Cuando pensamos en el Mediterráneo, imaginamos playas, acantilados o pueblos costeros. Pero una parte esencial de este paisaje se encuentra bajo el agua: las praderas de Posidonia oceánica. Aunque suele confundirse con las algas, la posidonia es una planta marina. Y él vive sólo en este mar.
Sus pastizales brindan refugio a peces e invertebrados, estabilizan los sedimentos, ayudan a mantener el agua limpia, protegen las costas de la erosión y almacenan carbono durante largos períodos. Son, en definitiva, la infraestructura natural clave de nuestras costas.
Pero la posidonia está en declive. Además de los impactos locales, como fondeos, contaminación, dragados, obras costeras o aumento de la turbiedad, existe una presión cada vez más importante: el calentamiento del mar.
Calor que no mata de repente
Cuando hablamos del impacto del calor en los ecosistemas marinos solemos pensar en olas de calor extremas: la temperatura sube mucho durante unos días y los organismos no pueden resistirla. Pero esta visión es incompleta.
En ocasiones los daños no se producen por un episodio extremo concreto, sino por una exposición prolongada a temperaturas moderadamente altas. Un verano ligeramente más cálido, seguido de otro verano caluroso, y luego otro, puede crear una carga de estrés que se acumula lentamente. No mata de inmediato, pero debilita.
Algo parecido puede pasar con la posidonia. La pradera no necesariamente desaparece de la noche a la mañana. Puede empezar a perder densidad, abriendo brechas, reduciendo su cobertura y fragmentándose en partes cada vez más aisladas. Es un deterioro silencioso pero importante.
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Medir el estrés acumulado
En nuestro estudio queríamos medir con precisión el estrés causado por el calor acumulado. Para ello, desarrollamos un nuevo indicador llamado Grados Días de Estrés, que podríamos traducir como “grados día de estrés”. La idea es sencilla: en lugar de centrarnos únicamente en el estrés térmico máximo que una planta puede soportar, añadimos el estrés térmico que experimenta día a día.
Este indicador se basa en experimentos anteriores en los que se observó cómo reacciona la posidonia a diferentes temperaturas. Luego combinamos esa información con datos de temperatura del mar y mapas de pastizales obtenidos mediante imágenes satelitales e inteligencia artificial. Así, pudimos comparar, a nivel mediterráneo, dónde se acumula el mayor estrés térmico y cómo son los pastizales en esas zonas.
Estrés por calor acumulado actual en el Mediterráneo: las áreas verdes representan un estrés por calor estimado más bajo para Posidonia oceanica, mientras que las áreas en naranja y rojo indican una mayor acumulación de calor potencialmente dañina para los pastizales. Alex Jiménez Romero, CC BI
El principal resultado es claro: las zonas con mayor estrés térmico acumulado tienden a tener pastizales con menor cobertura y mayor fragmentación. Es decir, donde el calor se acumula más, la posidonia parece, en promedio, más dañada estructuralmente.
Una relación que hay que interpretar con cautela
Esta relación debe interpretarse con cautela. En el mar actúan simultáneamente muchos factores. Una pradera puede verse afectada por amarres, contaminación, turbidez, influencias históricas o cambios locales en la dinámica del agua. Por lo tanto, seleccionamos áreas relativamente no perturbadas y tratamos los resultados como un vínculo entre el estrés térmico y la estructura de los pastizales en lugar de una prueba definitiva de causa y efecto en cada ubicación.
También comparamos nuestras estimaciones con observaciones de campo independientes. Estos datos no cubren por igual todo el Mediterráneo y muchas zonas están mucho mejor estudiadas que otras. Sin embargo, muestran tendencias compatibles con nuestros resultados.
¿Por qué importa si el césped está fragmentado?
La fragmentación es importante porque un césped continuo no funciona igual que un césped dividido en pequeñas secciones. Los pastizales densos retienen mejor los sedimentos, amortiguan las olas, ofrecen más refugio a otras especies y mantienen una mayor continuidad biológica. Cuando aparecen brechas y parches quedan aislados, el ecosistema puede volverse más vulnerable.
El Mediterráneo no se está calentando de manera uniforme. Algunas zonas acumulan mucho más estrés que otras. En general, las regiones del sur y del este parecen ser áreas más expuestas, mientras que algunas áreas del norte y del oeste pueden actuar como relativos refugios.
Esto no significa que sean seguros: los refugios dependen de complejos procesos oceanográficos, como las corrientes, la mezcla vertical del agua, los vientos y la estratificación. Si estos procesos cambian, también puede hacerlo la protección térmica que ofrecen.
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Mirar adelante
Nuestros resultados basados en proyecciones climáticas confirman este mensaje. En escenarios con mayores emisiones, el estrés térmico acumulado aumenta a nivel mundial y se extiende a regiones que hoy tienen valores más moderados. Esto está asociado a potenciales pérdidas de cobertura y a una mayor fragmentación estructural.

Estrés térmico proyectado para finales de siglo. Según el escenario climático moderado (RCP4.5), el estrés térmico acumulado aumenta y se extiende hacia las regiones mediterráneas que actualmente presentan valores más bajos. Alex Jiménez Romero, CC BI
No son predicciones precisas del futuro de cada pradera, sino escenarios basados en la relación actual entre el estrés térmico y la estructura de la posidonia. Pero sí ayudan a identificar áreas donde el riesgo podría aumentar y donde el seguimiento y la gestión deberían ser una prioridad.
La protección de la posidonia requiere la reducción de los impactos directos: control de los fondeaderos, evitación de daños físicos, mejora de la calidad del agua y limitación de las presiones costeras. Si bien todo esto sigue siendo esencial, el calentamiento añade una nueva dificultad: incluso los pastos que relativamente no se ven afectados por influencias locales pueden acumular estrés por calor.
Una amenaza silenciosa
La crisis climática marina no siempre se manifiesta como un desastre repentino. A veces progresa como una presión acumulativa lenta que es difícil de ver desde la superficie.
La posidonia recuerda que no basta con contar las olas de calor. También importa cuánto tiempo está caliente el mar, cuántos días se acumula el estrés y cuánta resiliencia pierde el ecosistema en el camino. ¿Podremos evitar un mayor sufrimiento a los pulmones marinos del Mediterráneo?
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