SpaceX en bolsa: ¿cuánto vale una empresa cuyo negocio depende de expectativas a muy largo plazo?

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Si durante la mayor parte del siglo XX el espacio fue principalmente una cuestión geopolítica, en el siglo XXI se está convirtiendo en una cuestión económica, impulsada por el crecimiento de las inversiones privadas y el surgimiento de nuevos proyectos comerciales.

La llegada de SpaceX a los mercados públicos simboliza esa transición: un cambio de la exploración espacial financiada por el gobierno a un ecosistema donde el capital privado busca rentabilidad en actividades que parecían ciencia ficción hace apenas unas décadas.

Espacio

La IPO de SpaceX, que se materializó el 12 de junio de 2026 en el Nasdaq bajo el símbolo SPCX, fue un evento financiero histórico que convirtió a Elon Musk en el primer multimillonario del mundo. Ese día su fortuna personal superó (con diferencia) el millón de millones de dólares.

La compañía debutó con 135 dólares por acción, recaudando alrededor de 75 mil millones de dólares y alcanzando una valoración de casi 1,77 billones de dólares, la mayor oferta pública inicial (IPO) hasta la fecha.

La magnitud de la operación quedó evidente desde el primer día: la acción cerró alrededor de un 20% por encima del precio de colocación, elevando temporalmente la valoración por encima de los dos mil millones de dólares. Por delante de Tesla y con más de 500 millones de acciones negociadas, el segundo mayor debut en Nasdaq después de la IPO de Facebook en 2012.

De empresa espacial a infraestructura global

Durante años, SpaceX fue percibida principalmente como una empresa de lanzamiento espacial. Su trabajo consistía en poner en órbita satélites, transportar carga para clientes comerciales y gubernamentales y transportar astronautas al espacio en sus cohetes Falcon. Esa imagen sigue siendo importante, pero ya no describe completamente lo que es la empresa.

En el momento de la salida a bolsa, los datos financieros publicados en el formulario S-1 mostraban una realidad más compleja: la empresa generó unos ingresos de 18,7 mil millones de dólares en 2025, pero también registró una pérdida neta de cerca de 4,9 mil millones de dólares, lo que refleja la enorme intensidad de inversión del proyecto.

Con el tiempo, SpaceX se ha convertido en un grupo tecnológico con intereses en varios sectores estratégicos. Además de proporcionar acceso al espacio gracias a sus sistemas reutilizables, que dominan alrededor del 90% del mercado mundial de lanzamientos comerciales, ha desarrollado Starlink, una red global de Internet por satélite que le permite competir en el mercado de las telecomunicaciones.

También participa en programas de defensa y transporte espacial de próxima generación y está trabajando en tecnologías que podrían ser fundamentales para futuras actividades económicas en órbita.

Por ello, muchos inversores consideran que SpaceX es mucho más que una empresa de cohetes. Cuando compran sus acciones, apuestan no sólo por un negocio de lanzamiento espacial, sino por una empresa que aspira a convertirse en una pieza clave de la infraestructura tecnológica y de comunicaciones del siglo XXI.

Un precedente para las grandes plataformas tecnológicas

La valoración de SpaceX es difícil de entender si se analiza únicamente mediante métricas tradicionales como ingresos, ganancias o flujo de caja.

Con unos ingresos de 18.700 millones de dólares y valoraciones de entre 1,7 billones y 2 billones de dólares, la empresa cotiza a múltiplos de ventas extremadamente altos, algo que ha generado críticas por parte de los analistas financieros. Para explicarlo, si una empresa tiene una facturación de 1 pero está valorada en 5, su múltiplo de valoración es 5. Cuanto mayor sea el múltiplo, mayor será la valoración de la empresa, lo que es una señal de que el mercado tiene altas expectativas de crecimiento de la empresa (o está sobrevalorándola).

Ahora SpaceX apunta, y es valorado, a crear mercados completamente nuevos: desde la conectividad global hasta la economía orbital, incluida la infraestructura de datos en el espacio. Algo similar ocurrió con Amazon y Tesla, entonces empresas emergentes, que los analistas creían que estaban sobrevaloradas porque estaban medidas por herramientas diseñadas para sectores maduros.

