la inteligencia artificial.
La IA puede ser útil como apoyo, pero en ningún caso debe sustituir la conversación humana. A pesar del rápido desarrollo de la tecnología, la interacción humana sigue siendo el centro de nuestra existencia en el mundo.
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