La primera conferencia internacional sobre la transición desde los combustibles fósiles finalizó el 29 de abril en Santa Marta, Colombia. Debido al fracaso de la última reunión de la CoP en Belem, Brasil, para abordar la necesidad de reducir la dependencia de los combustibles fósiles, el evento intergubernamental fue organizado conjuntamente por Colombia y los Países Bajos y reunió a delegaciones de 59 países.
La conferencia incluyó a países comprometidos con la eliminación gradual del uso de combustibles fósiles, como Costa Rica, Dinamarca, España, Francia y Kenia como parte de la Alianza Beyond Oil and Gas.
También incluyó a países altamente expuestos al cambio climático, como Tuvalu, Vanuatu, Trinidad y Tobago, Uganda y Bangladesh, todos miembros del Foro de Vulnerabilidad Climática, así como a importantes países productores de petróleo como Brasil, Canadá, Noruega y Nigeria. Canadá se abstuvo cuidadosamente de utilizar la palabra combustible fósil en su muy cautelosa declaración plenaria.
Como era de esperar, la conferencia no produjo compromisos vinculantes ni un acuerdo negociado. Su objetivo, por ahora, es más modesto: proporcionar un espacio más flexible que la COP sobre el clima de las Naciones Unidas. Su objetivo es permitir un debate franco sobre las realidades prácticas de la eliminación gradual de los combustibles fósiles y fomentar una coalición capaz de impulsar a las futuras CoP hacia acciones más concretas, como acordaron los estados durante la COP28 2023.
Muchos participantes calificaron la conferencia de Santa Marta como un punto de inflexión histórico, haciéndose eco del optimismo que siguió al Acuerdo de París y el llamado de la COP28 a una transición para abandonar los combustibles fósiles. Sin embargo, los limitados resultados tangibles de estos compromisos pasados sugieren cautela.
¿Santa Marta marcará el inicio de una verdadera transformación o seguirá siendo un hito simbólico más?
A lire aussie: esto es lo que se puede esperar de la primera conferencia sobre la transición a los combustibles fósiles
¿Un punto de inflexión o una retórica familiar?
El presidente colombiano, Gustavo Petro, habla durante una conferencia centrada en la transición hacia los combustibles fósiles el 28 de abril de 2026 en Santa Marta, Colombia. (Foto AP/Iván Valencia)
La existencia misma de una cumbre dedicada a la eliminación gradual de los combustibles fósiles no tiene precedentes, especialmente una organizada por un país del Sur Global como Colombia, con una economía todavía muy dependiente de las exportaciones de petróleo y carbón.
Sin embargo, muchas de las propuestas discutidas en Santa Marta ya han sido presentadas en conferencias anteriores, como la Cumbre Africana sobre el Clima de 2025 y la Cumbre para un Nuevo Pacto Financiero Global de 2023. Desde entonces, los llamados a la acción global para abordar el cambio climático y ayudar a los países vulnerables al clima no se han traducido en políticas concretas.
Esto plantea el riesgo de que Santa Marta pueda reproducir lo que los académicos describen como una “gobernanza confusa”: un modelo que combina objetivos globales ambiciosos con instrumentos flexibles, en gran medida voluntarios, y una narrativa optimista diseñada para movilizar el consenso internacional sin necesariamente implementar un cambio estructural.
Cuatro dinámicas a seguir
Que Santa Marta se convierta en algo más que retórica dependerá de cuatro dinámicas clave.
¿Los países participantes permanecerán en coaliciones informales y no vinculantes, o formarán grupos más estructurados y coordinados centrados en reducir gradualmente el uso de combustibles fósiles, de forma muy similar a como la OPEP organiza a los países productores de petróleo? Trabajos académicos recientes sugieren que tales coaliciones podrían desempeñar un papel decisivo en la configuración de los esfuerzos globales para eliminar gradualmente el uso de combustibles fósiles.
La credibilidad de este proceso dependerá de que los países adopten medidas nacionales vinculantes, como prohibiciones de nuevos permisos de exploración, en lugar de depender únicamente de compromisos voluntarios. Una transición significativa requerirá combinar incentivos (como subsidios para las energías renovables y la electrificación) con restricciones (impuestos, regulaciones y prohibiciones), todo dentro del marco de una transición justa. Herramientas como el Rastreador de No Proliferación de Combustibles Fósiles pueden ayudar a monitorear y evaluar las políticas de combustibles fósiles en todo el mundo.
El impulso creado en Santa Marta debe resistir cambios políticos internos que podrían debilitar los compromisos. Esto es particularmente relevante para países productores de petróleo como Colombia, donde los futuros gobiernos pueden adoptar posiciones diferentes. Al mismo tiempo, sigue persistiendo la desconfianza sobre la brecha entre las promesas de los países ricos de financiar el cambio climático y su cumplimiento real.
Una acción eficaz dependerá de una mayor coordinación entre los gobiernos, la sociedad civil y la comunidad científica. Es significativo que la conferencia académica paralela y la Cumbre de los Pueblos por un Futuro Libre de Fósiles en Santa Marta produjeron propuestas detalladas y efectivas alineadas con la escala de la crisis climática. Unir estas iniciativas con procesos políticos formales será esencial para pasar de la retórica a la implementación.
Del compromiso a la acción

Activistas participan en una manifestación durante una conferencia destinada a la transición para abandonar los combustibles fósiles, el 27 de abril, en Santa Marta, Colombia. (Foto AP/Iván Valencia)
La conferencia de Santa Marta es un paso importante hacia la creación de coaliciones políticas para eliminar gradualmente los combustibles fósiles. Pero su importancia a largo plazo sigue siendo incierta. Sin compromisos vinculantes, continuidad política y acción coordinada, se corre el riesgo de convertirse en otro ejemplo de diplomacia climática vacía.
Convertir este momento en un movimiento requerirá reformas estructurales, instrumentos políticos creíbles y voluntad política sostenida. Las negociaciones internacionales y hojas de ruta claras son cruciales.
La próxima cumbre está prevista para 2027 en el Pacífico Sur, copresidida por Tuvalu e Irlanda. Mientras tanto, se crearon tres grupos de trabajo. Uno para crear hojas de ruta nacionales y regionales. El segundo es resolver la dependencia macroeconómica de los combustibles fósiles y fortalecer las capacidades financieras públicas. Y un tercero está centrado en la descarbonización del comercio internacional.
Santa Marta podría marcar el comienzo de un cambio importante en las conversaciones sobre el clima, uno de los cuales está claramente centrado en eliminar finalmente los combustibles fósiles.
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