Dos millones de votantes, cinco elecciones y sólo dos anuncios: así ignoran los partidos al electorado latino

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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En junio de 2016, una colombiana con doble ciudadanía apareció en un vídeo grabado con su teléfono móvil durante un acto del Partido Popular. Se llamaba Marta Inés y pedía un voto en nombre de los “latinos”. Ella no lo sabía, pero el vídeo, visto por varios cientos de personas, sería uno de los dos únicos momentos en ocho años de campañas nacionales en los que el partido español hablaría directamente al electorado latinoamericano. El segundo llegaría en 2023, el último día de campaña, también del PP: un anuncio de mayor calidad, pero con poca difusión. Entre las cinco elecciones generales, 11.389 comunicaciones y un silencio casi total.

Según el Instituto Nacional de Estadística, 4,6 millones de personas que viven en España nacieron en América Latina. Dos millones de ellos tienen ya la ciudadanía española y, por tanto, derecho a votar en las elecciones generales: el 5,3% del censo electoral. Su peso demográfico es relevante; su peso político en la campaña, casi nulo.

Una paradoja desagradable

En los últimos años, los partidos han demostrado una creciente capacidad para segmentar su mensaje y dirigirse a un público muy específico: celíacos, aficionados a los toros o a la caza, usuarios del aeropuerto de Sevilla o residentes en la provincia en cuestión recibían mensajes personalizados, máxime cuando Meta Ads y Google Ads permiten segmentar la audiencia con una precisión casi quirúrgica.

Si los partidos consiguen segmentar con tanta precisión en nichos mucho más pequeños que el electorado latinoamericano (los celíacos son, según anuncios del propio PP, el 1% de la población), su fracaso no puede explicarse por falta de medios técnicos. Más bien, apunta a lo que la filósofa Nancy Fraser describe como exclusión simbólica: un grupo no perseguido ni discriminado abiertamente, pero tampoco reconocido como un interlocutor político legítimo, reduciéndolo a una posición de “subordinación de estatus” en la esfera pública.

El vídeo de Marta Inés es modesto, casi casero. Apenas dura un minuto. Habla directamente a la cámara y destaca medidas concretas: la abolición de visas para colombianos y peruanos, la promesa de extender visas a ecuatorianos. Termina con una frase sencilla: “Voto al PP porque mi voto también cuenta. Lo difundió el partido y la cuenta de Mariano Rajoy, pero su alcance fue mínimo: menos de 2.000 visualizaciones”.

Siete años después, con Alberto Núñez Fejo como candidato, el PP vuelve con otro anuncio, protagonizado por una dominicana que narra en primera persona su llegada a España. La producción es de mayor calidad, pero se distribuyó únicamente a través de Meta ads en las últimas 24 horas de campaña y segmentada en las comunidades con mayor población latinoamericana, como Madrid, Andalucía o Cataluña.

Ninguno de los dos anuncios incluía al candidato presidencial en persona: fueron gestos concretos y tácticos, no una estrategia sostenible.

¿Y el PSOE? Tampoco articuló nada similar. Su planteamiento más explícito fue un vídeo con poco más de 1.000 visualizaciones donde, en un mosaico de minorías y en 20 segundos, el coordinador del Grupo Socialista Latino prometía eliminar obstáculos para que los “latinos” pudieran votar más fácilmente en las elecciones municipales que en las generales.

Es una de las pocas veces que el partido reconoce el voto latino como un grupo político distinto, aunque no es un llamamiento de campaña. El balance es claro: tras analizar 11.389 piezas (Tweets, Meta ads, vídeos de YouTube, TikToks, spots de TVE) en nuestro estudio titulado La exclusión simbólica de la voz latinoamericana en España: campañas electorales del PP y el PSOE, sólo dos anuncios marginales de las deserciones del PP y del PSOE revelaban las deserciones del PSOE. Ninguno de los dos hizo del voto latino el verdadero destinatario de sus comunicaciones electorales.

Sin embargo, cuando América Latina aparece en el discurso de los partidos lo hace de manera instrumental: Venezuela, el chavismo o Bolsonaro son utilizados como armas en disputas ideológicas internas o espejos para reflejar el miedo, nunca como puente para movilizar el voto latino.

¿Por qué es importante el silencio?

El reconocimiento institucional no es un detalle simbólico. Los estudios muestran que la participación depende de la sensación de que el sistema responde a las demandas de uno. Si el grupo no se siente desafiado, les resultará difícil darse cuenta de que su voz tiene algún impacto: la invisibilidad alimenta la desmovilización, y esto a su vez refuerza la invisibilidad.

Las investigaciones de varios autores sobre la representación política de los latinoamericanos en España ya han apuntado en esta dirección: sin convocatorias explícitas ni liderazgos visibles de origen latino, el grupo permanece fragmentado por nacionalidad de origen -colombianos, ecuatorianos, dominicanos…- sin una conciencia de grupo común.

¿Por qué los partidos evitan nombrar a este electorado en las campañas electorales? Quizás asumen que ya está integrado y vota como los demás, o temen que dirigirse explícitamente a él sea interpretado como clientelismo. La pregunta de fondo es más profunda: ¿existe en España una comunidad latina con identidad política propia, como en Estados Unidos, o es una categoría fragmentada sin una conciencia compartida? Para responderla será necesario escuchar a los protagonistas: los votantes hispanos y quienes diseñan las campañas electorales.


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