Cuba aprobó 176 medidas en un nuevo intento de canalizar su economía

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Cuba acaba de aprobar el mayor paquete de reformas económicas en al menos quince años. Según informó Granma, órgano del Comité Central del Partido Comunista, y el anuncio de la propia Asamblea Nacional, el primer ministro Manuel Marrero Cruz presentó un documento con 176 transformaciones agrupadas en 23 ejes ante la Tercera Sesión Extraordinaria del Parlamento, en su décimo órgano legislativo. Es el resultado de una revisión de 390 propuestas iniciales -de las cuales el 66,7% fueron aceptadas- y 69 recomendaciones incluidas por el Buró Político (máximo órgano de gobierno del Partido Comunista de Cuba, PCC). El pleno lo ratificó el 19 de junio.

Desde la presentación del documento hasta su adopción sólo pasó una semana. La velocidad del proceso fue notable para los estándares políticos de la isla. Los contenidos, por otro lado, mantienen continuidad con varias medidas ya probadas en fases anteriores.

De 1993 a 2026

Desde el colapso de la URSS en diciembre de 1991, Cuba ha estado implementando reformas basadas en la misma fórmula. La primera apertura, entre 1993 y 1995, legalizó el trabajo por cuenta propia -trabajo por cuenta propia en una lista cerrada de oficios- y despenalizó la tenencia de dólares, reconociendo de facto la economía informal en divisas que ya circulaban en la isla. Ese mismo período también trajo la legalización de los mercados agrícolas libres, donde los precios ya no los determinaba el Estado.

Sobre la base de las Directrices de Política Económica y Social, adoptadas en el VI Congreso del Partido (2011), se amplió el usufructo de tierras estatales no utilizadas: de 40 a 67 hectáreas, con derecho a construir viviendas en ellas; Se crearon cooperativas no agrícolas, una nueva entidad jurídica para gestionar servicios y comercio (transporte, gastronomía, mercados) fuera de las cooperativas agrícolas existentes; y se abrió la zona especial de desarrollo Mariel, un polo industrial-portuario con un régimen fiscal preferencial y procedimientos más rápidos para la aprobación de inversiones extranjeras.

La nueva Ley de Inversiones Extranjeras, de 2014, amplió las modalidades de asociación con capital extranjero. El propio texto de 2011 también definió el límite de esta apertura: estableció que el sistema de planificación socialista seguiría siendo la principal forma de dirigir la economía nacional. Una década después, la Tarea Orden 2021 eliminó la dualidad monetaria vigente desde 1994 –el peso cubano junto al peso convertible (CUC)– y estableció un tipo de cambio único, lo que implicó devaluación y recuperación inflacionaria.

¿Qué hay de nuevo esta vez?

Ahora, en 2026, lo que difiere no es tanto el repertorio de instrumentos practicados (aunque parcialmente), sino su simultaneidad y su alcance. El salario mínimo estatal está aumentando un 53% (de 2.100 a 3.210 pesos), y el Estado está retirando gradualmente unos 92.500 millones de pesos al año en forma de subsidios al sistema empresarial, la mitad de los cuales se destina únicamente a las tarifas eléctricas. El usufructo agrario pasa de plazo fijo a duración indefinida, sin exigir ya residencia en la parcela. Se acaba el monopolio estatal sobre la venta de combustibles y se libera gran parte de la larga lista de actividades que antes estaban prohibidas al sector privado.

El cambio institucional más profundo, sin embargo, es legal: las empresas estatales pueden convertirse en sociedades anónimas, y el Estado determina su participación sector por sector y retiene una mayoría sólo en aquellos considerados estratégicos. Podrán adquirir estas acciones los particulares y el capital extranjero. Por primera vez se están tomando medidas que incluyen una empresa estatal, subsidios, ganancias mínimas y propiedad de acciones, y no poco a poco como en las etapas anteriores.

Lo que se sabe de experiencias anteriores en economías en transición muestra que este tipo de simultaneidad tiene su costo organizacional: las rutinas y capacidades que las empresas acumularon bajo el sistema anterior antes de que existiera el nuevo pierden valor, lo que puede reducir el desempeño durante la transición misma.

El diseño separa explícitamente la propiedad inmobiliaria, que permanece en propiedad estatal, de la gestión, que se transfiere a terceros mediante usufructo y derechos de superficie, o mediante acciones. La fórmula recuerda al mecanismo que China utilizó a partir de 1978, conservando la propiedad colectiva nominal de la tierra y transfiriendo el control productivo a las familias campesinas.

Una isla, no una metáfora

En este mecanismo se advierte algo común a estos casos: cómo un sistema de planificación centralizada pudo sostenerse durante más de sesenta años dentro de una economía mundial organizada en torno al capital privado.

La continuidad institucional cubana no se explica por una sola causa, sino por una serie de apoyos externos alternos: la ayuda soviética hasta 1991, luego el petróleo venezolano, las remesas y el turismo. Un análisis reciente de la economía cubana describe este proceso como socialismo periférico: la pérdida de acuerdos comerciales preferenciales y del acceso al crédito ofrecido por la URSS obligó a la introducción gradual de mecanismos de mercado, sin que las últimas relaciones con China o Venezuela dejaran de recrear esas condiciones.

Cada vez que uno de estos pilares se debilita, se produce una nueva fase de actualización del modelo, que restablece el equilibrio sin cambiar su arquitectura subyacente. Lo característico de 2026 es que varios partidarios se están debilitando al mismo tiempo, mientras que Washington ha intensificado las sanciones -con nuevas medidas de aplicación desde junio que castigan a las empresas extranjeras que operan en la isla y aplican restricciones adicionales al suministro de combustible- y condiciona explícitamente cualquier mejora en las relaciones bilaterales a la profundidad de los cambios.

Lo que realmente está en disputa

Hay opiniones encontradas entre los economistas sobre las causas del estancamiento cubano: mientras algunos lo atribuyen principalmente a la transición al socialismo, otros atribuyen el mayor peso al bloqueo extranjero. El debate sigue abierto.

El hecho de que el paquete fuera aprobado sólo una semana después de su introducción no debe confundirse con el ritmo real del cambio institucional que lo sostiene. Un patrón que recorre este artículo se relaciona con el concepto de dependencia de la trayectoria: una vez que un sistema adopta una trayectoria, las decisiones posteriores tienden a basarse en ella en lugar de comenzar desde cero, incluso cuando el objetivo es corregir sus propios resultados.

Desde la década de 1990, Cuba ha seguido el mismo patrón: cada fase de apertura se basa en la anterior, sin que el país se desvíe del camino trazado en 1993 para mitigar los efectos del Período Especial, la gran crisis que comenzó tras la caída de la URSS y el fin de la ayuda soviética.

El hecho de que el paquete de 2026 sea la cuarta fase de esa serie, y no la primera, es en sí mismo una indicación de que sigue siendo necesario resolver el estancamiento que ninguna de las fases anteriores ha resuelto por completo. Así parecen confirmarlo las palabras del presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, en la clausura del tercer período extraordinario de sesiones de la Asamblea Nacional: “No empezamos de cero”.


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