Escritores hispanoamericanos que reescribieron el mito de Eva

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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El mito bíblico de Adán y Eva, uno de los relatos más influyentes y fructíferos de la cultura occidental, ha jugado un papel decisivo en la configuración de la imagen de la mujer durante siglos. La asociación de la mujer con el pecado, la seducción y la culpa proviene de Eva. Ante ello, numerosos escritores contemporáneos, de distintas nacionalidades y generaciones, reescribieron y reinterpretaron el mito con el objetivo de exculpar a Eva de la culpa y honrar su carácter.

A lo largo del siglo XX y las primeras décadas del XXI, diversos escritores latinoamericanos le dieron voz, poniéndose en su lugar para constatar que su historia no es -o no exactamente- como se cuenta. En lugar de rechazar el mito, estos autores lo revisitan y lo socavan para cuestionar los modelos heredados de mujer y reivindicar una imagen más compleja, diversa y emancipada de la mujer.

¿Y si Adán y Eva no hubieran mordido el fruto prohibido?

Una de las reinterpretaciones más llamativas aparece en El mundo perdido (1948), de la escritora mexicana Magdalena Mondragón. En esta obra, Eva no es ni ingenua ni pervertida: es valiente, inteligente y vivaz.

El Paraíso según Hans Thom. Galería Estatal de Arte de Karlsruhe

Frente a ella aparece un Adán autoritario y arrogante, pero también tímido e incapaz de cuestionar las órdenes divinas. Mientras él teme el cambio y defiende la obediencia, Eva justifica la experiencia humana, incluso con todo lo que conlleva: dolor, incertidumbre y mortalidad. Adán termina destruyendo el fruto que Eva quiere comer.

Sin embargo, después de dos mil años de felicidad inmutable en un paraíso donde todo es eternamente igual, finalmente admite su aburrimiento e insatisfacción. El Paraíso se revela entonces como un lugar que no está en armonía con la condición humana. La obra trastoca así la interpretación tradicional del Génesis. Comer el fruto prohibido ya no representa decadencia moral, sino el comienzo de la verdadera vida humana. Al final, incluso Adán reconoce su error: no se atrevió a morder la manzana.

El regreso de la inocencia perdida

En La mujer desnuda (1950), de la uruguaya Armonia Sommers, la reescritura del mito adquiere una forma más simbólica e inquietante. En su trigésimo cumpleaños, la protagonista, Rebecca Linke, rompe con la mujer que era hasta entonces. Emancipada de prejuicios y convenciones socioculturales, se embarca desnuda y descalza en un viaje simbólico de liberación, conocimiento y búsqueda de su identidad.

Rebeca se reafirma como la nueva Eva: pura, inocente, libre y profundamente conectada con la naturaleza. Ella reclama el poder de nombrarse a sí misma y la propiedad de su cuerpo y su sexualidad, rompiendo los lazos que atan a las mujeres al pecado original, la culpa y la subordinación. Se aleja así de la interpretación dominante de Eva para volver a la idea ajena del pecado que tiene Eva. La desnudez ya no es un símbolo de vergüenza y culpa, ahora es una forma de libertad.

La novela también muestra cómo una sociedad profundamente represiva reacciona con miedo y violencia ante una mujer que cuestiona y transgrede sus principios socioculturales, sexuales y religiosos.

Eva comienza la historia.

La escritora mexicana Rosario Castellanos utilizó el humor y la ironía para romper con los estereotipos femeninos en Eterna feminidad (1975).

Una foto de una mujer desnuda a punto de comer una fruta y un hombre detrás de ella mirándola.

Hombre, Mujer y Serpiente, Biam Shav. Wikimedia Commons

En esta farsa teatral, Eva aparece como una mujer inteligente, sarcástica y rebelde que cuestiona tanto a Adán como a Dios. El paraíso deja de ser un lugar ideal y se convierte en un espacio pacífico, donde nada cambia, nada sucede y nada progresa. Por lo tanto, cuando Eva decide comer el fruto prohibido, lo hace a sabiendas.

Su gesto representa el inicio de la Historia, del conocimiento y del progreso humano. La expulsión del Paraíso ya no se interpreta como una tragedia, sino como una conquista: el comienzo de una existencia plenamente humana. La última frase de Eva resume perfectamente esta nueva interpretación del mito: “La historia no ha hecho más que empezar.

La misión de Eva

La escritora nicaragüense Gioconda Belli también reinterpreta el relato bíblico en El infinito en la palma (2008). Beli reexamina el significado de la transgresión y libera a Eva del peso de la culpa con el que la ha identificado la tradición patriarcal.

En la novela, Eva –vitalista, inquieta, curiosa y valiente, comparada con el complaciente y temeroso Adán– toma el fruto convencida de que está llamada a ello. Una visión le reveló que este gesto daría inicio a la historia humana y permitiría la existencia de generaciones futuras. Cree que actúa libremente y de acuerdo con la voluntad divina; Sin embargo, tras ser expulsada, se dará cuenta de que eso era un hecho inevitable, parte del diseño que la trasciende. Eva se convierte así en cocreadora de la especie.

El acto es entonces remarcado como el comienzo de la experiencia humana plena: amor, deseo, sufrimiento, conciencia del tiempo y mortalidad. La novela transforma el mito bíblico en una meditación sobre el libre albedrío, la responsabilidad y el valor de convertirse verdaderamente en seres humanos.

Una foto de un hombre y una mujer con dos niños en el bosque.

Adán y Eva y la Primera Familia, Frans Floris de Vrijent. Museo Real de Bellas Artes de Amberes Desmintiendo lo que dijo Adam

La versión más radical puede ser la de la mexicana Carmen Bulos en El libro de Eva (2021). La novela se basa en una idea provocativa: la historia bíblica tal como la conocemos no sería más que una invención construida por Adán y perpetuada por los humanos.

Eva de Bulosa, tras años de sufrimiento y silencio, finalmente decide escribir su propia versión de la historia para desmentir todo lo que se ha dicho sobre ella, menospreciándola y culpándola. Ella no fue creada de la costilla de Adán ni trajo el mal al mundo al comer del fruto. Al contrario: el mordisco fue lo que convirtió a Adán y Eva en verdaderos seres humanos y lo que los llevó al verdadero paraíso, la Tierra.

El verdadero problema, sugiere la novela, fueron las narrativas construidas por los hombres para justificar la subordinación de las mujeres y legitimar la violencia contra ellas. Porque las palabras, afirma, “no son sólo un nombre, también lo son”. Entonces Eva se da cuenta de que nunca debería haber permanecido en silencio. Mientras ella permanecía en silencio, otros construyeron y falsificaron la historia de las mujeres.

Reescribir los mitos

Reescribir a Eva es cuestionar la tradición cultural. Las Nuevas Evas creadas por estos autores ya no son figuras pasivas ni pecaminosas. Son mujeres curiosas, libres y conscientes; mujeres que quieren conocer, elegir y contar su propia versión de la historia.

Estas obras también muestran que los mitos no son historias inmutables ni tienen un significado único y definitivo. Su significado cambia con el tiempo, las sociedades y las perspectivas que los cuentan.

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