Quiero ayudar después de una emergencia humanitaria: ¿cuál es la mejor manera de hacerlo?

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Cada vez que un terremoto, una inundación o un conflicto afecta a miles de personas, la reacción de los ciudadanos es inmediata: queremos ayudar. El problema no es la falta de generosidad, sino no saber canalizarla bien.

Aquí las buenas intenciones no siempre coinciden con la ayuda más eficaz. Revisamos las tres formas principales (donar bienes, contribuir a organizaciones humanitarias reconocidas o financiar directamente a organizaciones locales) con sus ventajas, sus limitaciones y lo que dice la experiencia sobre cuál suele tener el mayor impacto.

Colección de entradas: la opción más visible, pero casi nunca la más útil

Enviar ropa, comida o medicinas es el gesto más intuitivo: das algo tangible y sientes que realmente estás ayudando. Sin embargo, es la opción que más advertencias recibe por parte de las organizaciones humanitarias. La Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) desaconseja las donaciones en especie en la fase inmediata de una emergencia porque pueden desbordar la logística de los gestores de desastres sobre el terreno.

Las razones son prácticas: clasificar, embalar, transportar y almacenar mercancías cuesta tiempo y dinero, recursos extremadamente escasos en medio de un estado de emergencia. Además, lo que enviamos no siempre se corresponde con lo que realmente se necesita -por diferencias de tamaño, clima o cultura alimentaria- y en muchos casos acaba acumulado en almacenes, o incluso desechado.

En 2008, cuando trabajaba con el equipo de emergencia de las Naciones Unidas en Ecuador, sufrimos los efectos de las inundaciones de El Niño y llegaron muchos aviones con ayuda de muchos países. Contamos lo enviado con lo que realmente se necesitaba: sólo el 5% de lo que llegó fue útil.

Cajas de medicamentos y ayuda humanitaria de UNICEF para Ucrania (2022). Sodel Vladislav/Shutterstock

Otro ejemplo, este de 2011, cuando trabajaba con las Naciones Unidas en Etiopía. La base de la dieta allí es la injera, un pan plano elaborado con un grano local llamado teff. Como parte de la respuesta a la crisis humanitaria de ese año, Estados Unidos envió toneladas de maíz, gran parte del excedente de su propia producción agrícola. El problema es que gran parte de la población etíope no conocía ese alimento ni sabía cocinarlo, y simplemente no lo quería.

El Instituto de Estudios de Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH) ha creado guías prácticas para orientar a los ciudadanos sobre las donaciones en especie. ¿Cuándo tienen sentido este tipo de donaciones? Sólo si existe una invitación específica de una organización que ya opera allí y ha solicitado ese material específico.

Donar a organizaciones reconocidas en España: seguridad, trazabilidad… y beneficios fiscales

Aportar dinero a una organización no gubernamental española con acreditada experiencia humanitaria es, por consenso, el método más recomendado por los expertos en ayuda internacional. Estas entidades cuentan con personal profesional, mecanismos de coordinación con autoridades locales y sistemas de rendición de cuentas probados.

Además, muchas de estas organizaciones trabajan con estándares humanitarios universales que guían la ayuda en casos de desastre, como los estándares Esfera, que buscan proteger la dignidad humana al responder a las personas afectadas: cuánta agua o cantidades mínimas de alimentos se debe dar y bajo qué condiciones, qué refugios deben ser, qué características debe tener la atención médica, etc. Estos estándares fueron establecidos por la Organización Internacional de la Cruz Roja después del fracaso de la Cruz Roja Internacional. refugiados del genocidio en Ruanda en 1994.

Además de la profesionalidad y la responsabilidad, existe un incentivo adicional que algunos ciudadanos desconocen: si la entidad está acogida a la Ley 49/2002, de régimen fiscal de las entidades sin fines lucrativos, la donación se descuenta del IRPF.

Contribuir a instituciones u organizaciones locales: ayuda directa sin intermediarios

La financiación directa de una organización local tiene una ventaja muy clara: la financiación llega sin intermediarios y más directamente a quien está ayudando sobre el terreno. Esto normalmente se traduce en una mayor flexibilidad para ajustar los fondos a las necesidades reales y cambiantes y en menores costos promedio de gestión.

Sin embargo, también tiene un inconveniente: al donante le resulta más difícil comprobar la solvencia y los antecedentes de la organización, y no siempre está claro si posee la profesionalidad y los conocimientos necesarios para trabajar en contextos humanitarios. Además, estas donaciones no suelen dar derecho a deducción fiscal en España, ya que la entidad que las recibe no está amparada por la Ley 49/2002.

Esta vía se recomienda cuando existe una relación previa y contrastada de confianza con la entidad local, por ejemplo, a través de la asociación en España de ciudadanos de inmigrantes procedentes de países en situación de emergencia, que suelen tener conocimiento directo del terreno y organizaciones fiables que operan allí.

¿Por qué es mejor el dinero que las donaciones en especie?

Independientemente de hacia dónde se canalicen los recursos, el consenso del sector humanitario –reunido por AECID, CONGDE y organizaciones como CALP (Cash Learning Partnership)– es claro: es preferible el dinero a los bienes materiales.

Una donación económica permite comprar lo que necesitas en mercados locales o cercanos a la zona afectada, lo que, además de garantizar que las ayudas se adaptan a las necesidades reales, reactiva la economía local justo cuando más se necesita. Es decir, crea empleo, sostiene las empresas y evita la dependencia total de la ayuda exterior. Así es lo que el sector llama programas de transferencias monetarias, que hoy se consideran la forma más eficaz de ayuda humanitaria que respeta la dignidad de las personas afectadas.

Es necesario ayudar, aunque para ello también se requiere información. La velocidad con la que se realizan las donaciones no debe estar por delante de la eficiencia con la que esa ayuda llega a quienes la necesitan.


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