Ocho acciones para mejorar la gestión del riesgo de incendios y la protección de la población

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
9 Lectura mínima

Cuando las llamas se extendieron hacia la localidad de Bédar (Almería), el alcalde dio la desesperada orden de tocar las campanas de la iglesia para avisar a los vecinos. Pero esto no fue suficiente. El incendio de Los Gallardos, con 13 muertos y 7.000 hectáreas quemadas, se convirtió en el tercero más mortífero de España. La mayoría, extranjeros jubilados que vivían en casas aisladas, murieron atrapados en sus vehículos o huyendo a pie por caminos sin salida, en una zona dominada por la maleza y una topografía escarpada de difícil acceso.

Las altas temperaturas y la sequedad extrema convierten los matorrales, pastizales y arbustos en combustible altamente inflamable. Esto, combinado con una topografía compleja que acelera la velocidad de disparo y lo mueve en direcciones impredecibles, presenta un enorme desafío para la supresión.

Aunque la legislación andaluza (Reglamento 371/2010) exige planes locales de emergencia para incendios forestales en zonas peligrosas y planes de autoprotección para edificios y urbanizaciones aisladas, existe un problema generalizado de cumplimiento e implementación.

Redefiniendo el problema de los incendios

El desastre de Los Galardos muestra que este problema sólo empeorará sin una intervención vigorosa y adecuada que vaya más allá del actual paradigma dominante, basado en la extinción y la resistencia.

Dónde, cuándo y cómo ocurren los incendios está cambiando: los incendios altamente destructivos están aumentando, las viviendas se están expandiendo en la interfaz urbano-bosque, exponiendo más hogares al fuego y, sobre todo, el riesgo está aumentando en áreas de matorrales y pastizales, áreas que no asociamos con el riesgo de incendio, afectando a las comunidades que no saben cómo lidiar con el riesgo al que no suelen estar expuestas. Es urgente redefinir la gestión de este riesgo.

A lire aussie: La idea romántica de vivir en el bosque, pero ¿a qué precio?

Mejora de la resistencia a los incendios

Una respuesta política reactiva (responder cuando el desastre ya ha ocurrido) es insuficiente e insostenible. Es necesario avanzar hacia estrategias basadas en la preparación, mitigación y adaptación, entre las que destacan:

1. Gestionar la vulnerabilidad social

Los incendios exponen vulnerabilidades sociales preexistentes que afectan la capacidad de anticipar, afrontar, resistir y recuperarse de sus impactos. En las zonas de alto riesgo, la población puede ser mayor, vivir sola en hogares aislados, tener limitaciones financieras o no estar familiarizada con el territorio.

Los incendios también suponen un riesgo para las economías locales, por la vulnerabilidad de las empresas, incluidos los servicios públicos y las infraestructuras, por la inflamabilidad de sus instalaciones, su ubicación o las interrupciones en las cadenas de suministro, los servicios esenciales o la movilidad de sus empleados.

Se necesita una planificación específica que identifique y actúe sobre todas estas vulnerabilidades.

2. Adoptar soluciones basadas en la naturaleza

Las soluciones basadas en la naturaleza aún no están completamente integradas en la gestión del riesgo de incendios, a pesar de que se reconocen como esenciales para otros tipos de riesgos, como mejorar la adaptación de las comunidades al cambio climático o las políticas de restauración de la naturaleza.

El pastoreo controlado, la creación de hábitats menos inflamables, los cortafuegos verdes y la restauración de las redes de agua para aumentar la humedad ambiental y crear zonas que frenen la propagación del fuego son algunas de estas soluciones, que además generan múltiples beneficios colaterales para la población y la economía local.

Y leer también: Reactivar el mundo rural, clave para prevenir grandes incendios forestales

3. Elaborar y actualizar planes de emergencias, autoprotección y educación de la ciudadanía

Los ayuntamientos deben desarrollar planes de emergencia accesibles a la población. Las viviendas y urbanizaciones aisladas deben tener sus propios planes coordinados. Es necesario contar con hidrantes y puntos de agua, garantizar sistemas de alerta accesibles y rutas de acceso y evacuación, con protocolos para personas vulnerables.

