Las empresas no están en el centro de la transición verde en Europa y esto la está limitando

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Europa está invirtiendo miles de millones de euros para hacer su economía más sostenible. Pero ¿quién está impulsando realmente esta transición?

Parece lógico pensar que la transición hacia una economía circular, donde los productos se reutilicen, reparen y reciclen en lugar de desecharse, dependa en gran medida de las empresas. Diseñan productos, gestionan cadenas de suministro y, en última instancia, llevan la innovación al mercado. Aunque los consumidores -a través de sus decisiones de gasto- y las instituciones públicas -a través de regulaciones, como el derecho a reparar- también han contribuido a impulsar este cambio, son las empresas las que tienen la capacidad de traducir estas demandas en soluciones concretas a gran escala.

La realidad, sin embargo, es más compleja. En una investigación reciente, analizamos más de 200 proyectos de Horizonte Europa, la estrategia de investigación y desarrollo (I+D) más grande de Europa, en la que participan más de 2.000 organizaciones de 31 países diferentes. Los resultados muestran que, aunque las empresas están presentes, no ocupan posiciones centrales en la dirección de los procesos de I+D que nos empujan hacia la circularidad. Y esa diferencia puede tener consecuencias importantes.

Las empresas no participan en las etapas iniciales de diseño.

La política europea de innovación se estructura en torno a grandes proyectos colaborativos que reúnen a empresas, universidades, centros de investigación y administración pública. Si bien las empresas desempeñan un papel visible en la implementación de soluciones, las universidades y los centros de investigación ocupan posiciones centrales en estas redes de I+D, conectando actores y coordinando proyectos. El resultado es un modelo en el que quienes crean conocimiento también determinan cómo se articula la colaboración.

La participación de diferentes actores en el sistema de innovación en Europa. República Popular China= empresas privadas; REC= centros de investigación; HES= universidades; PUB= administración pública. El tamaño de los nodos viene determinado por la contribución (€) de Horizonte Europa. El color indica centralidad (importancia en la red). El grosor de los enlaces representa el número de proyectos. La dirección se relaciona con el rol de coordinación (origen) y participación (destino). Marta Ferrer Serrano

Esta división puede parecer funcional: algunas organizaciones coordinan, otras implementan, pero la realidad es que introduce una tensión relevante. Las empresas conocen de primera mano las limitaciones de la producción, la logística y los mercados. Cuando no se incluyen en las etapas iniciales de diseño, es posible que las innovaciones no cumplan plenamente esas condiciones.

Esto no significa que las soluciones sean ineficaces, pero sí que son más difíciles de escalar o integrar en procesos de producción reales. En una transición que requiere cambios profundos en la producción y el consumo, este desequilibrio puede frenar el progreso.

Y la lira también: la transición a una economía circular será más fácil con empresas orientadas a la sostenibilidad y la innovación

Un sistema que soporta muy poco

El sistema de innovación europeo destaca por su capacidad de cooperación. Esta densidad de conexiones entre organizaciones es lo que facilita el intercambio de conocimientos y la generación de nuevas ideas.

Sin embargo, en el ecosistema europeo sólo un pequeño número de actores, principalmente universidades y centros de investigación, ocupan posiciones clave en la red. Esta centralidad permite la coordinación del sistema, pero genera dependencia: si estos actores reducen su participación, la red puede perder cohesión rápidamente. En este contexto, el papel más periférico de las empresas también limita su capacidad para mantener o reconfigurar dinámicas cooperativas.

Pero ¿por qué las empresas no ocupan un lugar central? La coordinación de proyectos europeos requiere experiencia administrativa, conocimiento de los mecanismos de financiación y capacidad para gestionar estructuras complejas. Las universidades y centros de investigación están especialmente preparados para ello.

Las empresas operan según lógicas diferentes, donde la flexibilidad, la rapidez y la eficiencia en la asignación de recursos son prioridades. Asumir que las funciones de coordinación conllevan costos, mayor burocracia y resultados inciertos. Por tanto, su posición refleja más un ajuste a los incentivos que una exclusión.

Además: ¿Por qué la economía circular no avanza por igual en todas las regiones europeas?

Freno silencioso en el cruce verde

Europa ha construido uno de los sistemas de innovación más ambiciosos para fomentar la sostenibilidad. Está bien financiado, promueve la colaboración y genera conocimiento constantemente. Sin embargo, su estructura revela una limitación menos visible.

El desafío, actualmente, no es aumentar la participación de las empresas, sino repensar su papel. Si la economía circular quiere consolidarse más allá de proyectos concretos, será necesario reforzar la implicación de las empresas en las fases en las que se definen prioridades, estructuras de cooperación y objetivos. Esto requiere reducir las barreras administrativas y crear incentivos que hagan sostenible su participación en funciones de coordinación.

Mientras las empresas sigan siendo centrales en la ejecución pero periféricas en la toma de decisiones, la transición verde seguirá teniendo una frontera difícil de superar. Porque no basta con innovar más: si quienes tienen que transformar la economía no participan en su dirección, la innovación difícilmente llegará a donde importa.


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