La inteligencia artificial ha entrado silenciosamente en la gestión empresarial. A principios de 2023, se implementó ChatGPT y los trabajadores lo utilizaban para realizar consultas sencillas. Tres años después, su uso se ha normalizado y las empresas han adoptado múltiples herramientas de IA que, entre otras posibles funciones, elaboran informes, resumen documentos y analizan potentes bases de datos a gran velocidad.
El éxito se debe al buen desempeño, la mejora de la productividad y la reducción de las horas de trabajo, lo que significa reducción de costos. Pero, ¿hasta qué punto es una buena idea delegar tareas de IA que antes dependían de la experiencia humana y el juicio profesional? Además, ¿hasta qué punto están sujetas a escrutinio las respuestas que usted ofrece? Y finalmente, ¿en qué momento dejamos de hacerlo?
En el campo de la física
Según el diccionario de la Real Academia Española, la palabra inercia proviene del latín inercia (“indolencia”, “inactividad”) y significa:
F. Física. Propiedad de los cuerpos de mantener su estado de reposo o movimiento si no es por la fuerza.
Con el uso de la inteligencia artificial ocurre algo parecido a la inercia: de implementarse para unas tareas específicas, ha pasado a formar parte de la rutina laboral.
La pregunta es si ocurre lo mismo cuando intervienes en tareas que van más allá de la rutina y requieren análisis, experiencia y capacidad de decisión. Por ejemplo, preparar cuentas anuales, realizar una evaluación técnica o planificación presupuestaria.
juicio humano
Por tanto, no basta con que la herramienta produzca una respuesta rápida. Algunas tareas requieren revisión y juicio humano: preparar estados financieros, evaluar el talento de los candidatos o asignar presupuestos no son simples ejercicios mecánicos. Requieren comprender el contexto, aprovechar la experiencia adquirida y un comportamiento responsable.
Los investigadores llaman descarga cognitiva a la tendencia a delegar parte de nuestro esfuerzo mental en herramientas externas. No es algo nuevo. Las calculadoras han sustituido muchos cálculos mentales y el GPS ha reducido la necesidad de orientarnos.
La cuestión es que, con la IA, podemos sentirnos tentados a delegar decisiones estratégicas y de alto impacto y comenzar a confiar tanto en ella que dejemos de cuestionar sus respuestas. Este fenómeno se conoce como sesgo de automatización: cuanto más útil parece una herramienta, más fácil es asumir que es correcta.
Ahora mismo vale la pena detenerse a pensar.
Todo para una productividad instantánea
Llegados a este punto, hablemos de las personas que se encargan de dirigir la empresa. ¿Es razonable que un jefe le pida a un empleado que utilice inteligencia artificial para realizar tareas complejas porque le llevará menos tiempo? ¿Y además pedirlo sin conocer en detalle la complejidad de tu trabajo? Lo que parece una tarea sencilla desde fuera puede ser una parte crucial de muchos otros procesos que funcionan correctamente.
¿Es maduro pensar que el trabajo redundante desaparecerá si el empleado utiliza la IA? ¿Dónde estaremos si la IA se utiliza como excusa para no contratar personal de soporte? Esta forma de actuar abre cuestiones éticas y organizativas.
¿Los jefes que fomentan el uso de la inteligencia artificial sobre aspectos tan importantes del desempeño laboral como la experiencia, el juicio profesional, las habilidades analíticas o el conocimiento acumulado realmente pretenden motivar a sus empleados?
El valor de un profesional no está sólo en realizar las tareas. Interpretar el contexto, anticipar problemas o tomar decisiones complejas son aportaciones difíciles de medir con una hoja de cálculo.
Además: si el jefe sólo busca resultados, ¿podría la inteligencia artificial sustituirlo?
Cuestión crítica: gestión del conocimiento
Las organizaciones aprenden porque las personas generan ideas, las comparten y las aplican para resolver problemas. Es decir, en las empresas el conocimiento circula a través de las personas y nace de la experiencia, la intuición, el ensayo y error.
¿La IA está ayudando a las organizaciones a aprender mejor o está reemplazando parte de la reflexión necesaria para el aprendizaje? Si bien es cierto que la inteligencia artificial puede ser una aliada en la optimización de procesos, cuando reemplaza el pensamiento, el debate o la revisión crítica genera riesgos.
La organización trabajará más rápido, pero a cambio puede dejar de aprender. Y una organización que deja de aprender pierde experiencia, conocimiento y capacidad para tomar buenas decisiones.
De la eficiencia a la descalificación
Deckkilling es la pérdida progresiva de habilidades cuando se permite que ciertas funciones dependan demasiado de sistemas automatizados. La tendencia al uso dependiente de la inteligencia artificial podría, a largo plazo, ser perjudicial para las personas y sus organizaciones debido al deterioro de habilidades como el juicio profesional, el pensamiento crítico o la capacidad de argumentación.
Por tanto, un liderazgo responsable debe respetar los tiempos de reflexión, reflexión, debate y aprendizaje. Antes de darle demasiado espacio a la IA, conviene proteger el recurso intangible más valioso de cualquier organización: el conocimiento.
Volviendo a la definición de inercia, el diccionario presenta otra acepción:
F. Rutina, deseo.
Pereza, que también significa descuido, falta de cuidado. ¿Podría llegar un momento en el que la inercia conduzca a un uso descuidado de la IA?
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