No es sólo trabajo: por qué las emociones son fundamentales para la gestión del lugar de trabajo

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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“No es personal, es estrictamente comercial”. Esta línea, que se repite a lo largo de la película de gánsteres de Francis Ford Coppola de 1972, El Padrino, personifica la visión clásica de la gestión: los negocios consisten, ante todo, en ganar dinero, incluso si eso significa sacrificar todos los aspectos personales y sociales del negocio.

Una escena de “El Padrino” (1972). Fuente: MovieClips, YouTube.

Sin embargo, la actual crisis de salud mental en el lugar de trabajo está obligando a los directivos a considerar el bienestar emocional de los empleados.

Para comprender el bienestar emocional, primero debemos entender qué son las emociones: reacciones breves e intensas ante eventos específicos que son importantes para nosotros e influyen en nuestro comportamiento.

El estudio de las emociones es vital porque son mucho más que experiencias subjetivas. Al contrario, son los que guían nuestras acciones: en el lugar de trabajo, por ejemplo, la tristeza reduce el rendimiento, mientras que la ira genera conflicto.

No basta con decir simplemente que alguien “se siente mal”: comprender sus emociones específicas es el primer paso para comprender su comportamiento en el lugar de trabajo.

Emociones en el trabajo

Para comprender la vida emocional de las personas en el lugar de trabajo, realizamos una investigación con 102 trabajadores de diferentes sectores. El objetivo era comprender cómo y con qué frecuencia las seis emociones básicas (felicidad, sorpresa, tristeza, disgusto, miedo e ira) ocurren en la vida laboral cotidiana. Nuestros encuestados reconstruyeron su jornada laboral durante un período de 15 días, prestando atención a aquellos eventos relacionados con el trabajo que consideraban especialmente importantes.

Recopilamos un total de 1.499 informes de estos eventos, evaluando si fueron positivos o negativos (su “valencia”) y cuán novedosos o disruptivos fueron (su “fuerza”).

Los resultados revelaron varios puntos importantes:

El lugar de trabajo es en general un lugar feliz. La felicidad fue la emoción más común –presente en el 67% de los eventos reportados– y la más intensa, seguida de la sorpresa (54%). Puede haber aquí un sesgo de supervivencia, ya que las personas que experimentan constantemente emociones negativas tienden a dejar sus trabajos.

Las emociones negativas son más raras, pero más pronunciadas. La ira (casi el 40%) y la tristeza (32%) prevalecieron sobre el miedo (26%) y el asco (20%). Además, las emociones negativas rara vez ocurren de forma aislada; Suelen aparecer combinados, especialmente en el caso de la ira, la tristeza y el disgusto.

La fuerza tuvo un efecto multiplicador. No basta con calificar un acontecimiento relacionado con el trabajo como bueno o malo. Para que ocurra una emoción intensa, el evento que la desencadena debe ser fuerte, es decir, disruptivo o novedoso. La interacción entre el valor del evento y la fuerza predice casi todas las emociones.

El miedo se comportó de manera diferente a otras emociones. Era la única emoción que dependía únicamente de cuán intenso o perturbador fuera un evento, no de su valencia. También dependía muy claramente de las características o circunstancias individuales de cada trabajador. Debido a su personalidad (altas puntuaciones de neuroticismo y pesimismo) o roles laborales, algunos trabajadores tenían más probabilidades de experimentar esta emoción.

Había muy pocas diferencias de género. Contrariamente a los estereotipos tradicionales, encontramos que el género tiene poco efecto sobre la intensidad de las emociones de los trabajadores. El género solo afectó la frecuencia de ciertas emociones: la alegría fue más común entre los hombres, mientras que el disgusto fue más común entre las mujeres.

¿Qué desencadena cada emoción?

El análisis de 1.499 diarios nos permitió identificar qué situaciones actúan como desencadenantes de cada emoción. Dado que el lugar de trabajo es un entorno social, la mayoría de estas situaciones involucran a gerentes, colegas o clientes:

La alegría fue alimentada por los logros y la conexión humana. Ocurre con mayor intensidad cuando se completan tareas con éxito, se disfruta de un entorno colaborativo o se recibe un agradecimiento genuino, como una nota de agradecimiento de un gerente.

La sorpresa se debió a la violación de expectativas. Sus desencadenantes incluyeron decisiones imprevistas, como que un cliente no renovara un contrato, o gestos inesperados de apoyo, como una comida de equipo pagada por la empresa.

La ira surgía cuando los trabajadores percibían situaciones injustas, falta de respeto público, humillaciones o injerencias arbitrarias en sus objetivos.

El duelo se asoció con pérdidas y expectativas incumplidas. Surgió como resultado de decepciones y fracasos profesionales, o cuando un colega valioso dejó el equipo.

El disgusto en el lugar de trabajo generalmente se ha relacionado con la moralidad, en respuesta a comportamientos éticamente repugnantes o tóxicos, al acoso o a la hipocresía corporativa.

El miedo fue causado por amenazas y preocupaciones de seguridad. Los directivos impredecibles y la inestabilidad estructural dentro de la empresa son algunos de los factores que pueden desencadenar esta fuerte señal de alerta.

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La base del bienestar en el lugar de trabajo

Nuestra investigación muestra claramente que el lugar de trabajo es un entorno rico en experiencias emocionales. Esto significa que cada decisión gerencial, cambio de horario o retroalimentación puede desencadenar una reacción emocional en cadena.

Aunque no todos los contratiempos pueden evitarse, las organizaciones pueden moldear activamente su clima emocional cultivando intencionalmente experiencias positivas y buscando mitigar el impacto de los eventos negativos.

Cuidar a los equipos requiere que vayamos más allá de ver los negocios simplemente como un lugar para hacer negocios. Nuestras organizaciones son comunidades ricas en conexiones emocionales y merecen nuestra atención especial.


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