El BCE sube los tipos hasta el 2,25% para luchar contra la inflación sin sofocar el crecimiento

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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La reciente decisión del Banco Central Europeo (BCE) de aumentar las tasas de interés del 2 al 2,25 por ciento ha reabierto un debate recurrente en política económica: hasta qué punto es efectiva la política monetaria cuando la inflación no proviene de un exceso de demanda, sino de un shock de oferta.

En este caso, el cierre del Estrecho de Ormuz estranguló el suministro de petróleo y sus derivados, modificando sus precios y creando incertidumbre en los mercados globales. Y, aunque Estados Unidos e Irán acaban de llegar a un acuerdo de firma de paz que nos permite considerar regular el paso por el estrecho, llevará tiempo regular la extracción, producción y distribución de productos de hidrocarburos de los países del Golfo Pérsico.

Estamos ante un ‘shock’ de oferta

El BCE tiene un mandato claro de estabilidad de precios, y una inflación persistente por encima del objetivo del 2% podría amenazar su credibilidad. Cuando la fuente del problema es un aumento de la energía u otras materias primas, aumentar las tarifas no corrige la causa, pero puede limitar su propagación a la economía en su conjunto.

El riesgo es que una política monetaria demasiado restrictiva reduzca la inflación a costa de una desaceleración económica más intensa de lo necesario.

Y la lira también: los efectos de las decisiones del banco central en la economía personal: ¿por qué importan los tipos de interés?

La lógica de la medida es conocida: el aumento de tipos encarece los préstamos, reduce el consumo y las inversiones y, por tanto, reduce la demanda agregada. Una menor demanda significa menos capacidad para que las empresas trasladen los aumentos de costos a los precios finales, lo que ayuda a frenar la inflación.

Este instrumento está diseñado principalmente para combatir la inflación de la demanda. Cuando el desencadenante es un shock energético o una interrupción en las cadenas de suministro, aumentar las tasas no elimina la causa del shock, pero puede reducir la intensidad y duración de sus efectos sobre los precios.

Los defensores del aumento de las tasas de interés argumentan que el BCE no puede permanecer pasivo ante el aumento de la inflación. La historia económica muestra que las autoridades monetarias que reaccionan tardíamente corren el riesgo de permitir que un shock temporal se convierta en inflación permanente.

El principal peligro no es el aumento inicial de los precios de la energía, sino los llamados efectos de segunda vuelta: los trabajadores exigen salarios más altos para compensar la pérdida de poder adquisitivo y las empresas ajustan los precios para proteger los márgenes. Una vez que comience ese proceso, la inflación puede volverse más difícil de controlar.

Baja tus expectativas

La subida de tipos no es sólo una respuesta al shock de costes, sino también a la necesidad de evitar que los hogares y las empresas incorporen altas tasas de inflación a sus expectativas. Y aquí viene el elemento clave: las expectativas.

Los mercados financieros reaccionan no sólo a las tasas actuales, sino también a las tasas futuras esperadas. El valor del euro frente al dólar depende menos del nivel actual de los tipos que de su trayectoria futura. Una subida de tipos puede incluso debilitar la moneda si los inversores la consideran insuficiente en comparación con las expectativas.

Por otro lado, un movimiento más agresivo de lo esperado puede fortalecerlo. Por lo tanto, incluso si el BCE no aumenta el suministro físico de energía, el fortalecimiento del euro puede reducir parcialmente el precio en euros de los bienes importados, aunque su impacto ciertamente será limitado.

En la práctica, la política monetaria contemporánea es a la vez gestión de expectativas y gestión de tipos. Las conferencias de prensa, los mensajes de los bancos centrales y otras orientaciones pueden tener tanto impacto como la propia decisión sobre las tasas. Sin embargo, reconocer el papel de las expectativas no elimina el dilema básico.

efecto silencio

En caso de un shock de oferta, existen otras herramientas que pueden complementar parcialmente la política monetaria. Por ejemplo, políticas energéticas como la diversificación de proveedores, el aumento de las reservas estratégicas o la aceleración de la inversión en infraestructura pueden abordar la raíz del problema. La asistencia dirigida a hogares vulnerables también puede mitigar el impacto social sin sobreestimular la demanda.

Otra opción son los pactos de rentas, que buscan repartir el coste del shock entre trabajadores, empresas y administraciones públicas, evitando espirales de salarios y precios. Aunque políticamente complejas, pueden ser más efectivas que depender únicamente de las tasas de interés.

De manera similar, las reformas que aumentan la capacidad productiva (más competencia, menos fricciones regulatorias, inversión en infraestructura) ayudan a reducir los cuellos de botella y mejorar la resiliencia ante futuros shocks de oferta.

El problema es que estas medidas suelen ser lentas. La política monetaria, por otra parte, puede implementarse rápidamente y ya cuenta con mecanismos institucionales establecidos.

Menor poder adquisitivo

No existe un debate real entre quienes quieren luchar contra la inflación y quienes priorizan el crecimiento. La cuestión es cómo gestionar el shock externo que inevitablemente reduce el poder adquisitivo real de la economía.

Cuando el precio de la energía sube, ese coste tiene que ser absorbido por alguien: los consumidores, las empresas o el sector público. Ninguna política puede eliminar esa realidad.

Además: con la inflación, muchos pierden mucho (y algunos ganan)

En este contexto, las acciones del BCE pueden interpretarse como un intento de preservar su credibilidad antiinflacionaria y evitar que un shock temporal se convierta en inflación permanente.

Pero también significa aceptar el riesgo de un enfriamiento de una economía europea ya débil. Cuando la inflación surge de una escasez real y no de un exceso de consumo, los bancos centrales pueden contener sus consecuencias, pero es difícil eliminar su causa.


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