Marcos, un adolescente bilingüe que crece entre dos lenguas y dos enfoques diferentes de la lectura, sigue el ritmo de las clases de lengua y literatura con relativa normalidad: lee despacio y se equivoca, pero entiende los textos y participa sin demasiada dificultad. En inglés, sin embargo, duda ante palabras frecuentes, pierde el hilo de la lectura y tarda mucho más que sus compañeros en escribir o descifrar frases aparentemente simples. Además, cuando ella le pide que lea en voz alta, él mira hacia abajo incluso antes de su turno.
Esta situación confunde a muchas familias y profesores. ¿Cómo puede alguien tener un desempeño relativamente bueno en un idioma y experimentar dificultades significativas en otro? ¿La dislexia puede manifestarse de forma diferente según el idioma?
Lejos de ser anecdóticas, ambas cuestiones aparecen cada vez más en contextos bilingües y multilingües. Plantean una pregunta central para la investigación actual: hasta qué punto las dificultades asociadas con la dislexia dependen no sólo del cerebro lector, sino también del sistema de escritura que ese cerebro está tratando de descifrar.
¿Lenguajes que hacen más visible la dislexia?
La idea de que una persona pueda ser disléxica en inglés pero no en español puede parecer contradictoria. Sin embargo, la evidencia científica actual sugiere que las dificultades asociadas a este trastorno del aprendizaje pueden volverse más visibles en algunas lenguas que en otras. Aunque la dislexia tiene una base neurobiológica –es decir, está relacionada con la forma en que el cerebro procesa el lenguaje escrito– sus manifestaciones también pueden variar dependiendo de las características del sistema de escritura de cada lengua.
Esto se debe a que no todas las lenguas tienen el mismo grado de regularidad en la relación entre letras y sonidos: es esta relación la que automatiza el aprendizaje de la lectura. En inglés, por ejemplo, los mismos grupos de letras pueden sonar de formas muy diferentes (susha o doneta no se pronuncian igual, del mismo modo que mint, lint y hind se pronuncian de manera diferente que pint), lo que puede aumentar la complejidad del aprendizaje de la lectura.
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Relación con la escritura
Estas diferencias no sólo afectan la lectura, sino también la forma en que aprendemos a escribir. El neurocientífico Taeko Videll señaló que en sistemas de escritura como el japonés, donde el aprendizaje combina la repetición motora y la pronunciación oral de caracteres, algunas dificultades pueden manifestarse de manera diferente.
En este sentido, los casos documentados de estudiantes bilingües que tienen dificultades en inglés, pero no en japonés, contribuyeron precisamente a cuestionar la idea de dislexia idéntica en todos los idiomas.
Lenguajes transparentes y no tan transparentes
De manera similar, un estudio reciente con adultos bilingües galés-inglés con dislexia mostró que mostraban un perfil de lectura diferente al de los hablantes nativos de inglés. Los participantes bilingües tuvieron menos dificultades en tareas relacionadas con el procesamiento fonológico y la lectura de pseudopalabras (palabras inventadas utilizadas para evaluar el procesamiento de los sonidos del habla), posiblemente porque el galés tiene una ortografía mucho más consistente o transparente que el inglés.
Como hallazgo importante, los autores concluyeron que aprender a leer simultáneamente en un lenguaje consistente o transparente y en otro lenguaje inconsistente o no tan transparente puede modificar las estrategias de lectura y escritura y cambiar la forma en que se manifiestan las dificultades relacionadas con la dislexia.
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De hecho, las revisiones científicas actuales señalan que algunas dificultades, como la velocidad de acceso a los sonidos de una lengua o ciertos cambios en la fluidez lectora, tienden a permanecer relativamente estables entre lenguas. Sin embargo, otras dificultades dependen mucho más de las características ortográficas de cada uno, lo que explica por qué estas diferencias pueden ser más visibles en algunos sistemas de escritura que en otros.
Cuando la dislexia pasa desapercibida
En idiomas consistentes como el español (es decir, en los que los sonidos de las letras y sus combinaciones son casi siempre regulares), muchas personas son capaces de leer con relativa precisión desde la primera infancia. Sin embargo, esta aparente normalidad puede resultar engañosa.
Aunque la lectura requiere más tiempo, más concentración y más desgaste cognitivo, desde fuera puede parecer funcional. Sin embargo, como se ha documentado a lo largo de los años en numerosos estudios, esto no significa que el problema desaparezca, sino que muchas veces logran compensar parcialmente estas dificultades con el paso de los años, lo que explica por qué algunos estudiantes obtienen buenos resultados académicos y aún así experimentan una enorme fatiga lectora.
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Sin embargo, la situación cambia cuando estos estudiantes se enfrentan a una ortografía más inconsistente. Varios estudios con personas bilingües indican que las dificultades se vuelven más evidentes en lenguas ortográficamente más irregulares. Esto provoca que comiencen a aparecer errores que antes parecían inexistentes y que se desarrollen diferentes estrategias compensatorias en función de las características ortográficas de cada persona.
Por tanto, no es de extrañar que algunos casos de dislexia se descubran precisamente durante el aprendizaje de una segunda o tercera lengua, considerando que en realidad no “aparece” de repente, sino que simplemente determinadas características del lenguaje hacen mucho más visibles las dificultades previas.
Ocultar idiomas versus revelar idiomas
Llegados a este punto podemos reconocer que la pregunta inicial contenía una idea errónea: pensar que la dislexia pertenece a una determinada lengua.
La dislexia tiene una base neurobiológica relacionada con el procesamiento del lenguaje, pero sus manifestaciones también dependen de las características del sistema de escritura al que se enfrenta cada lector. Por lo tanto, una persona puede parecer un lector competente en español y tener importantes dificultades en inglés. No porque sea disléxico sólo en inglés, sino porque algunos idiomas actúan como una lupa sobre dificultades que hasta entonces estaban parcialmente ocultas, mientras que otros logran ocultarlas durante años.
Y quizás esa sea una de las ideas más importantes que proporciona la investigación actual: comprender la dislexia implica no solo comprender cómo funciona el cerebro lector, sino también cómo interactúa con los diferentes idiomas que está aprendiendo a descifrar.
En resumen, comprender cómo interactúan el cerebro y el lenguaje escrito en cada idioma no sólo ayudará a disipar mitos pasados y futuros, sino que también mejorará la respuesta educativa en aulas con una diversidad lingüística cada vez mayor.
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