El Parque Nacional Donjana es hoy un emblema de biodiversidad y conservación. Pero esto último no siempre fue así. Para conocer los inicios de la protección de este enclave andaluz tenemos que remontarnos a los años 60.
La protección de Donjana como santuario de vida silvestre y valores culturales comenzó en 1964, cuando el biólogo y naturalista José Antonio Valverde recibió fondos para comprar una porción importante de terreno en el centro de la reserva, en ese momento completamente en manos privadas. Se trataba de zonas bajas con matorrales, pinos y alcornoques, varias lagunas y una estrecha franja de pantano perteneciente a la sociedad cazadora.
La compra se realizó originalmente con la participación mayoritaria de uno de los primeros crowdfunding de la historia para una causa medioambiental. Fue organizado por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), que nació precisamente para recaudar dinero para la conservación de lugares de interés natural.
El VVF donó 25,7 millones de pesetas para la compra de terrenos. El CSIC sumó otros 18 millones. La propiedad adquirida tenía 6.794 hectáreas e incluía un tercio del Palacio Donjana. Pasó a llamarse La Reserva, proclamándose desde su nacimiento como una reserva natural dedicada a la preservación y estudio de la biodiversidad.
Personalidades que visitaron y apoyaron a Donjana.
Hay que aclarar, sin embargo, que la compra de Donjana ya lleva algún tiempo en marcha. Mauricio González, hijo de uno de los propietarios y aficionado a la observación de aves, invitó a varias expediciones británicas sucesivas desde la década de 1950, a las que se unió Valverde como naturalista local. Estas visitas de expertos revelaron la enorme diversidad de la reserva, especialmente en lo que respecta a aves.
Todos los miembros de la expedición eran celebridades de talla mundial. Entre ellos se encontraba el mariscal de campo Alan Brooke, mano derecha de V. Churchill y jefe del Estado Mayor británico durante la Segunda Guerra Mundial (apasionado de la ornitología, se dice que prohibió los bombardeos en una isla para proteger una colonia de charranes rosados); Sir Peter Scott, hijo de un desafortunado explorador antártico y héroe británico por derecho propio; Roger Peterson y Guy Mountfort, autores de la guía más famosa de aves europeas y Julian Huxley, el primer Director General de la UNESCO.
Componentes de la expedición británica a Doñana en 1957. Fila de atrás, de izquierda a derecha: George Shannon, Tono Valverde, James Ferguson-Lees, Mauricio González, Tony Miller y Phil Hollom. Primera fila, de izquierda a derecha: Max Nicholson, Guy Mountfort, Lady Huxley, Lord Allanbrook, Lady Allanbrook, Sir Julian Huxley y Eric Hosking. Eric Hosking/Archivo EBD-CSIC
Valverde se subió a hombros de gigantes, entre los que se encuentra, sobre todo, el magnate y filántropo suizo Luc Hoffmann, de la familia propietaria de la gran empresa de biotecnología Roche. Hoffman donó 8 millones de pesetas y así Valverde recibió apoyo dentro y fuera de España para, primero, comprar parte del tesoro y velar por su conservación; y, en segundo lugar, crear una estación biológica, para que la conservación se base en evidencia científica.
El entorno natural amenazado durante la dictadura
No debemos olvidar que España estaba bajo un régimen dictatorial. Valverde tuvo que escribir para convencer al propio general Franco de que es mucho más rentable mantener la reserva tal como está que convertirla en un monocultivo de eucaliptos para alimentar la papelera de San Juan del Puerto (Huelva) y guayules para obtener caucho, como pretendían algunos tecnócratas de la época.
Por otro lado, los pantanos de la margen izquierda del Guadalquivir fueron arrasados y reconvertidos en regadío. Y los colonos acudieron en oleadas a los recién construidos pueblos de colonización agrícola que aprovecharían las aguas del reciente cauce del Bajo Guadalquivir.
Cuando se colonizó la margen izquierda, con decenas de miles de hectáreas transformadas, Valverde temió que los ingenieros y excavadores continuaran por la margen derecha, lo que de hecho minó gran parte, salvo lo que logró conservar para el Parque Nacional de Doñana en 1969.
Y la lira también: a los humedales de Donjana podrían quedarle 60 años de vida
“Operación Rescate”
Una vez asegurada la reserva, Valverde inició la segunda fase de la “operación” de rescate, como la llamó con cierta resonancia beligerante el ornitólogo y naturalista británico Peter Scott. Había que crear un centro de investigación científica. Y lo que a principios de los años 60 se llamaba Estación Biológica del Guadalquivir pasó a llamarse Estación Biológica de Donjana.
La afición internacional de Valverde quería una estación y un laboratorio en pleno centro de Doñana. Esto es lo que hizo Luc Hoffmann anteriormente en la Camarga francesa. Su estación biológica Tour du Valat fue creada en 1954 en una propiedad de 2.800 hectáreas, situada en el centro del humedal más grande de Francia. Hoffmann comprendió la interconexión de los humedales de aves migratorias, compró una granja en 1948 y quiso exportar ese modelo a otras zonas del Mediterráneo.
En 1972, el arquitecto jerezano Olegario del Junco diseñó el esbelto laboratorio y observatorio que hoy existe en el centro, cubierto con castañuelas, en estilo Marisma. El laboratorio recibió el nombre de Louis Bolin en honor al principal donante para su construcción. Bolin fue un acérrimo conservacionista de los humedales y dejó en herencia 2,5 millones de pesetas, que su viuda Cecilia Parker cedió al CSIC. La Ley de Memoria Histórica supuso un cambio en el nombre del laboratorio, que durante un tiempo pasó a llamarse Castañuela, por la planta que lo recubre.

El laboratorio anteriormente conocido como Luis Bolena. Archivo EBD-CSIC La primera sede de la estación biológica Donjana
Portada de las memorias de José Antonio Valverde. Editorial Quercus
Valverde ignoró a sus amigos y patrocinadores. Creía, y así consta en el volumen IV de sus memorias, que el centro de investigación situado en el centro de Donjana quedaría aislado del mundo. Tras un intento fallido en Alcalá de Guadaira (provincia de Sevilla), decidió alquilar una casa en el barrio sevillano de Heliópolis y allí, en la calle Paraguay, se ubicó la primera sede de la naciente Estación Biológica de Doñana.
A pesar de su carácter completamente urbano, tenía algo así como un zoológico. Valverde guardaba en él algunos ejemplares exóticos, como una hiena rayada y algunas serpientes. Además de los vivos, empezó a acumular una importante colección de vertebrados preparados para el estudio. Con el tiempo se convertirá en la segunda colección más importante de España, tras las colecciones del Museo Nacional de Ciencias Naturales, también CSIC.
Cien años del nacimiento de Valverde
Este año 2026 celebramos el centenario del nacimiento de J.A. Valverde (1926, Valladolid – 2003, Sevilla). El ex director de la estación biológica de Donjana y del parque nacional admitió en sus memorias que tales esfuerzos le costaron su salud. Sufrió varios infartos y dimitió como director en 1975 alegando problemas cardíacos.
Su legado estará vinculado a la conservación de Donjana, la creación de un centro de investigación líder a nivel internacional en estudios de biodiversidad, así como a sus propias aportaciones como zoólogo y biólogo evolutivo. Entre otros logros, identificó varios vertebrados nuevos para la ciencia. Entre ellos, varios eslizones y una subespecie de ardilla que dedicó a su amigo Luke Hoffman.
Descubre más desde USA Today
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

