Linfedema y lipedema: en qué se diferencian de la celulitis y cómo se pueden tratar

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Se estima que entre el 80% y el 98% de la población femenina presenta algún grado de celulitis a lo largo de su vida, básicamente un cambio estético. Sin embargo, el 40% de las mujeres padece patologías que pueden atribuirse erróneamente a la famosa “piel de naranja”: linfedema y lipedema. Conocerlos bien y saber diferenciarlos le permite identificar señales de advertencia y buscar ayuda profesional cuando sea necesario.

1. Celulitis

La celulitis (también llamada lipodistrofia ginecoide) es causada por la menstruación y se caracteriza por un cambio en la estructura del tejido adiposo. Provocada por factores hormonales, vasculares, metabólicos y mecánicos, la causa principal suele ser un aumento de estrógenos, que afecta a la organización del tejido adiposo y crea nódulos grasos de mayor tamaño (adipocitos).

El aumento de adipocitos hace que la microcirculación sanguínea se ralentice, ya que los nudos aprietan los pequeños vasos sanguíneos. Y este problema a su vez aumenta el líquido acumulado en las zonas afectadas por la celulitis. Por este motivo, las zonas más grasas, como las caderas o el abdomen, se vuelven más frías al tacto.

¿Y por qué la “piel de naranja” aparece con mucha más frecuencia en las mujeres? La respuesta está en cómo está estructurado el tejido debajo de la piel. Bandas de tejido fibroso llamadas tabiques conectan la piel superficial, como cuerdas, con estructuras más profundas del cuerpo. En las mujeres se colocan de forma vertical, mientras que en los hombres se disponen de forma oblicua o transversal. Cuando los adipocitos aumentan de tamaño y esas particiones fibrosas se vuelven más rígidas o pierden elasticidad con el tiempo, tiran de la piel hacia abajo mientras la grasa empuja hacia arriba.

Esta fuerza combinada crea la apariencia irregular de la celulitis, con sus característicos “hoyuelos”. En los hombres, dado que las particiones están orientadas en diferentes direcciones, la tracción se distribuye mejor y la superficie de la piel permanece más uniforme.

El estrés, el sedentarismo, fumar o tomar anticonceptivos son factores que inciden en la gravedad de la celulitis. Sin embargo, a pesar de sus efectos visibles, no provoca hinchazón progresiva de las piernas, ni afecta el sistema linfático, ni provoca complicaciones clínicas relevantes, más allá del impacto estético o emocional. En definitiva, no es una enfermedad.

2. Linfedema

Por el contrario, el linfedema es una enfermedad crónica del sistema linfático que puede afectar la movilidad y la calidad de vida. Se caracteriza por la acumulación de líquido -principalmente en las piernas- debido a un mal funcionamiento del sistema de drenaje del cuerpo.

Algunos linfedemas ocurren debido a cambios en el desarrollo del sistema linfático (linfedema primario), aunque son raros. Lo más habitual es que surjan como consecuencia de otros procesos, como la extirpación de ganglios linfáticos en operaciones oncológicas -por ejemplo, en pacientes con cáncer de mama- o tras recibir radioterapia. La obesidad y algunas infecciones también pueden provocarla.

El linfedema, que suele ser progresivo, provoca sensación de pesadez, tirantez y, en ocasiones, dolor. Es común notar un aumento en el volumen de las extremidades, que puede manifestarse visiblemente al final del día. Un signo típico es una marca profunda que dejan los calcetines o cierta ropa en la piel, lo que indica acumulación de líquido.

Aquí hay otras diferencias con la “piel de naranja”:

Mientras que la piel de la celulitis puede pellizcarse fácilmente, en el linfedema se vuelve tirante y difícil de agarrar (el llamado signo de Stemmer).

La celulitis rara vez causa dolor o pesadez, mientras que el linfedema suele ir acompañado de tensión, pesadez y malestar.

En la celulitis no hay edema, mientras que el linfedema provoca una acumulación de líquido que empeora con el tiempo.

La celulitis suele afectar a ambas piernas, mientras que el linfedema suele aparecer en una sola extremidad.

3. Lipedema

El lipedema es una patología que muchas mujeres -prácticamente sólo la población femenina- padecen sin saberlo. A primera vista puede parecer “celulitis severa”, “piernas anchas” o “retención de líquidos”, pero en realidad se trata de un trastorno del tejido adiposo que hace que las piernas (y en ocasiones los brazos) acumulen grasa de forma simétrica, dolorosa y desproporcionada, incluso con una vida activa y una dieta cuidada.

Su causa exacta no se conoce del todo, pero sabemos que están implicados factores hormonales, genéticos e inflamatorios. Suele aparecer o empeorar durante los cambios hormonales, como la pubertad, el embarazo o la menopausia.

En cuanto a los síntomas, los enfermos describen una sensación muy reconocible: dolor en las piernas al tocarlas, hematomas que “aparecen porque sí” y persistencia en aumentar el volumen de las piernas aunque el resto del cuerpo esté perdiendo peso.

Muchas mujeres lo confunden con la celulitis, pero la “piel de naranja” no duele, no provoca hematomas y no provoca un engrosamiento notorio de las piernas. Con el linfedema las diferencias son aún más claras: suele afectar sólo a una pierna, progresa con los años y la piel se vuelve tirante y dura.

En manos de la fisioterapia

La fisioterapia juega un papel esencial en el tratamiento del linfedema y lipedema, ya que actúa directamente sobre el tejido, la circulación y el movimiento, cuyos tres pilares ambas afecciones cambian con el tiempo.

Para el tratamiento del linfedema se utiliza la denominada terapia descongestiva compleja, que combina drenaje linfático manual, vendajes multicapa, prendas compresivas, ejercicios específicos y cuidados de la piel.

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Aplicación de un vendaje compresivo para el tratamiento del linfedema. Petia_is/Shutterstock

Esta estrategia reduce el volumen del edema, mejora la función de los vasos linfáticos y reduce la fibrosis tisular. El drenaje manual es especialmente beneficioso porque estimula las partes sanas del sistema linfático para que “tomen el relevo” de las áreas dañadas. Por otro lado, los ejercicios suaves favorecen la acción de la llamada “bomba muscular”, que es el motor natural del retorno linfático.

Con el lipedema el objetivo es diferente: aquí pretendemos reducir el dolor, mejorar la movilidad, reducir la sensación de pesadez y frenar la progresión del edema secundario, que puede presentarse en estadios avanzados. Debido a que esta afección implica cambios en la grasa, el agua extracelular y los vasos sanguíneos pequeños, técnicas como el drenaje linfático, la compresión adaptativa y el ejercicio ligero ayudan a controlar los síntomas. Los profesionales también enseñan a los pacientes estrategias de autocuidado, como ejercicio diario, pautas de movimiento y recomendaciones para reducir la inflamación.

En ambos trastornos, la fisioterapia ofrece algo que ningún otro tratamiento puede ofrecer: herramientas para restaurar la autonomía, reducir el malestar y hacer que el cuerpo vuelva a sentirse receptivo. Y, sobre todo, ayuda a las mujeres a comprender que no están “hinchadas” porque sí, sino que sus tejidos necesitan cuidados que realmente pueden marcar la diferencia.


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