El trauma de la guerra civil sigue vivo: el estudio analizará sus consecuencias psicológicas

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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El 18 de julio se cumple 90 años del inicio de la Guerra Civil Española, el acontecimiento más devastador de nuestra historia reciente. Pese al paso de casi un siglo, sus efectos psicológicos siguen afectando a miles de personas, supervivientes o descendientes, con un impacto equiparable a un problema de salud pública, sin un registro exhaustivo de estos síntomas ni atención especializada.

Lejos de ser una cuestión puramente política, la psicología tiene mucho que decir sobre este fenómeno.

La “epidemia” del estrés postraumático

En sólo tres años, la Guerra Civil española dejó cerca de 500.000 muertos -aunque la cifra varía, según las fuentes consultadas, entre 380.000 y 700.000 víctimas-.

Las siguientes cuatro décadas de dictadura sometieron a “una de las dos Españas” -en palabras de Antonio Machado- a la violencia, la persecución y la humillación, impidiendo también cualquier ritualización de las despedidas de los seres queridos. Esto provocó una auténtica “epidemia” de estrés postraumático, con síntomas como hipervigilancia, pesadillas y pensamientos intrusivos.

Cuando llegó la Transición, el “pacto del olvido” no trajo la paz que muchos esperaban: las familias se vieron obligadas a guardar silencio sobre su sufrimiento, en lo que se conoce como “El Grito de Hilda”, un homenaje a las víctimas de la represión de la recientemente fallecida Hilda Farfanta, hija de dos profesores fusilados, que se convirtió en el himno del desaparecido Franco.

Como respuesta se creó el proyecto BENITA (Bienestar psicológico ante la exhumación y duelo no resuelto: el impacto del trauma y la pérdida ambigua en las familias de las víctimas de la represión franquista). Se trata del primer estudio terapéutico con víctimas del franquismo en España y cuenta con la colaboración de la Asociación Comisión de la Verdad de San Sebastián de los Reyes (ACVSSR). A través de él, a partir de julio, un equipo interdisciplinario de especialistas en victimización y duelo entrevistará a familiares de segunda a cuarta generación de víctimas del régimen de Franco durante cuatro años para descubrir síntomas.

Duelos congelados, duelos ilegales

Para quienes han experimentado directamente la represión, no saber dónde está un miembro de la familia conduce a lo que Pauline Boss, profesora emérita de la Universidad de Minnesota, define como “pérdida ambigua”: llorar sin un cuerpo al que llorar. A este malestar, el miedo a represalias por parte del régimen podría añadir una tristeza congelada – esperando el momento para expresarla – y no autorizada, no reconocida por toda la sociedad.

Para las nuevas generaciones, el desempoderamiento adopta otra forma: la falta de una defensa unánime de la necesidad de atención emocional. Sin esta validación, el duelo no puede desarrollarse, independientemente de cuándo se nazca, como ya se ha documentado en familiares de distintas generaciones en otros países que han pasado por dictaduras, como Chile.

La combinación de estos fenómenos explica la transmisión intergeneracional del trauma: en un estudio con los descendientes de quienes sufrieron el genocidio en Ruanda, se observó que el dolor de las primeras generaciones afectaba a las siguientes, que mantienen los síntomas psicológicos asociados al trauma.

Además, las personas de tercera y cuarta generación en España, incluso sin encontrarse con los desaparecidos, pueden seguir sufriendo por la misma razón que sufrieron sus antepasados. ¿Pueden las sociedades democráticas permitir que personas traumatizadas existan sin cuidados?

¿Por qué todavía duele casi un siglo después?

En España hay 4.922 fosas registradas en el mapa del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática. De ellos, casi el 17 por ciento son dignos, pero el 40 por ciento aún no ha intervenido. Este mapa interactivo eleva la cifra a 6.000, indicando que no es posible estar a más de 50 kilómetros de una fosa común en España.

Excavación de una tumba en el cementerio de Bellaguarda (en Lleida) en la que se encontraron los restos de quince personas asesinadas durante la Guerra Civil Española. Generalitat de Cataluña, CC BI

Eso significa que hay decenas de miles de familiares buscando los restos de sus seres queridos o esperando a que sean identificados como única forma de paliar el abismo del olvido al que se enfrentan.

En 2004, las Naciones Unidas articularon un marco de referencia internacional para abordar estos contextos: la Justicia Transicional. Se trata de un marco de intervención para países en posconflicto basado en cuatro pilares: verdad, justicia, reparaciones y garantías de no repetición.

La evidencia muestra que cuanto antes se implemente este marco, mayor será su eficacia. En países como Argentina, Chile o Sudáfrica, que han sufrido conflictos civiles y dictaduras, las intervenciones que combinaron el reconocimiento institucional y la intervención psicológica en torno a estos cuatro pilares han proporcionado evidencia de potencial reparador.

Hacia una solución de reparación

En este sentido, las leyes de memoria histórica (2007), de memoria democrática (2022) y la Recomendación de la ONU de 2014 -que llamaba a España a considerar “la búsqueda de personas desaparecidas como una obligación”- fueron pasos valiosos hacia algo parecido a la justicia transicional. Entre otras cosas, ayudaron a confirmar a las familias, mejorar la memoria de las víctimas y promover la búsqueda de los desaparecidos.

Pero, como comentábamos, el dolor acumulado perdura por generaciones, como lo demuestran los bancos de voz que digitalizan horas de testimonios de supervivientes de toda España (Banco de Testimonios Audiovisuales; HISMEDI; Vencidx); libros con testimonios sobre duelo y exhumación (Llantos convertidos en puños, Ignacio Fernández de Mata; Quitar cielo y tierra, Zoe de Kerangat, o Exhumaciones para Dios y para España, Mirama Saka). Todos ellos son de un valor histórico inestimable.

El Proyecto Benita es una apuesta científica, humana y social que pretende comprender este sufrimiento intergeneracional y ofrecer mecanismos de intervención basados ​​en evidencia para paliarlo antes de que pase más tiempo.


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