La búsqueda de exoplanetas ha cambiado la forma en que entendemos el universo. Durante mucho tiempo, los astrónomos clasificaban los planetas tomando como referencia los mundos del Sistema Solar. Sin embargo, los miles de exoplanetas descubiertos en las últimas décadas han revelado una diversidad mucho mayor de la esperada. Entre ellos destaca Kepler-138d, un planeta a unos 200 años luz de la Tierra que podría pertenecer a una categoría completamente diferente a cualquier cosa conocida en nuestro vecindario cósmico.
Mundo oceánico
Kepler-138d ha despertado mucho interés porque, a pesar de tener un tamaño similar al de la Tierra, parece mucho menos denso. Los datos sugieren que podría contener grandes cantidades de agua y materiales ligeros, hasta el punto de que ha sido identificado como uno de los candidatos más prometedores para un mundo oceánico. Si esta interpretación es correcta, estaríamos ante un planeta cuya estructura interna y condiciones ambientales podrían ser radicalmente diferentes a las de la Tierra.
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Y eso nos lleva a una pregunta fascinante: si existen mundos tan diferentes al nuestro, ¿podría haber mundos en los que los seres humanos pudiéramos volar moviendo los brazos?
Representación artística de la estrella Kepler-9 y dos de sus exoplanetas, caracterizados por su densidad extremadamente baja. NASA, Jet Propulsion Laboratory/California Institute of Technology, Ames Research Center Cuando el medio ambiente importa tanto como el cuerpo
La respuesta intuitiva es no. Los humanos no tenemos alas y nuestra anatomía no está diseñada para volar. Sin embargo, esa conclusión depende en gran medida de las condiciones físicas de la Tierra.
Nuestro planeta combina una gravedad relativamente intensa con una atmósfera que, si bien es suficiente para que los pájaros y los aviones vuelen, no proporciona el apoyo necesario para que una persona se mantenga en el aire utilizando la fuerza de sus propios brazos. Por eso necesitamos tecnologías que compensen estas limitaciones.
Pero la física del vuelo no depende sólo del organismo. También depende del entorno.
Dos ingredientes del vuelo humano asistido
Para imaginar un mundo en el que un hombre pudiera volar moviendo los brazos se necesitan dos ingredientes básicos.
La primera es la gravedad relativamente baja. Cuanto menor es la fuerza gravitacional de un planeta, menor es el peso de cualquier objeto en su superficie. Los saltos serán más altos, las caídas más lentas y permanecer en el aire será mucho más fácil.
Otro ingrediente es la densa atmósfera. Cuando el aire contiene más materia, los movimientos crean fuerzas aerodinámicas más intensas. Cualquier superficie expuesta al flujo de aire produce más sustentación y puede permanecer suspendida más fácilmente.
La combinación de ambos factores cambia por completo las reglas del juego. En un planeta con una gravedad moderada y una atmósfera particularmente espesa, una persona equipada con membranas deslizantes simples podría moverse por el aire con una eficiencia sorprendente. Los movimientos de brazos y piernas ayudarían a mantener la altitud, aprovechar las corrientes atmosféricas y ampliar el tiempo de vuelo.
No sería un vuelo como el de los pájaros, sino algo a medio camino entre saltar, deslizarse y navegar por el aire.

Volar siempre ha sido un sueño de la humanidad. Wikimedia Commons Lo que nos enseña Kepler-138d
Kepler-138d es particularmente interesante porque muestra que existen mundos con propiedades físicas muy diferentes a las de la Tierra. Su baja densidad sugiere una composición rica en agua y materiales ligeros, algo que hasta hace unos años apenas aparecía en los modelos planetarios más comunes.
Aunque todavía conocemos pocos detalles sobre su atmósfera, este planeta puede representar uno de los primeros ejemplos de una familia de mundos donde las condiciones ambientales son profundamente diferentes a las que se encuentran en la Tierra. Los llamados mundos oceánicos podrían tener vastas atmósferas y entornos físicos muy diferentes de lo que estamos acostumbrados a imaginar.
Precisamente por eso, Kepler-138d nos invita a pensar en posibilidades que antes parecían reservadas a la ciencia ficción. Si hay planetas con composiciones tan diferentes, también podría haber mundos donde la combinación de gravedad y atmósfera favorezca formas de movilidad imposibles en nuestro planeta.
En este contexto, el vuelo humano asistido deja de ser una fantasía absurda y pasa a ser una consecuencia plausible de determinadas condiciones físicas.
Un universo lleno de posibilidades
La imagen de una persona levantándose lentamente mientras mueve los brazos puede parecer sacada de una novela de fantasía. Sin embargo, no contradice ninguna ley de la naturaleza. Lo único que se necesita es un entorno adecuado.
Kepler-138d es importante no porque sepamos exactamente cómo se ve, sino porque nos recuerda que la Tierra es sólo una de las muchas formas posibles de construir un planeta. Cada nuevo exoplaneta descubierto amplía nuestra visión de lo que puede existir en el universo.
Quizás algunos de estos mundos tengan una atmósfera tan espesa y condiciones gravitacionales tan favorables que volar sea casi tan natural como caminar. Quizás los habitantes de estos planetas aprendan a planificar desde niños y consideren los viajes en avión como una habilidad cotidiana.
A medida que descubrimos más mundos como Kepler-138d, resulta cada vez más claro que muchas de las limitaciones que damos por sentadas son simplemente el resultado de vivir en un planeta en particular. En algún lugar de la galaxia podría haber un mundo donde el antiguo sueño humano de volar no requiera motores ni alas artificiales. Bastaría con extender las manos y dejar que el planeta hiciera el resto.
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