Interactuar con moderación con las tecnologías digitales puede reducir el riesgo de deterioro cognitivo

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Durante años, las nuevas tecnologías, desde los teléfonos móviles hasta las redes sociales, han sido destacadas como una posible amenaza para el cerebro. El miedo está ahí: ¿las pantallas están destruyendo nuestras mentes? Algunos expertos ya hablan de demencia digital.

La hipótesis se basa en una preocupación: ¿qué pasa cuando dejamos de hacer esfuerzos mentales? Hoy en día, delegamos cada vez más tareas a nuestros dispositivos móviles. Ya no recordamos los números de teléfono, apenas nos las arreglamos sin GPS y muchas dudas se resuelven con un clic. Según esta idea, cediendo estas funciones a la tecnología podríamos desentrenar el cerebro.

En las personas mayores, este supuesto proceso podría favorecer el deterioro cognitivo de tres formas principales. El primero sería un estilo de vida mentalmente sedentario, cuando el tiempo pasivo frente a una pantalla reemplaza actividades que requieren un mayor esfuerzo intelectual.

En segundo lugar, al delegar tareas como recordar información, planificar u orientar, se produce delegación cognitiva. Lo que reduce el uso de funciones como la memoria y la programación.

El tercero es la fragmentación de la atención, causada por la exposición constante a notificaciones, interrupciones y distracciones digitales. Y eso puede dificultar la concentración profunda y sostenida.

No todo son malas noticias en el entorno digital. Frente a esto surge un nuevo concepto: “reserva tecnológica”.

De la demencia digital a la reserva tecnológica

La interacción con las tecnologías digitales puede actuar como factor de protección. Al igual que ocurre con actividades como la lectura o el aprendizaje de idiomas, el uso de la tecnología podría contribuir a un rendimiento cognitivo mejor de lo esperado para la edad o la salud. Esto es lo que se conoce como reserva tecnológica y ayudaría a mantener el cerebro activo y funcional durante más tiempo.

El enfoque está alineado con el concepto de reserva cognitiva. Por tanto, determinadas experiencias como la educación, el aprendizaje continuo y la participación en actividades mentalmente estimulantes ayudan al cerebro a resistir mejor el envejecimiento y el daño cerebral. En la práctica, es como acumular capital neuronal. Cuanto más activa mantenemos nuestra mente, más robusta será nuestra estructura cerebral.

Lo que dice la evidencia científica

Un metaanálisis que analizó los resultados de numerosos estudios sobre el uso de las tecnologías digitales y la cognición encontró un hecho sorprendente: las personas que interactúan con las tecnologías digitales tienen un menor riesgo de deterioro cognitivo.

De hecho, esta proporción era comparable, y en algunos casos incluso superior, a la de factores protectores bien conocidos. Estos incluyen mantener la presión arterial bajo control, realizar actividad física regular, un mayor nivel de educación o participar en actividades de ocio intelectualmente estimulantes.

Estos resultados, obtenidos de 411.430 adultos mayores de 50 años, son especialmente relevantes para los llamados “pioneros digitales”. Es decir, las generaciones que vivieron la transición al mundo digital e incorporaron estas tecnologías a su día a día, y que ya han llegado a la edad en la que la demencia empieza a aparecer.

Tres formas en que la tecnología puede proteger el cerebro

La investigación sugiere al menos tres mecanismos principales que podrían explicar esta asociación positiva.

1. Estimulación cognitiva más compleja

Las tecnologías digitales ofrecen entornos mentalmente dinámicos y cambiantes. Por ejemplo, resolver un crucigrama en papel y hacerlo en una aplicación digital implica procesos mentales similares.

Sin embargo, el entorno digital añade nuevos desafíos. Por ejemplo, aprender a utilizar interfaces en constante cambio, gestionar múltiples fuentes de información, resolver problemas técnicos o filtrar distracciones. Todo esto puede suponer un entrenamiento extra para el cerebro.

2. Mayor conexión social

El aislamiento social es uno de los factores de riesgo más importantes del deterioro cognitivo en las personas mayores. Las tecnologías digitales, desde las videollamadas hasta las redes sociales, facilitan la conexión con familiares, amigos y comunidades, especialmente cuando las interacciones cara a cara son limitadas.

Esta conexión social no sólo mejora el bienestar emocional, sino que también se asocia con un mejor funcionamiento cognitivo.

3. Estrategias de compensación

La tecnología también puede actuar como una herramienta de asistencia. Los recordatorios digitales, las agendas electrónicas y los sistemas de navegación ayudan a compensar pequeños fallos de memoria, permitiendo a las personas mantener su independencia y funcionalidad durante más tiempo.

Este andamiaje digital no reemplaza las capacidades cognitivas, pero puede ayudar a preservarlas.

A pesar de los resultados prometedores, la tecnología no es una solución mágica. El mismo estudio advierte que no existe una respuesta sencilla sobre si la tecnología siempre es beneficiosa o perjudicial para el cerebro que envejece.

El uso moderado puede promover la estimulación cognitiva y la conexión social. Sin embargo, un uso excesivo o pasivo, como el consumo prolongado de contenidos sin interacción, puede tener efectos negativos.

Además, la tecnología también introduce nuevos riesgos, como la exposición a información errónea, un mayor aislamiento en persona y la vulnerabilidad al fraude digital, especialmente entre las personas mayores.

Una nueva perspectiva sobre el envejecimiento digital

Lejos de ser una amenaza inminente, la tecnología podría convertirse en una aliada de un envejecimiento cognitivo saludable, siempre con moderación. Los pioneros digitales podrían beneficiarse de una forma moderna de estimulación cognitiva.

La clave, como en muchos aspectos de la salud, parece ser el equilibrio: utilizar la tecnología de forma activa, significativa y con moderación.

En lugar de preguntarnos si la tecnología está dañando nuestro cerebro, tal vez deberíamos preguntarnos cómo podemos usarla para mantenerlo activo por más tiempo.


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