Por qué el Mundial de 2026 será el menos sostenible de la historia a pesar de las promesas de la FIFA

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Desde 1930, cada cuatro años, el fútbol ha logrado captar el interés de gran parte del mundo con el cóctel de pasión, historia y cultura que combina la Copa del Mundo. Más que un simple juego, el fútbol es un reflejo de las tensiones políticas, identidades y emociones colectivas que marcaron la modernidad. En países como México, la antropología muestra que el fútbol funciona como un ritual. Esto une a la comunidad y moldea formas de pertenecer y de ser.

Pero en el siglo XXI, este ritual global llega a un límite ecológico: el planeta ya no puede soportarlo. El último informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) lo deja claro. La ventana para evitar una catástrofe climática se está cerrando. Y sí, el fútbol también está en el terreno de la responsabilidad.

Ante este escenario, la FIFA y los organizadores del Mundial de 2026 (Canadá, Estados Unidos y México) han prometido el máximo torneo medioambiental. Su estrategia se basa en cuatro pilares “independientes pero interconectados”: social, ambiental, económico y de gestión. Pero cuando nos fijamos en los números, la historia es diferente. Todo indica que este será el Mundial más insostenible y contaminante jamás organizado.

Un vistazo a la infraestructura existente

La gran bandera verde de FIFA 2026 es que, a diferencia de otros torneos, casi no se ha construido ningún estadio nuevo para este Mundial.

Por el contrario, el Mundial de Qatar 2022 contó con ocho estadios, siete de los cuales fueron construidos e inaugurados antes de la competición. El único que ya existía, el Estadio Khalifa, data de 1976, pero fue completamente renovado para reabrir en 2017.

Qatar 2022 dejó una enorme huella medioambiental: estadios refrigerados en el desierto y, según cifras oficiales, 3,6 millones de toneladas de CO₂ emitidas. Sin embargo, estimaciones como las publicadas por Carbon Market Watch aseguran que el impacto real del evento, sumando los vuelos diarios, fue mucho mayor.

Para 2026, la apuesta va en dirección contraria. Consiste en utilizar estadios ya construidos para no añadir toneladas de cemento al medio ambiente. Sin embargo, el problema es más profundo. El modelo de los “megaeventos deportivos” se basa en el crecimiento y en el crecimiento sin frenos y olvida una verdad ecológica elemental: la escala importa. Tanta expansión y turismo eventualmente acaban con cualquier progreso en eficiencia local.

Espectáculos del volumen 3

Ampliando el formato del torneo de 32 a 48 selecciones nacionales y de 64 a 104 partidos repartidos por todo el continente, la FIFA ha multiplicado exponencialmente las emisiones del llamado volumen 3. Corresponden a fuentes indirectas que se producen en la cadena de valor, en la que predomina predominantemente el transporte aéreo de delegaciones oficiales y millones de aficionados extranjeros.

Este fenómeno no es exclusivo del fútbol. En los Juegos Olímpicos de Tokio de 2020 y los Juegos de Invierno de Beijing de 2022, el transporte internacional y la construcción de infraestructura temporal también generaron enormes emisiones indirectas, a menudo subestimadas en los informes oficiales.

Según datos de un informe publicado por expertos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), los viajes aéreos masivos de costa a costa en América del Norte no son compatibles con ningún plan serio de descarbonización. La dispersión geográfica requiere vuelos frecuentes de miles de kilómetros para conectar lugares tan alejados como Vancouver, Miami y Ciudad de México. El transporte por sí solo representará más del 85% de la huella de carbono total del evento. Esta estimación preliminar refleja valores que superan con creces los de ediciones anteriores.

El informe de la FIFA sobre los puntos muertos climáticos indica que la Copa del Mundo de 2026 podría producir más de nueve millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente, una cifra muy superior a la de sus predecesoras.

Torneo de lavado verde

Decir que este torneo es sostenible sólo porque las gradas son recicladas o se utilizan luces LED en los estadios es, de hecho, un claro ejemplo de ecofraude o greenwashing.

Esta no es la primera vez que vemos esto. En Londres 2012, los organizadores se jactaron de las medallas recicladas y del transporte ecológico, pero ignoraron el impacto de los vuelos internacionales y la generación de residuos a gran escala.

El lavado verde se ha convertido en una estrategia común para ocultar los verdaderos costos de los megaeventos deportivos, mientras la huella ambiental continúa creciendo.

Adaptación insostenible y paradoja climática

La crisis climática ya se está extendiendo por el césped de los estadios y haciendo del fútbol actual un acontecimiento insostenible. Las altas temperaturas que se esperan en las canchas norteamericanas pondrán en riesgo a jugadores y aficionados. ¿La solución? Aire acondicionado con toda su fuerza en los estadios cubiertos del sur de Estados Unidos.

Esto convierte la situación en una “paradoja climática”: las mismas acciones que tomamos para adaptarnos a los efectos del cambio climático, como enfriar los estadios, pueden terminar empeorando el problema al aumentar las emisiones de gases de efecto invernadero.

Es un ejemplo perfecto de lo que el IPCC califica como “acciones desadaptativas”. Este concepto explica cómo intentamos apagar un incendio con gasolina, utilizando más energía -y a menudo de fuentes fósiles- para hacer frente al calor que nosotros mismos provocamos.

Conclusión: es hora del descanso del planeta

La ciencia de la sostenibilidad advierte: los problemas globales no se pueden resolver con maquillaje. Mientras los gigantes de los combustibles fósiles sigan patrocinando el fútbol, ​​los objetivos de neutralidad de carbono de la FIFA serán promesas vacías.

Si el fútbol quiere sobrevivir en un planeta en calentamiento, el juego debe cambiar. Esto supone apostar por espacios verdaderamente regionales y compactos, reducir la programación y anteponer el bienestar del planeta a los datos de audiencia. Se acerca el pitido final y el planeta no permite más prórroga.


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