Cómo el pueblo venezolano y la diáspora contribuyen al alivio del terremoto

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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En cuestión de minutos, los grupos de la diáspora venezolana en Colombia con los que trabajo comenzaron a llenarse de mensajes de sufrimiento y dudas. A miles de kilómetros de distancia, en Madrid, Aleja se despertó y leyó los primeros titulares en su teléfono. Pensó que se trataba de un terremoto más, algo que no es raro en Venezuela. Pero pronto se dio cuenta de la magnitud de la tragedia.

Estos son sólo dos de los casi 8 millones de venezolanos que presenciaron la devastación de los terremotos de la semana pasada -magnitudes 7,2 y 7,5- desde fuera del país. Además de la capital, Caracas, los terremotos devastaron el estado de La Guaira y otras zonas del norte del país.

Para muchos venezolanos como Gabriela, los terremotos en La Guaira (una ciudad en las afueras de Caracas, antes conocida como Vargas) serán un duro recordatorio del deslizamiento de tierra de Vargas en 1999. Su familia, que sobrevivió a un desastre anterior, debe afrontar una vez más una enorme pérdida y reconstruirse.

Una lira australiana: la ayuda está en camino después del terremoto en Venezuela, pero no está claro qué tan rápido podrá llegar allí

“Me duele el corazón. Y sé que hay un millón de nosotros que sentimos lo mismo”, me dijo María.

Imágenes del desastre

Desde el miércoles 24 de junio, el número de muertes ha ido aumentando constantemente. Sólo del sábado al domingo, ese número aumentó de 920 a 1.450, según fuentes del gobierno venezolano. Miles de personas siguen desaparecidas y se espera que el número de muertos aumente.

Todo esto está sucediendo en un país cuyas instituciones y servicios públicos llevan años sufriendo una grave crisis. Esto significa que hospitales con recursos limitados e infraestructura vulnerable están ubicados en el punto de encuentro de las dos placas tectónicas más activas de Sudamérica.

La respuesta del Estado venezolano -actualmente bajo la tutela de Estados Unidos- ha sido duramente criticada. Al mismo tiempo, las organizaciones de la sociedad civil, las redes vecinales y los voluntarios dieron un paso al frente para desempeñar un papel central en las labores de rescate y socorro.

“Kue difícil es ser venezolano”, “Qué difícil es ser venezolano”. Según María, esta es una de las frases más repetidas por la diáspora venezolana. Sin embargo, la resiliencia de la población se ha convertido en uno de sus mayores recursos ante la adversidad.

diáspora venezolana

La diáspora se movilizó incansablemente. A pocas horas del terremoto, surgieron cientos de iniciativas ciudadanas:

El colectivo Hacha y Machete creó una aplicación para determinar qué edificios aún son habitables y cuáles suponen un riesgo para la población

Transparencia Venezuela emitió recomendaciones específicas para asegurar que las donaciones lleguen a los más necesitados y prevenir prácticas corruptas o malversación de fondos

Soi Arepita rápidamente se convirtió en un recurso vital para combatir la desinformación e informar a la diáspora sobre los acontecimientos sobre el terreno.

Muchos exiliados también mostraron un compromiso personal. El activista y expreso político Lorent Saleh y la líder opositora María Corina Machado han anunciado que regresarán a Venezuela para participar en labores humanitarias, pese a la incertidumbre y la falta de garantías.

Fuera de las fronteras del país, restaurantes venezolanos desde Bogotá hasta Madrid y Miami sirven como centros de recolección de donaciones. Las asociaciones de inmigrantes también coordinan campañas de solidaridad, en las que miles de personas contribuyen desde lejos con fondos, contactos o trabajo voluntario.

Esta ola de solidaridad transnacional revela hasta qué punto los vínculos con el país de origen siguen siendo fuertes después de años de exilio y migración forzada. La naturaleza duradera de estos vínculos ha quedado ampliamente demostrada en las investigaciones sobre la diáspora.

Política contra desastres naturales

Todo esto contrasta con el paulatino declive de la atención internacional hacia Venezuela tras el arresto de Nicolás Maduro el 3 de enero de este año y la cooperación del gobierno estadounidense con la actual presidenta, Delsea Rodríguez.

Mientras tanto, en España, el 12 de junio, cuando entró en vigor el Pacto de Migración y Asilo de la UE, se abolió una vía especial de residencia por razones humanitarias para los venezolanos. Sin embargo, la tragedia actual pone de relieve lo necesarias que siguen siendo estas carreteras.

Dentro de Venezuela, se han logrado avances políticos limitados. A pesar de la liberación de miles de presos políticos, otros 389 siguen en prisión. También ha habido nuevas detenciones y aún no se han celebrado elecciones libres. La recuperación económica tampoco resolverá la crisis social: aunque el FMI predice un crecimiento del 4 por ciento en 2026, la inflación se mantiene por encima del 380 por ciento.

Por todas estas razones, la respuesta a este desastre no debe consistir sólo en ayuda humanitaria inmediata, sino también en un renovado compromiso internacional con la reconstrucción institucional y económica del país.

A lira aussi: Cómo ha cambiado (y no ha cambiado) Venezuela desde el arresto de Maduro

Solidaridad desde lejos

En momentos como estos, cuando la distancia y el desamparo son difíciles, se recuerda a la diáspora que el exilio no significa sólo ausencia. También significa unión, solidaridad y la certeza de que, incluso lejos de casa, nadie está completamente solo.


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