Pero los planes no son suficientes sin formación. Se necesitan programas continuos, adaptados a cada comunidad, que capaciten a la población para mantener seguros sus hogares y alrededores, conozcan lugares de reunión y refugios y les enseñen a distinguir entre confinamiento y evacuación. Los ejercicios son esenciales: la evacuación no es un escape; Se debe planificar y capacitar para afrontar una emergencia.

Y lira también: ¿Por qué algunas personas responden a una alerta de emergencia y otras no?

4. Promover la cohesión y la acción colectiva

La reducción de riesgos es más eficaz cuando está impulsada por la comunidad, lo que aumenta la resiliencia colectiva. Es necesaria una cooperación eficaz entre las administraciones, las organizaciones comunitarias, el sector privado y los ciudadanos.

La participación activa de la población en el desarrollo de planes de emergencia fortalece la credibilidad y la legitimidad de las estrategias de preparación, mejora la capacidad de respuesta a los incendios y crea confianza y un sentido de responsabilidad compartida en la prevención.

5. Promover una gestión integrada y coordinada

La gestión del riesgo de incendios no puede ser responsabilidad exclusiva de los servicios forestales o de bomberos; Necesitas un sistema integrado. Todas las agencias que tengan la capacidad de trabajar en la zona deben tener en cuenta el riesgo de incendio en sus decisiones.

Esto incluye evitar nuevas construcciones y establecer códigos de construcción específicos en áreas de alto riesgo, crear carriles de transición entre usos y promover aquellos que contribuyan a mantener un paisaje más resistente al fuego.

6. Cambiar los incentivos para la gestión de riesgos

Es necesario utilizar instrumentos económicos y conocimientos comportamentales (como incentivos o intervenciones para fomentar determinadas decisiones en los individuos) para hacer de las acciones de autoprotección y gestión del territorio las opciones más fáciles y rentables.

Un ejemplo son los pagos por servicios ecosistémicos que incentivan prácticas de gestión de la tierra destinadas a reducir el riesgo de incendios. El papel de los seguros contra riesgos naturales y climáticos está evolucionando con el diseño de instrumentos basados ​​en un modelo proactivo que fomente conductas individuales y colectivas de reducción de riesgos.

Y la lira también: las zonas rurales no necesitan más subvenciones, sino pagos justos por los servicios que prestan

7. Mejorar los sistemas de seguimiento y alerta temprana

Es imprescindible disponer de información actualizada sobre la evolución del fuego. Los sistemas de monitoreo en tiempo real, sensores, imágenes satelitales, modelos predictivos del comportamiento del incendio y aplicaciones de alerta con información detallada pueden mejorar la capacidad de respuesta y permitir una evacuación más segura. Integrar estas herramientas en los planes de gestión locales es una inversión necesaria.

8. Fomentar las inversiones públicas y privadas en preparación a largo plazo.

Invertir en prevención y preparación es económicamente rentable. Las crecientes demandas, tanto regulatorias como voluntarias, de que el sector privado divulgue los riesgos y dependencias relacionados con la naturaleza están creando una nueva demanda de productos de inversión (créditos de carbono o biodiversidad, bancos de hábitat, bonos de impacto ambiental, etc.). Es necesario orientar esta creciente inversión privada hacia medidas que fortalezcan la resistencia de la población y del territorio ante los incendios, complementando las inversiones públicas.

El incendio de Los Galardos nos recuerda que necesitamos un cambio profundo en la forma en que entendemos y gestionamos el riesgo de incendio. Invertir en preparación y planificación coordinada entre administraciones, sector privado y ciudadanía puede ser decisivo para que, si vuelven a sonar las campanas, la población esté preparada para responder.


Descubre más desde USA Today

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Comparte este artículo
Deja un comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

es_ESSpanish

Descubre más desde USA Today

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo