Necesidad, conveniencia o compromiso: tres formas de convertirse en profesor de secundaria

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Laura, Joaquín y Carlos quieren ser profesores de educación secundaria. Los tres se conocieron en las clases de maestría que les permitirán ejercer esta profesión, después de obtener cada uno un diploma en filología, matemáticas y educación física. Más allá de las disciplinas en las que se especializan y que próximamente enseñarán a niños y niñas de 12 a 16 años, existen muchas diferencias entre ellos.

Laura eligió su carrera sabiendo que quería ser profesora. Joaquín estudió matemáticas porque le encanta, pero tras graduarse se dio cuenta de que una de las mejores salidas profesionales (por facilidad de acceso y condiciones laborales) era la docencia. Apasionado por el entrenamiento personal, Carlos aspira a emprender un negocio más adelante, pero cree que impartir clases de educación física durante unos años en el instituto le permitirá tener estabilidad financiera y tiempo suficiente para lograr ese objetivo.

Cada uno de ellos representa el perfil de un futuro docente, según nuestra reciente encuesta realizada entre 76 alumnos del Máster en Educación Secundaria de Mondragon Universidad. A estos perfiles los denominamos “desvinculados”, “social-comunitario” e “instrumental”: estas tres categorías nos ayudan a analizar sus motivaciones e ideas sobre lo que significa ser docente, algo crucial para la calidad de su futuro trabajo profesional.

Comprender las razones que llevan a los futuros docentes a elegir la profesión, en un momento en que la enseñanza enfrenta una profunda transformación, puede ayudarnos a desarrollar medidas que frenan los alarmantes índices de malestar psicológico y físico y de deserción escolar. Sobre todo, puede llevarnos a diseñar una formación más personalizada y eficaz.

Tres formas de llegar a clase

El primer perfil (Joaquín) corresponde a una identidad dividida. Entiende la docencia como un profesional, no como una opción vocacional. Mantiene una visión crítica del sistema educativo, pero no se ve a sí misma como un agente de cambio. Se trata de profesionales que dan más importancia a la teoría que al impacto social de lo que enseñan. Este perfil se asocia con un menor compromiso y un mayor abandono de la profesión docente. En nuestro estudio, este perfil está compuesto mayoritariamente por hombres de entre 26 y 35 años, especialmente en los campos de la tecnología y las ciencias sociales, aunque esto no quiere decir que sea siempre así.

El segundo perfil (Laura) pertenece a la identidad sociocomunitaria. Se refiere a prácticas docentes más efectivas centradas en la gestión del aula, adaptando metodologías, abordando la diversidad y promoviendo la inclusión. Sentirse competentes les hace disfrutar más de su labor como docentes y comprometerse con una enseñanza que apunte a la transformación social. Está formado principalmente por mujeres de entre 26 y 45 años que estudian idiomas y humanidades. Pero, como decimos, esto no quiere decir que este perfil no pueda encontrarse en profesores de cualquier otra materia.

El tercer perfil (Carlos) corresponde a la identidad instrumental. Valora la docencia como un medio para alcanzar metas personales, estabilidad y desarrollo profesional. Está formado por hombres y mujeres en proporciones iguales que buscan estabilidad pero consolidan su vocación sintiéndose competentes y conectando con los estudiantes. Hablamos de jóvenes de hasta 25 años, mayoritariamente de humanidades y educación física.

Formación homogénea para diferentes perfiles

En España, el pasaporte oficial para la enseñanza de secundaria es el Máster en Formación del Profesorado. Es un programa intensivo que dura un año académico y tiene como objetivo convertir a cada graduado en docente. Consiste en una mezcla de teoría psicopedagógica, lecciones a aprender para enseñar la propia disciplina y prácticas en el centro educativo.

El problema es que el molde único se aplica a menudo a una realidad multicolor. Esto significa que expertos de perfiles muy diferentes tienen que pasar por el mismo camino, sin tener en cuenta la diversidad de formas de entender y vivir la profesión docente.

Sin embargo, sabemos que los programas de formación más eficaces son aquellos que conectan con las características y motivaciones de los docentes en formación. Cuando esto no sucede, se corre el riesgo de crear desmotivación, desperdiciar potencial o incluso favorecer el abandono anticipado de la profesión.

Leer más: No basta con dominar una materia, hay que saber enseñarla: lo que buscan los profesores de secundaria

Entrenamiento más individualizado

Transformar el máster no supone dinamizar su estructura actual, sino flexibilizarla. Un punto de partida ideal es una evaluación inicial que descubra qué motiva a cada estudiante a querer enseñar. Con esa información sobre la mesa, es mucho más fácil dirigir las tutorías o el enfoque de tus proyectos para abordar tus características particulares, dejando intacto el núcleo común diseñado para fortalecer a toda la clase por igual.

En la práctica, cada perfil necesita un trato personalizado. Para el perfil no comprometido, el desafío es descubrir el impacto social de su trabajo. Esto se logra ofreciéndole experiencias prácticas, como aprendizaje-servicio en entornos del mundo real y tutoría con profesores experimentados. Un estudiante como Joaquín puede no sentir el mismo llamado inicial, pero puede inspirarse al ver la dedicación de otros maestros activos.

Si hablamos del perfil social-comunitario, este requiere de un escudo protector. Una estudiante como Laura llega con una clara vocación e implicación, pero puede experimentar agotamiento emocional. Su capacitación práctica debe incluir estrategias de apoyo para protegerse del temido agotamiento antes de que sea demasiado tarde.

Finalmente, en el perfil instrumental, la estrategia cambia. Un estudiante como Carlos, aunque domina su materia académica, tiene que profundizar más en la pedagogía. Tu paso por la Maestría debe priorizar la creación de portafolios reflexivos y de evaluación que te demuestren que enseñar es mucho más que enseñar el currículo. Este apoyo es vital para ayudarle a sentirse más conectado con la tarea y para que el alumnado pueda beneficiarse de un profesor que sea capaz de satisfacer las necesidades educativas de todo el aula.

Si toda persona que decide formarse como profesor de secundaria no lo hace por los mismos motivos, ni tiene la misma percepción de la docencia, la formación docente no debería ser igual para todos. Conocer sus motivaciones y ofrecer itinerarios más flexibles puede mejorar su preparación y ayudar al sistema educativo a responder a los retos actuales.


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