Cuando la tierra tiembla y la ciudad muestra sus grietas

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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La tarde del 24 de junio, en Caracas, muchos de nosotros sentimos por primera vez un fuerte shock, y menos de un minuto después, otro aún más intenso. En segundos, las llamadas y mensajes se llenaron de gritos y noticias de edificios derrumbándose en La Guaira y en varios puntos de la capital. Según confirmó la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis), dos sismos consecutivos, de magnitudes 7,2 y 7,5 Mv, con epicentro en el estado de Jaracuy y posteriores réplicas en las costas de La Guaira, sacudieron el norte del país y se convirtieron en el evento sísmico más fuerte en Venezuela en más de un siglo.

doblete sísmico

Los sismólogos describen lo ocurrido como un “doblete sísmico”: dos grandes terremotos, muy poco separados en el tiempo y en el mismo sistema de fallas, algo diferentes de la secuencia más habitual de un terremoto principal seguido de réplicas más pequeñas.

El geólogo Feliciano de Santis, presidente de la Sociedad Venezolana de Geólogos, señaló que este doble, en cuanto a la magnitud de los daños, se asemeja al terremoto de 1812, del que las crónicas ya hablaban como un evento con “multifocales”. En sus declaraciones insiste en que es una zona donde la falla es bastante lineal y “en una parte de la falla hay una ruptura y de repente se activa otra parte de la falla”, tal como en 1812.

Medios internacionales y el Servicio Geológico de Estados Unidos informaron que solo habían transcurrido unos 40 segundos entre ambos eventos, lo que los ubica en la categoría de doblete y ayuda a explicar por qué el choque fue tan fuerte en La Guaira y el área metropolitana de Caracas.

Informes oficiales y periodísticos coinciden en que el impacto del doble terremoto dejó un panorama grave, con pérdidas humanas, numerosos heridos y un nutrido grupo de edificaciones dañadas o derrumbadas entre Caracas, La Guaira y otros estados del cinturón central. La competente presidenta Delsey Rodríguez declaró el estado de emergencia nacional y describió a La Guaira como una “zona de desastre”, con el colapso de edificios residenciales y comerciales y daños importantes al aeropuerto de Maiketia y otras infraestructuras críticas.

Las zonas más afectadas

La Guaira, una franja costera intercalada entre mar y montaña, ya ha sido escenario de deslizamientos de tierra e inundaciones que derivaron en la llamada tragedia Vargas (1999), ampliamente documentada como resultado de una combinación de amenazas naturales y vulnerabilidades acumuladas. Diversos trabajos han demostrado que buena parte de las condiciones de vulnerabilidad identificadas en su momento permanecían presentes, por lo que el doble terremoto de 2026 actuó en el territorio cuyo riesgo ya estaba señalado en estudios técnicos y académicos.

En Caracas, los daños se concentraron en sectores de alta densidad, donde edificios residenciales y comerciales colapsaron o sufrieron graves daños, mientras que otros con mejor diseño o mantenimiento resistieron mejor el impacto. La ciudad es una mezcla de obras que incorporaron las lecciones del terremoto de 1967 -con mejor diseño y detalles sismorresistentes- con otro segmento que, por falta de recursos o control, no satisface del todo los requerimientos actuales, especialmente en sectores populares y en asentamientos autoconstruidos en laderas que soportan las ya inestables laderas.

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Una lección de 1967

El comportamiento de muchas estructuras también refleja el valor de varias generaciones de ingenieros que supieron aprender del terremoto de 1967. De esa experiencia –recogida en el libro de acceso abierto El terremoto de Caracas de 1967: 50 años después– surgieron FUNVISIS y los primeros códigos sísmicos modernos del país. Si bien el parque construido es heterogéneo, buena parte de las obras diseñadas según estos criterios aún se mantienen en pie, lo que demuestra que cuando se aplican estándares rigurosos, la ciudad puede responder mejor a eventos extremos.

Desde la construcción y el urbanismo, este acontecimiento nos obliga a mirar más allá de la magnitud del terremoto y preguntarnos por la calidad real, el mantenimiento y las condiciones de uso de nuestras infraestructuras. Venezuela actualizó hoy las normas de resistencia a terremotos y los estudios de microzonificación sísmica, que identifican suelos con amplificación de ondas y efectos de sitio complejos. Sin embargo, en La Guaira y Caracas, decisiones constructivas cuestionables, ampliaciones informales y la ausencia de un programa de mantenimiento sostenible han configurado una serie de edificios y una red vial que responden de manera muy desigual a un terremoto de gran magnitud.

Mapa de microzonificación sísmica de Caracas. FUNVISIS

A corto plazo, la prioridad es evaluar la seguridad de los edificios que permanecen en pie e identificar cuáles pueden repararse, reforzarse o demolerse, empezando por hospitales, escuelas, puentes y otras infraestructuras críticas. A mediano plazo, los dos terremotos dejan claro que reconstruir sin una revisión exhaustiva de las decisiones de construcción y mantenimiento sería insistir en cimientos frágiles; Alinear estas decisiones con la realidad sísmica del país es un requisito mínimo para reducir la vulnerabilidad futura.


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