En las eliminatorias para el Mundial de 2026 participaron con sus selecciones varias decenas de jugadores menores de 20 años, y algunos de ellos quizás se encuentren entre los más destacados de este Mundial. Casi todos ellos fueron “sacados de la calle” para integrarse en academias y academias de clubes bien organizados. Los medios señalan, por ejemplo, que Lamine Jamal, de la selección española, es “un chico de 18 años que juega al fútbol callejero”.
Pero ¿hasta qué punto se puede considerar que un futbolista ha desarrollado su talento de forma autodidacta en la calle, en un contexto donde la mayoría de los equipos punteros son de países donde el juego callejero apenas existe?
Todo aficionado al deporte está interesado en los factores que explican la trayectoria de excelencia. En el caso de las grandes estrellas del fútbol actual, con demasiada frecuencia se defiende una cierta superioridad del juego callejero frente a la desarrollada por aquellos formados desde el principio en academias y equipos, como incluso afirma Arsene Wenger, director de desarrollo mundial del fútbol de la FIFA.
Aprende jugando en la calle contra la academia
En los futbolistas de alto nivel se observa una trayectoria de aprendizaje con un gran componente autodidacta antes de la pubertad, como vemos en las historias de Pelé, Cruyff, Maradona o Messi.
La práctica del juego libre proporciona variabilidad en el comportamiento técnico, alta frecuencia de acciones con el balón, numerosas situaciones uno contra uno y una gran cantidad de tiempo de práctica libre y voluntario efectivo. Pero esto sólo explica una parte limitada de las razones por las que se alcanza el nivel máximo.
Si analizamos los itinerarios de los futbolistas de alto nivel, podemos comprobar que no aprendieron sólo a través del juego libre: en realidad, ellos mismos intuitivamente buscan mejorar su comportamiento específico tanto en ataque como en defensa.
La práctica del juego libre se canaliza en última instancia a través del aprendizaje autorregulado. El propio cerebro del jugador diseña ciclos de retroalimentación (ensayo, error y ajuste), ligados a su motivación interna y a la regulación de su comportamiento técnico-táctico.
Por ejemplo, cuando un jugador en entrenamiento se da cuenta de que los regates repetidos y efectivos ya no funcionan contra sus compañeros habituales, tiene que adaptarse y probar nuevas soluciones en los próximos intentos.
Atrapado en la infancia
Muchos jugadores de primer nivel son reclutados temprano, como Cristiano Ronaldo o Iniesta a los 12 años, Messi a los 13 y Lamine Jamal hace 7 años, para participar en un ecosistema de aprendizaje más estructurado. Como miembros de las canteras del Sporting de Portugal y del FC Barcelona, recibieron una atención especial que, combinada con su autoconocimiento y capacidad reguladora, resultó en la interacción y refuerzo mutuo de estos dos tipos de prácticas.
Así, estos futbolistas incrementan conscientemente su formación, primero a través de un proceso autodidacta, y luego a través de una práctica formativa estructurada y dirigida por excelentes técnicos en las academias.
Una combinación ganadora
Por tanto, el debate entre fútbol “callejero” y “académico” es una falsa dicotomía. Las academias de alto nivel brindan instrucción planificada, con comentarios de expertos y desafíos de desempeño avanzados. El juego libre ofrece más autonomía, creatividad e iniciativa personal.
La mayoría de los futbolistas que alcanzan el más alto nivel provienen de una combinación de ambos entornos: primero aprendieron a explorar por sí mismos cómo mejorar, y luego también fueron estimulados por una práctica organizada de calidad desde una edad temprana.
Nuevos canales para aprender
Además de las academias, hay otro factor que ha cambiado mucho la forma en que niños y niñas ven y aprenden sobre el fútbol: hoy se puede ver en vivo e indirectamente en las pantallas de televisión, Internet, videojuegos o redes sociales, lo que permite identificar modelos de éxito.
Ver jugar a otros mejora la toma de decisiones y ayuda a integrar gestos técnicos complejos. Gracias a la observación se aprende a identificar cuándo es adecuado conducir o regatear, cuándo el equipo necesita extender el juego por la banda para encontrar espacios o cómo orientar el cuerpo antes de recibir un pase.
Así lo han dicho jugadores como Neymar (“Aprendí mis trucos viendo vídeos en Internet… Intento hacer lo que veo”); y otros como Romario, que aconsejó a Messi “aprender algunas cosas viendo los vídeos de Pelé”. Iniesta afirmó que de pequeño observaba a jugadores como Laudrup, Guardiola o Valerón y trataba de aprender de ellos; Lamin Yamal afirmó: “No he visto a Henry en vivo, pero lo amaba en los videos”; y Erik García miraba “desde pequeño (…) todos los partidos que pasaban por televisión”.
En definitiva, todos los ejemplos indican que el talento que nace de jugar en la calle no es lo único que determina la calidad de un futbolista. Quizás se trate de encontrar un equilibrio entre ambos enfoques. Como dijo recientemente Lamine Yamal, la mezcla de “calle y academia” puede ser una combinación perfecta, como lo demuestran la realidad y la evidencia científica.
Descubre más desde USA Today
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

