Uno de los elementos más visibles del cambio climático antropogénico (causado por el hombre) es el aumento de la temperatura, que a su vez cambia la forma y extensión de las cuatro estaciones. ¿Consecuencias? Veranos más largos, avanzando hacia la primavera y el otoño, inviernos más cortos, principios de primavera y finales de otoño.
El estudio preciso de cómo, en qué medida, a qué ritmo e intensidad se están produciendo estos cambios y cómo se predice que ocurrirán en el futuro es de enorme interés debido a las numerosas consecuencias. No sólo para los ecosistemas naturales, sino en el consumo y gestión energética, el confort de la población o el cambio de ciclo anual y sus efectos.
El concepto o definición de verano o invierno es intuitivo y aparentemente sencillo. Sin embargo, definir y calcular las estaciones de forma rigurosa y objetiva es muy complejo; Hay muchas sutilezas y matices a considerar. De hecho, no existe consenso en la comunidad científica ni en los centros de estudios del clima a la hora de su determinación.
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¿Cómo definimos un día de verano?
Hay varias formas de abordar la definición de las estaciones, según el enfoque utilizado. Por un lado, está el astronómico o climático: desde la astronomía lo determinan los solsticios y equinoccios, o desde la climatología, con períodos fijos de tres meses.
Por tanto, estas definiciones son inmutables. Así, astronómicamente el verano dura del 21 de junio al 21 de septiembre (con ligeras variaciones entre años). Y desde el punto de vista climático corresponde a los meses de junio, julio y agosto.
Por otro lado, existe una definición meteorológica o térmica. Determinar si un determinado día, fuera del calendario establecido, corresponde a condiciones de verano, otoño, invierno o primavera se podrá conseguir a partir del comportamiento de su temperatura diaria (media, máxima o mínima).
Así, una definición muy extendida entre la comunidad científica define un día de verano como aquel día en el que la temperatura máxima supera los 25ºC. Este valor es un promedio muy global a escala planetaria. Sin embargo, es lógico que quienes viven en regiones montañosas, desérticas, o cerca de los polos o el ecuador no estén del todo de acuerdo en que esta temperatura sea la que defina sus días de verano. Entre otros ejemplos, el Servicio Meteorológico sueco define el inicio de la temporada con una temperatura media diaria de 10ºC.
Algunos trabajos sugieren obtener un valor numérico en cada región sobre su temperatura climatológica promedio (30-40 en los últimos años), aunque no existe una propuesta general para ampliar el área y período a utilizar. En España se estudió tanto con medias trimestrales como con medias entre junio y septiembre.
Además, existe la opción de utilizar el percentil 75 de temperatura máxima, mínima o media. Suponiendo que las temperaturas se desarrollen como una oscilación suave y homogénea a lo largo del año, dividiendo el ciclo anual en cuatro partes iguales, ese percentil 75 correspondería al 25% de los días más calurosos, es decir, los días de verano.
Hay otra propuesta interesante: analizar las estaciones a través de la distribución de frecuencia de la temperatura diaria del año. Su forma es más o menos simétrica, con un máximo central (suma de días de primavera y otoño) y dos colas (verano e invierno). Los cambios proyectados debido al calentamiento global tanto en la media como en la anchura de esa distribución, según lo informado por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), pueden ser útiles para estudiar los cambios estacionales.
También hay trabajos que estudian las estaciones desde otras perspectivas muy diferentes, como la fenología: según el crecimiento de la vegetación y la floración. Como ejemplo ilustrativo, el cerezo japonés, con más de 1.000 años de datos, permite analizar la evolución estacional de la temperatura en enormes escalas temporales.
Aunque estos estudios tienen una representatividad limitada para grandes regiones, muestran muy claramente el vínculo entre los ecosistemas naturales y el calentamiento global.
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¿Cómo están cambiando las estaciones debido al calentamiento global?
Determinar el inicio y el final de una estación se vuelve una tarea más complicada cuando se considera que el cambio climático antropogénico está alterando los patrones. Varios estudios apuntan a cambios muy significativos en la duración y duración de las estaciones, especialmente el verano: un aumento de un día por año en las últimas tres décadas en varias megaciudades (Sídney, Minneapolis, Tokio); un aumento de al menos una semana en la mayor parte del hemisferio norte en las últimas décadas; o alrededor de 2,5 días por década en Europa durante los últimos 70 años.
Si nos centramos en España, los veranos en Castilla-La Mancha, por ejemplo, se han alargado una media de 7 días por década durante los últimos 40 años.
Si analizamos las proyecciones futuras, los inviernos, definidos según los valores del siglo XX, prácticamente desaparecerán en la Península Ibérica a finales del siglo XXI. A nivel mundial, cualquiera de las proyecciones de emisiones de gases de efecto invernadero da veranos que duran alrededor de 6 meses e inviernos menos de 2.
Por tanto, el calentamiento global ya ha cambiado significativamente las estaciones, especialmente las más extremas (verano e invierno). Entre las diferentes líneas de investigación, los expertos se centran en varios aspectos:
Explore las tasas de cambio locales con más detalle.
Analizar la sensibilidad de los cambios ante diferentes escenarios de emisiones de gases de efecto invernadero.
Precisar diferentes metodologías para evaluar las estaciones, su variabilidad y consistencia.
Analizar mejor estaciones como la primavera y el otoño para saber en qué medida se verán alteradas, acortadas, desplazadas o la transición de las condiciones de invierno a verano y viceversa puede ser más abrupta.
Sólo profundizando en estos patrones será posible identificar sus impactos y mejorar las medidas de adaptación en el contexto del cambio climático.
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