Hantavirus: el papel de la alimentación y la hidratación

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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El hantavirus es una infección rara pero potencialmente grave, asociada principalmente con el contacto con roedores salvajes infectados, que eliminan el virus en la orina, las heces y la saliva. Cuando estas secreciones se secan, se mezclan con el polvo y se dispersan en el aire, las personas pueden inhalarlas. Es la vía de infección más común.

La mayoría de los casos involucran zonas rurales, bodegas, cabañas cerradas, galpones o actividades al aire libre. Sin embargo, las infecciones asociadas con el crucero MV Hondius llamaron la atención porque llevaron el hantavirus a un entorno inusual. Y con esto surgieron varias preguntas: ¿se puede transmitir a través de los alimentos? ¿Existe algún riesgo especial en los barcos? ¿Qué papel juegan la alimentación y la hidratación en los pacientes?

El caso del crucero: un precedente insólito

El brote actual fue particularmente sorprendente porque no había un precedente claro en los cruceros. Hasta entonces, los cruceros estaban asociados mayoritariamente a otros virus, como el norovirus, la gripe o el SARS-CoV-2, que se transmiten fácilmente en espacios cerrados, contacto estrecho, superficies contaminadas o alimentos y agua mal manipulados.

El hantavirus funciona de otra manera. Su reservorio natural son los roedores, aunque la causa del brote en MV Hondius es la variante Andina, que puede transmitirse de persona a persona en contacto estrecho.

Por lo tanto, el episodio del crucero no debe interpretarse como una señal de que los barcos son la nueva fuente común de este patógeno. Más bien, parece ser una situación excepcional, posiblemente relacionada con una exposición previa en zonas endémicas y la posterior transmisión entre humanos cercanos durante los viajes.

¿Se transmite a través de los alimentos?

Una de las dudas más habituales es si el hantavirus se transmite a través de los alimentos. La respuesta requiere matices: no es una enfermedad alimentaria en el sentido clásico. No se contagia porque los alimentos estén mal cocidos ni porque el virus se multiplique en los alimentos, como ocurre con algunas bacterias.

La vía principal es la respiratoria: inhalación de polvo contaminado con orina, heces o saliva de roedores infectados. Aunque en teoría podría haber un riesgo si los alimentos o el agua estuvieran contaminados directamente con heces de roedores infectados, la evidencia actual no respalda la transmisión alimentaria del hantavirus como una ruta clínicamente relevante. Debe tenerse en cuenta el riesgo de contaminación ambiental en espacios cerrados.

Por eso, en zonas rurales, campamentos, chozas, almacenes o espacios cerrados, las medidas preventivas incluyen almacenar los alimentos en recipientes herméticos, no dejar los alimentos durante la noche, mantener la basura cerrada, evitar atraer roedores, limpiar las superficies con desinfectante y consumir solo agua segura, hervida o desinfectada cuando no haya garantía sanitaria.

También conviene tener cuidado con las frutas, verduras o alimentos almacenados en lugares donde puedan estar los roedores. Si hay signos de infestación, como excrementos, nidos, olores fuertes o recipientes masticados, no se debe realizar limpieza en seco, ya que esto puede levantar partículas contaminadas. Primero es necesario ventilar, humedecer con desinfectante y limpiar con protección.

La idea central es simple: el hantavirus no suele transmitirse a través de los alimentos, pero los alimentos y el agua pueden convertirse en portadores si están contaminados con las heces, la orina o la saliva de roedores infectados. Esta diferencia ayuda a evitar alarmas innecesarias y, al mismo tiempo, refuerza las medidas básicas de higiene.

Hidratación en pacientes con hantavirus: necesaria, pero con mucho cuidado

La hidratación es importante ante cualquier infección, especialmente cuando hay fiebre, vómitos, diarrea o pérdida de apetito. En las primeras etapas del hantavirus, cuando el paciente aún se encuentra estable, beber líquidos puede ayudar a prevenir la deshidratación, siempre y cuando no haya dificultad respiratoria, shock o daño renal.

Pero con el síndrome cardiopulmonar por hantavirus la situación cambia. Esta forma grave, producida por la variedad andina, puede provocar la fuga de líquido de los vasos sanguíneos a los pulmones, generando edema pulmonar e insuficiencia respiratoria. Además, el corazón puede bombear con menos fuerza. En este contexto, administrar demasiado líquido puede empeorar la afección, ya que puede filtrarse a los pulmones y dificultar aún más la respiración.

Por tanto, hidratarse bien no significa hidratarse demasiado. En pacientes hospitalizados esto debe estar bajo el estricto control del equipo médico. Se controla la presión arterial, la oxigenación, la diuresis, la función renal y el equilibrio entre los líquidos aplicados y eliminados. A veces se necesitan líquidos intravenosos, pero en cantidades cuidadosamente calculadas. En otros casos, los fármacos vasoactivos, el oxígeno, la ventilación mecánica o el apoyo intensivo tienen prioridad sobre grandes volúmenes de suero.

La familia también juega un papel importante. No se debe ofrecer agua, jugos, sopas o bebidas “fuera” de una indicación médica si el paciente está hospitalizado con afectación pulmonar o renal. Incluso si la intención es buena, esta cantidad de líquido puede contribuir a la sobrecarga.

En etapas posteriores, si se produce compromiso renal, también se debe ajustar la hidratación. Puede haber periodos de baja producción de orina, en los que se restringen los líquidos, y fases de alta diuresis, en las que se deben compensar las pérdidas para evitar la deshidratación y los cambios electrolíticos. Por eso no existe una recomendación universal como “dos litros al día” para todos los que padecen hantavirus.

Es importante darse cuenta de que este no es un virus típico de un crucero ni una infección común transmitida por los alimentos, pero el caso reciente nos recuerda que pueden surgir nuevas enfermedades en escenarios inesperados. La clave es prevenir la contaminación por roedores, proteger los alimentos y el agua y gestionar la hidratación con precisión médica.


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