Líderes como Peter Magiar en Hungría o Zohran Mamdani en la alcaldía de Nueva York reabren un debate recurrente en política: ¿hasta qué punto importan la edad y la generación de los líderes?
El enfoque social de generaciones es muy adecuado para contextualizar el proceso de cambios sociopolíticos. Una generación se refiere a un grupo social, nacido en un intervalo de tiempo y socializado bajo la influencia de ciertos acontecimientos históricos en sus “años impresionantes” (entre 15 y 25 años).
Este grupo mantiene relaciones sociales concretas con sus contemporáneos (todas las generaciones vivas) y sus contemporáneos (personas de la misma generación) en el momento histórico.
La pertenencia a una generación no determina el carácter, sino que indica ciertos acontecimientos que configuran las formas de relaciones del grupo social.
Marcado por la Guerra Fría
La hegemonía política europea y mundial está representada por presidentes y primeros ministros nacidos a mediados del siglo XX, entre 1940 y 1950. Es decir, los años impresionables de estos líderes transcurrieron en plena Guerra Fría. Así que los líderes mundiales relevantes son niños de siete u ochenta años. Pero su reemplazo puede estar cerca.
Frente a la hegemonía de líderes políticos de mayor edad, la llegada de los millennials a la política europea en 2026 rompe la tendencia gerontocrática en el escenario mundial. La llegada al poder de Petar Magyar (1981) puede interpretarse como una señal de cambio en el contexto de agotamiento y fatiga política de las democracias liberales, que se prolonga, al menos desde 2010.
En gran medida, el movimiento de protesta español respondió a esta erosión en 2011, liderado por las generaciones más jóvenes.
Hungría se ha convertido en un laboratorio para observar hasta qué punto el cambio generacional puede traducirse en un cambio político real. Después de más de una década de dominio de Viktor Orbán, nacido en 1963, el surgimiento de un perfil más joven no sólo introduce una alternativa electoral, sino también una narrativa de renovación.
La victoria de Hungría está ligada a su percepción de un líder político menos ideológico y “capaz de comprender y reformar el sistema”. Los procesos de relevo generacional tienden a ser graduales y coincidir con momentos de descontento social, en los que los ciudadanos buscan figuras que encarnen ruptura más que continuidad.
De la hegemonía de los boomers a la llegada de los millennials.
Varias publicaciones recientes muestran que los políticos nacidos en la posguerra civil española, como Felipe González, José María Aznar y Mariano Rajoy, dominaron el campo político hasta la segunda década del siglo XXI.
En España, la generación de posguerra dominó la política durante casi cuatro décadas. En Estados Unidos, Biden y Trump, nacidos en la década de 1940, han liderado la política durante la última década. En Israel, Benjamín Netanyahu (1949) es el primer ministro, tras dos mandatos anteriores. Los presidentes de Portugal (Rebelo de Sousa, hasta marzo de 2026) e Italia (Mattarella, en el cargo desde 2015) también nacieron en los años cuarenta. Los presidentes de China, India, Rusia y Turquía nacieron en los años 50, al inicio de la Guerra Fría. Finalmente, el canciller alemán Friedrich Mertz (1955) y el presidente Frank-Walter Steinmeier (1956) son contemporáneos de líderes anteriores.
Desde una perspectiva global, la política sigue, después de varias décadas, dominada por la generación del baby boom.
Una nueva forma de conectar con los votantes jóvenes
Si bien ser un líder de la generación millennial (que incluye a personas nacidas en el período 1980-1995) no implica promover políticas diferentes a las implementadas por líderes mayores, parece presentar ciertas oportunidades de cambio en sistemas políticos que se perciben como osificados y desgastados.
El factor generacional indica claras diferencias en la actitud hacia el electorado más joven. Los estudios del Eurobarómetro, el Pew Research Center y el Centro de Investigaciones Sociológicas muestran que las generaciones más jóvenes participan menos en la política convencional (menos afiliación partidista, mayor abstención electoral) y están más insatisfechas con la democracia, pero no apáticas. Es decir, los jóvenes se relacionan con la política de otras maneras.
En este escenario, los líderes más jóvenes tienen la ventaja. Comparten códigos culturales, manejan con naturalidad las redes sociales y adoptan un lenguaje y un estilo de comunicación más directo con el electorado joven. Esto facilita una conexión que va más allá de los canales institucionales clásicos.
Sin embargo, esta afinidad generacional tiene limitaciones. Los votantes jóvenes son también los más adversos y críticos: cambian sus preferencias más rápidamente y exigen coherencia entre el discurso y los resultados.
Como señalan diversos investigadores, se trata de una ciudadanía menos leal, pero más exigente y crítica. La afinidad generacional abre puertas pero no garantiza la lealtad política. En el mediano plazo, los ciudadanos más jóvenes tienden a cambiar sus preferencias en función de las nuevas expectativas que ofrecen otras opciones políticas.
¿Puede este relevo generacional extenderse en Europa?
En España existen diversos ejemplos de liderazgo de la generación millennial: Pere Aragonés (1982), Gabriel Rufian (1982), Marga Prohens (1983), Fernando López Miras (1983), Irene Montero (1988), Jone Belara (1987), Alvise Perez (1990), etc.
Europa no es ajena al liderazgo joven. Casos como el del francés Emmanuel Macron (1977), el británico Rishi Sunak (1980), el finlandés Sana Marin (1985) o el ucraniano Volodymyr Zelenskyi (1978) muestran que la edad puede convertirse en una ventaja política. Pero el posible “efecto contagio” del caso húngaro dependerá de varios factores.
Por un lado, hay un incentivo claro: muchos partidos europeos tienen dificultades para movilizar a los jóvenes y podrían optar por perfiles generacionalmente más cercanos. Por otra parte, todavía existen limitaciones estructurales. Los partidos son organizaciones jerárquicas y burocratizadas con líderes de largo plazo, donde el acceso al liderazgo presidencial requiere una larga carrera.
Esto significa que el cambio de generaciones no es automático ni uniforme. Por el contrario, aparece de forma gradual y desigual, especialmente en el contexto de una profunda crisis política.
lo inevitable
Quienes tienen poder político tienden a mantenerlo. Pero la vida está limitada en el tiempo y eventualmente se produce un cambio político generacional.
Este reemplazo suele ocurrir dentro de crisis políticas. En la próxima década, los millennials, los hijos de los boomers, ascenderán al liderazgo y esto implicará cambios sociopolíticos significativos.
La edad y la generación de los líderes políticos importan, pero no por lo que son esos líderes, sino por lo que simbolizan y la relación que establecen con el electorado. La llegada de la generación millennial no implica en sí misma una mutación en la política. Su importancia es simbólica y relacional: representa una demanda social de renovación, nuevas formas de comunicación y otras interacciones entre ciudadanía y poder.
En resumen, la victoria electoral de los húngaros en Hungría es parte de una tendencia más amplia. En el contexto de incertidumbre y desgaste institucional, la llegada de líderes más jóvenes no implica tanto nuevas políticas como narrativas y promesas de cambio.
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