La desaparición de la mayoría de las cajas de ahorros españolas tras la crisis de 2008 marcó el final de un periodo de casi dos siglos de historia. Estas instituciones formaban parte de la vida cotidiana de millones de españoles y su presencia era habitual en las ciudades.
Las primeras entidades de este tipo se crearon a principios del siglo XIX. Su objetivo era simple: ayudar a los trabajadores a ahorrar una pequeña parte de sus salarios. Esta reserva les ayudaría en caso de algún imprevisto como enfermedad o pérdida del empleo.
Es más, desde sus inicios promovieron prácticas inusuales para su época. El Estatuto Nacional del Ahorro de 1933 legalizó una práctica que las cajas de ahorro venían realizando desde sus inicios: que las mujeres casadas abrieran cuentas sin el permiso de su marido. Además, los menores de edad podrían hacerlo sin figura de tutor. Estas medidas reforzaron la idea de que los recursos están al servicio de quienes menos recursos tienen.
Los orígenes del Monte de Piedad y la Caja de Ahorros de Madrid
El Monte de Piedad de Madrid nació en 1702. Su objetivo era ofrecer pequeños préstamos para los que el prestatario ponía en garantía algún bien, como joyas, ropa o artículos del hogar. La persona entregó la ropa y recibió el importe en efectivo. Luego, si devolvía el dinero, podría recuperar el artículo. El acceso a un pequeño préstamo podría evitar problemas graves. También ofreció una alternativa a los prestamistas que cobraban tasas de interés muy altas.
Más de un siglo después, en 1838, se crea la Caja de Ahorros de Madrid (CAM). Ambas instituciones trabajaron juntas desde el principio. El fondo fomentó el ahorro familiar y Monte sirvió a quienes necesitaban un préstamo sencillo y seguro a una tasa de interés baja.
Esta combinación ha permitido que muchos hogares prosperen en tiempos difíciles.
El interés del franquismo por las cajas de ahorros
La popularidad de las cajas atrajo la atención del régimen franquista (1939-1975). El interés también lo despertaba su naturaleza jurídica, ya que no eran personas físicas. Las autoridades creían que sus medios podrían servir a los objetivos del Estado.
Desde la década de 1940 se inició el proceso de control de estas entidades, que debían invertir en productos elegidos por el Gobierno. También tuvieron que conceder préstamos para la construcción y compra de apartamentos. Además, a través de su labor social asumieron funciones que el Estado no ofrecía: educación, cultura y salud. Así, cubrían necesidades básicas en un país que salía de una guerra y en el que no existía un Estado de bienestar.
En los años 60, el Gobierno impulsó la organización del sector bancario para introducir más competencia en el sector y, al menos nominalmente, hacer desaparecer el modelo mixto y los bancos privados tuvieron que elegir entre desarrollar actividades industriales o comerciales.
Para ello, en 1962 aprobó la Ley de Ordenación del Crédito y Banca (LOCB), que también integró las cajas de ahorros en el sistema financiero español. Con la nueva normativa se han ampliado las posibilidades de funcionamiento de las cajas de ahorros estableciendo una reforma y ampliación de sus operaciones. Ahora se dirigían a préstamos a empresarios y artesanos agrícolas y a empresas comerciales, industriales y pesqueras, así como a pequeños ahorradores para promover el acceso a la propiedad agrícola, la vivienda y los valores. El cambio también coincidió con un período de fuerte crecimiento económico en España.
El Estado, que históricamente justificó su intervención en las cajas de ahorros por la necesidad de garantizar los ahorros depositados en ellas, encontró con esta ley un mecanismo para proporcionar financiación a actividades y empresas que consideraba prioritarias, pero en las que la banca privada podría no haber estado interesada en invertir por sus bajos rendimientos.
Así, las cajas de ahorros fueron un instrumento gubernamental eficaz para financiar el desarrollo en los años 1960, como ya lo eran en el período de autarquía en los primeros años de la posguerra. De hecho, se trataba de instituciones financieras con una mayor proporción de fondos invertidos en deuda pública.
Durante el franquismo, las cajas de ahorros dejaron de ser instituciones de protección social y pasaron a ser instituciones de la administración, del Instituto Nacional de Industria, de un gran número de grandes empresas privadas españolas, así como de determinados sectores económicos, ocupando la construcción de viviendas un lugar muy destacado.
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Competencia entre bancos y cajas de ahorros
Los tipos de interés los determina el Gobierno a través del Ministerio de Finanzas. Por esta razón, los bancos buscaron mejorar su posición en el mercado mediante la apertura de sucursales, publicidad, creación de nuevos tipos de productos financieros y una primera informatización y mecanización de procesos. Pero de todos estos métodos, la apertura de sucursales fue el favorito en el sector financiero.
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Caja de Madrid ofrecía productos atractivos para las familias, como una cuenta de ahorro para el hogar o una cuenta de ahorro para el colegio, lo que aumentó su popularidad entre los madrileños.
Además, en la década de 1960 se inició una fuerte expansión en las ciudades de la región. En 1975, el 64% de sus sucursales estaban en la capital, el 28,2% en otras localidades provinciales y el 7,8% en provincias vecinas.
Entre 1960 y 1975, la CAM fue la entidad financiera con mayor presencia en la provincia de Madrid. Si en 1960 tenía 17 sucursales, en 1970 tenía 121 (un aumento del 612% frente al crecimiento de las sucursales bancarias del 52%).
Sin embargo, durante los cinco años siguientes la situación se revirtió y las aperturas de banca privada aumentaron un 123% frente al 57% en CAM. Pese a ello, la CAM era la entidad financiera con mayor presencia en la región: a principios de 1975, había en Madrid 10 localidades con oficina de caja de ahorros, pero ningún banco privado. Boadilla del Monte fue el único pueblo de Madrid donde ocurrió todo lo contrario.
Clasificación de las ocho principales entidades bancarias que operan en Madrid, en función de su cuota de mercado en depósitos y asimilados (1965, 1970 y 1975). Fuente: elaboración propia, proporcionada por el autor (no reutilizar)
Y en cuanto al ahorro, si en 1965 gestionaba 3,84 pesetas por cada 100 depositadas en Madrid, en 1975 ya era 8,64 sobre cada 100, y de octava entidad financiera de la provincia pasó a ser la cuarta en 1975.
De la expansión nacional a su desaparición
La reforma legislativa de 1962 y la temprana estrategia de apertura de oficinas de la CAM permitieron reducir la concentración bancaria en Madrid durante los últimos años del franquismo y convertir a esta caja de ahorros en la principal entidad financiera de la región.
Tras la llegada de la democracia, las cajas de ahorros pudieron abrir oficinas fuera de sus provincias. La entidad madrileña siguió creciendo rápidamente en este nuevo escenario: su presencia se extendió por la mayor parte del país, convirtiéndose en la cuarta entidad financiera española.
La crisis de 2008 cambió la situación. Muchas cajas de ahorros sufrieron graves pérdidas debido a su exposición al sector inmobiliario y, para asegurar su supervivencia, muchas de ellas se fusionaron. La unión de Caja Madrid con otras seis cajas de ahorros regionales propició la creación, en 2011, de una nueva entidad: Bankia. Un año después, por problemas económicos, fue nacionalizado.
En 2021 se aprobó su integración en CaikaBank. Se pone así el fin a más de 180 años de historia de la Caja de Ahorros de Madrid. Sin embargo, el Monte de Piedad de Madrid sigue funcionando, aunque ahora es la Fundación MonteMadrid.
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