Starlink: un activo que explica la mayor parte de la valoración

Aunque la atención de los medios suele centrarse en los cohetes y los planes para colonizar Marte, muchos analistas creen que el verdadero motor económico de SpaceX es Starlink, una empresa que proporciona acceso a Internet de banda ancha vía satélite.

Los datos revelados en el proceso de salida a bolsa son particularmente ilustrativos:

En 2026, habrá más de 10,3 millones de usuarios en más de 160 países.

Ganó alrededor de 11.400 millones de dólares en 2025.

Sus operaciones aportan alrededor del 60% de los ingresos totales del grupo.

Tiene un margen operativo (lo que le sobra a la empresa después de cubrir sus costes) en torno al 38%, elevado para el sector.

En términos económicos, Starlink tiene una característica especialmente atractiva: genera ingresos constantes. Si bien el lanzamiento al espacio es una operación única, una suscripción mensual crea un flujo de ingresos mucho más estable y predecible. Debido a esto, para muchos inversores, SpaceX se parece menos a una empresa aeroespacial y más a una gran empresa mundial de telecomunicaciones con una enorme ventaja tecnológica.

El riesgo de valorar los sueños

Sin embargo, la historia económica también ofrece una serie de advertencias.

Las expectativas pueden convertirse en burbujas cuando los mercados comienzan a asumir que todo escenario optimista eventualmente se hará realidad. En este caso, algunos análisis independientes sitúan el valor razonable de SpaceX muy por debajo de su precio de venta, tan bajo como entre 700.000 y 800.000 millones de dólares, lo que subraya las enormes expectativas y el grado de incertidumbre inherentes a la valoración de la empresa.

Cuando la valoración se basa en décadas de crecimiento futuro, cualquier retraso tecnológico, regulatorio o comercial -por ejemplo, en el desarrollo de la nave Starship o de las nuevas generaciones de satélites- puede generar fuertes correcciones en la cotización bursátil.

El riesgo no es que SpaceX fracase. El riesgo es que tenga éxito y aún no cumpla con las extraordinarias expectativas incorporadas en su precio.

Más allá de SpaceX

La importancia de esta IPO va mucho más allá de la empresa concreta. Representa el creciente interés del mercado en tecnologías relacionadas con el espacio, la inteligencia artificial, las comunicaciones avanzadas y las infraestructuras críticas. De hecho, el propio prospecto de la compañía identifica gigantescos mercados potenciales, incluida la conectividad global, la inteligencia artificial e incluso futuras economías extraplanetarias.

Quizás la mejor manera de entender esta salida a bolsa sea aceptar que los mercados hoy no valoran la empresa. Intentan poner precio a una hipótesis: que en las próximas décadas una parte importante de las comunicaciones, la logística, la observación de la Tierra e incluso las actividades económicas fuera del planeta dependerán de las infraestructuras desarrolladas por SpaceX.

Valor a largo plazo

La dificultad de estimar el verdadero valor de una empresa cuyo negocio depende de expectativas a muy largo plazo se hizo visible desde los primeros días de negociación. Según Investing, las acciones subieron de 135 dólares en la apertura a un máximo intradiario de 225,64 dólares sólo tres sesiones después, impulsadas por las compras. En el período del 12 al 16 de junio se negociaron más de 1,1 mil millones de acciones.

Sin embargo, después de ese gran repunte, comenzó una corrección que elevó el precio a 174,50 dólares a finales del 18 de junio. Más que un cambio en los fundamentos de la empresa, esta volatilidad refleja el proceso de descubrimiento de precios característico de las empresas cuya valoración depende en gran medida de escenarios futuros aún inciertos.

Evolución horaria de las acciones de SpaceX durante los primeros días de negociación. Invertir.com

La reacción del mercado ilustra la tensión detrás de la IPO. Por un lado, hay una corriente de inversores convencidos de que SpaceX puede convertirse en una de las empresas más importantes del siglo XXI por su presencia dominante en sectores como las telecomunicaciones por satélite, el acceso al espacio o las futuras infraestructuras orbitales. Por otro lado, existen dudas razonables sobre si los ingresos y beneficios que la compañía generará en los próximos años justificarán las valoraciones que ya tienen en cuenta (descuento, en la jerga financiera) buena parte de ese potencial.

Como suele ocurrir con las grandes revoluciones tecnológicas, el verdadero debate no es sobre los resultados actuales, sino sobre quién tendrá razón al diseñar el futuro.


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