Cuando un desastre natural azota una región, lógicamente la atención se centra en las víctimas y los daños a la propiedad. Pero hay otra dimensión menos visible y que cada vez cobra más importancia: la financiera.
El mundo académico ha comenzado a investigar si los desastres naturales también afectan el riesgo crediticio soberano. Es decir, en su capacidad para endeudarse y en las condiciones en que lo hacen. Veamos qué nos dicen estos estudios hasta ahora y qué preguntas quedan aún abiertas.
Y la lira también: ¿Cómo afectan los desastres naturales a las decisiones de los inversores institucionales?
Por qué un desastre puede complicar las finanzas públicas
Después de un desastre, los gobiernos suelen aumentar el gasto en esfuerzos de rescate, reconstrucción y socorro. Esto puede aumentar el déficit y con él el nivel de deuda pública. Si los mercados financieros ven esta deuda como menos sostenible, el costo de financiar al gobierno tiende a aumentar.
Este mecanismo depende de muchos factores: la magnitud del desastre, el estado previo de las finanzas públicas, la capacidad institucional del país o el acceso a seguros y ayuda internacional. Según un informe global de 2025 de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR), la factura global por estos eventos podría acercarse a los 2,3 billones de dólares anuales (aunque estas estimaciones deben interpretarse con cautela debido a la cantidad de variables involucradas).
Lo que dice la investigación: la primera evidencia
Estudios pioneros sugieren que el vínculo existe, aunque los efectos varían según el tipo de desastre y el contexto económico del país. Algunas investigaciones sugieren que los desastres geofísicos (terremotos, erupciones volcánicas, deslizamientos de tierra, avalanchas) y meteorológicos (olas de calor, huracanes, tornados) tienden a aumentar las primas de riesgo país (la tasa a la que se financian en los mercados internacionales) tanto en el corto como en el largo plazo. Por otro lado, los eventos hidrológicos (sequías, inundaciones) muestran efectos más transitorios.
En el caso de los países del Caribe, la exposición repetida a huracanes puede limitar la capacidad de los gobiernos para emitir deuda en condiciones favorables. En Europa, un análisis de 92 desastres en 17 países entre 2007 y 2021 provocó reacciones encontradas en los mercados de deuda soberana: el impacto varía según la región y el tipo de desastre.
El impacto sobre el riesgo soberano es mayor en los países del sur de Europa y del este de Europa, mientras que Europa occidental muestra efectos más moderados y Europa del norte los más pequeños. Los desastres geofísicos y climatológicos (terremotos, incendios, deslizamientos de tierra, erupciones volcánicas) generan el mayor aumento del riesgo soberano, superando a los hidrológicos y meteorológicos (sequías, precipitaciones extremas, inundaciones).
Este es un tipo de investigación joven y matizada. No todos los desastres tienen el mismo impacto ni todos los países reaccionan igual.
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Riesgo global, no sólo local
Una de las conclusiones más relevantes de este estudio es que los desastres naturales no son eventos aislados. Sus consecuencias financieras son contagiosas. Cuando un país sufre un desastre, los inversores que tienen deuda de países vecinos o de países con economías similares también se vuelven cautelosos.
Un estudio reciente del Banco de Pagos Internacionales (BPI) de 52 economías entre 2000 y 2023 confirma que los riesgos físicos (daños directos a las personas y la infraestructura) y los riesgos de transición (impactos económicos derivados de la transición ambiental) causados por el cambio climático se están trasladando a los rendimientos de los bonos gubernamentales, con efectos en los rendimientos de los bonos gubernamentales y en los países en desarrollo con rendimientos más altos.
Más expuestos y con menos recursos
Las investigaciones sugieren que las economías en desarrollo pueden ser más vulnerables a estos efectos porque tienen:
Menos espacio fiscal para absorber daños imprevistos (menos fondos disponibles, posibilidad de endeudamiento o flexibilidad de sus presupuestos).
Acceso más limitado a instrumentos y mecanismos para identificar, evaluar, controlar y mitigar amenazas, proteger sus recursos, predecir impactos negativos y tomar decisiones informadas frente a la incertidumbre.
Infraestructura frágil.
Un análisis del Fondo Monetario Internacional (FMI) de 164 países estima que la sequía puede reducir el crecimiento del PIB en las economías en desarrollo en aproximadamente 1,4 puntos porcentuales y empeorar el saldo primario (la diferencia entre los ingresos tributarios de un país y lo que gasta en sus políticas públicas y para pagar a sus funcionarios). Por otro lado, en las economías desarrolladas el efecto fiscal es menos pronunciado.
De manera similar, otro artículo con datos de 98 países señala que los más vulnerables al cambio climático tienden a pagar más por el financiamiento en los mercados, aunque la causalidad es compleja y difícil de aislar.
El cambio climático como factor de riesgo financiero
Si los desastres naturales pueden afectar el riesgo soberano hoy, el cambio climático plantea interrogantes sobre lo que podría suceder en el largo plazo. Una simulación reciente de las calificaciones crediticias de 109 países sugiere que, en escenarios de altas emisiones, varias docenas de países podrían experimentar rebajas en sus calificaciones para 2030, lo que podría aumentar el costo de la deuda soberana.
Estas proyecciones, que se basan en modelos matemáticos (con la incertidumbre adecuada), muestran una tendencia que los gestores de riesgos y los responsables de las políticas económicas están teniendo cada vez más en cuenta.
Investigación en progreso, preguntas abiertas
Los estudios sobre la conexión entre los desastres naturales y el riesgo soberano son relativamente recientes y requieren más evidencia, pero apuntan en una dirección clara: las consecuencias de un desastre natural no se limitan a daños inmediatos, sino que pueden extenderse a la capacidad de un país para financiarse, lo que afectará su desarrollo a largo plazo. Una mejor comprensión de esa relación es en sí misma una forma de prepararse para el día después.
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