David Uckles se define en su sitio web como escritor, músico e ilustrador, y allí aloja sus propias composiciones. Pertenece a esa lista de talentos que han cultivado la música y la literatura, desde Juan del Encina a Julio Cortázar, pasando por Gogora, Sor Juana Inés de la Cruz, Galdós, Gerardo Diego o Federico García Lorca, escritura renovada que busca un apoyo constante en la participación del arte.
Así, para su última novela, La ciudad de las luces muertas, Pau Casals, Montserrat Caballé y Jordi Saval desfilan por espacios emblemáticos como el Palacio de la Música, mientras el joven escritor elige quince piezas musicales para acompañar su lectura.
¿Cuál es el significado de estas referencias musicales recurrentes en tus novelas? Aparte del realismo mágico -o realismo uclesiano- que define su estilo, ¿no podría ser una de sus sugerencias más innovadoras ver que la música trasciende y da significado al espacio tranquilo de la lectura?
‘Península de Casas Vacías’, un elocuente tapiz sonoro
La Península de las Casas Vacías hace referencia a la desintegración y desaparición de una familia durante los años de la Guerra Civil Española. En él, la música tiene una columna vertebral.
Sus cuatro partes diferenciadas pueden ser cuatro movimientos sinfónicos en los que Odisto -el personaje de Odiseo-, el personaje principal, sentirá las voces de la guerra llevadas por el viento. Debe evitar esas voces anuladoras, que recuerdan a aquellas sirenas que Ulises oye atadas al mástil en la Odisea. Aunque las canciones representan la tentación del conocimiento absoluto y el olvido del hogar, ambos héroes, Odisto y Ulises, tendrán esa experiencia musical y lograrán regresar a su tierra natal.
Herbert James Draper. Ulises y las sirenas (1909). Galería de arte Ference, Kingston upon Hull, Gran Bretaña. Wikipedia, la enciclopedia libre
En este largo viaje, el lector contemplará el paisaje sonoro cotidiano de los años 1920 y 1930. Contiene versos escritos tras el atentado a Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg el 31 de mayo de 1906:
“En la Plaza Mayor.”
la bomba cayó
fue a la reina Victoria.
victoria es mala
y el rey no la quiere,
por eso victoria
—Se está muriendo de tristeza.
También parodias y nueva letra del himno de Riego cantado en la España republicana:
“Si tan solo los curas y Franco lo supieran.”
los golpes que les dará,
se unirían al coro cantando
“¡Libertad, libertad, libertad!”
Asimismo, Uclés incluye una versión popular de los Cuatro Müller llamada Los cuatro generales, que menciona a Franco, Sanjuryo, Mola y Queipo de Llano. Todos ellos presentan un auténtico tapiz sonoro de la realidad del momento que recuerda al lector que nada, y mucho menos la música, es inocente en una guerra civil.
Además de esta música contextual, Ukles también introduce otras obras que se mezclan como anacronismos con la ficción. Como hace Miguel de Unamuno en Niebla, el autor rompe la “cuarta pared” narrativa, establece un diálogo con sus personajes y, gracias a esa capacidad de interactuar, les regala música en momentos esenciales que el lector debe abordar si quiere participar en una experiencia interarte inmersiva.
Un claro ejemplo es el regreso de Odisto a su ciudad:
“Escuché en sus oídos la melodía, un tanto lejana, que lo acompañaría en esa última estación del Vía Crucis en su camino de regreso. Para quien quiera escucharla al mismo tiempo, es el “Himno a los querubines” de Pyotr Ilyich Tchaikovsky”.
Lo mismo ocurre en la descripción que hace el coronel Jagüe de la toma de Badajoz, donde advierte “Primero os dejo el nombre de la pista de audio, si queréis terminar el capítulo con la misma música que escribo: Miserere mei, Deus, Gregorio Allegri”, marcando así la matriz emocional del episodio.
Esta fuente que evoca el patrimonio musical histórico se repite en distintas ocasiones. En la batalla del Jarama, el corneta Camillo “decidió improvisar un aire similar a la Tuba mirum de Verdi, pero dos veces más lento y largo”, enfatizando la dimensión fúnebre de la guerra fratricida.
En otra ocasión, el narrador introduce música más cercana a los personajes para consolarlos por la pérdida del difunto: “Antes de continuar leyendo, te animo a que toques Holiday Andante de Sibelius, reorganizado en 1938, y la escuches mientras lees el siguiente capítulo”.
Música del futuro
Pero también, y de forma valiente, Ukles hace escuchar a sus personajes obras que fueron creadas mucho después de la Guerra Civil. Esto ocurre, por ejemplo, cuando decide suspender la historia de la masacre de la carretera Málaga-Almería para que los soviéticos de las Brigadas Internacionales canten San Amor, de Georgi Sviridov, compuesta en 1973.
Estas referencias extemporáneas convierten acontecimientos históricos específicos en universales. De esta manera, personajes de 1936 pueden ver en Madrid la escultura de Agustín Lara realizada por Humberto Peraza en 1975 frente a los Colegios Religiosos. La pieza alude a la canción “Sólo una vez”, y en su pedestal se puede leer el texto del célebre Chotis de 1948: “Madrid, Madrid, Madrid, un pedazo de España donde nací… en México piensan mucho en ti”. Este poema no se menciona en la novela, pero resulta notablemente elocuente en la memoria del exilio.
En la historia de la evacuación de los niños vascos en 1937, el dolor de las madres se intensifica, enviándoles como consuelo una “melodía balcánica llamada Ederlezi, que hoy es bellamente interpretada por Nigel Kennedy y Goran Bregović”.
La dulzura de esta pieza contrasta con la brutalidad y densidad del sonido de Réquiem II. El Kyrie de Ligeti, que enmarca la cuarta parte de la novela y la erupción volcánica que rompe la península. A esta música imposible hay que sumar el bálsamo que el narrador da a uno de los personajes tras matar al miliciano: “Hice que una pieza sonara muy tibia en su cabeza: una interpretación melancólica que haría Miles Davis tiempo después del adagio del concierto de Aranjuez”.
Las piezas utilizadas por Uclés no sólo ayudan a comprender una época: amplían el mundo del lector. La península de casas vacías es, por tanto, un lugar donde la experiencia musical (obras clásicas, contemporáneas y futuras que aparecen en la especial odisea de Odisto) transforma la experiencia del tiempo.
El significado va más allá del dominio de las palabras y parece encontrarse sólo donde la música, experimentada en primera persona, se expresa poderosamente e invade el terreno silencioso de la novela.

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