El papel de las cajas de ahorros como motor del desarrollo social y cultural en España

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Las cajas de ahorros son desde hace décadas uno de los mayores inversores privados en bienestar colectivo en España. Como no eran bancos legalmente tradicionales sino fundaciones privadas de interés público, no tenían accionistas a quienes distribuir dividendos. Pero se vieron obligados a devolver parte de sus ganancias a la sociedad. En concreto, la normativa exigía que entre el 25 y el 50% de sus beneficios se destinaran a fines sociales o benéficos. Esta dimensión social es lo que se ha dado en llamar trabajo social.

Cuatro áreas de participación

Según los datos contenidos en las memorias anuales de la Confederación Española de Cajas de Ahorros (2004-2024), las inversiones en la obra social de las cajas de ahorros se distribuyen en cuatro áreas:

Cultura y tiempo libre.

Asistencia social y sanitaria.

Educación e investigación.

Preservación del patrimonio histórico y natural.

Hasta poco antes del comienzo de la Gran Recesión (2008-2014), España atravesaba una fase de fuerte crecimiento económico, impulsado principalmente por el ladrillo y el cemento (construcción e inmobiliario). En aquel momento, el producto interior bruto crecía a un ritmo medio cercano al 3,5% anual, según estimaciones del Banco de España. Los préstamos fluían con facilidad, el mercado inmobiliario estaba en auge y, por tanto, las cajas de ahorros obtenían grandes beneficios. Esta situación también la trasladó a su obra social.

De hecho, en el mismo año 2008 se alcanzó un máximo histórico: 2.058 millones de euros invertidos en acciones sociales. Esa cifra superó el presupuesto anual asignado a fines culturales en muchas comunidades autónomas. Se destinaron 781 millones a asistencia social y sanitaria, 729 millones a cultura y ocio, 326 millones a educación e investigación y 221 millones a patrimonio histórico y natural.

No se trataba de elementos simbólicos: en algunas áreas, especialmente en la cultura, la inversión en la obra social de las cajas de ahorros igualó, o incluso superó, los esfuerzos de la administración pública. Así, las cajas de ahorros se consolidaron como una de las principales financiadoras de estas actividades, con una inversión equiparable al papel de la Administración General del Estado. En esos mismos años tuvieron una participación significativa en el financiamiento de proyectos ambientales.

Prioridades cambiantes

Sin embargo, con el tiempo, las inversiones han cambiado. Si a principios de los años 2000 casi la mitad del trabajo social se dedicaba a la cultura, tras el estallido de la crisis financiera la prioridad cambió. En 2010, las ayudas sociales y sanitarias ya representaban el 45,6% del importe total, mientras que los fondos para cultura cayeron a algo más del 30%.

La explicación es clara: el aumento del desempleo, que superó el 20%, y el aumento de las necesidades sociales obligaron a redirigir fondos a los colectivos más vulnerables, como las personas dependientes o las familias sin ingresos. Las cajas de ahorros actuaron como colchón social en un momento económico y social especialmente delicado.

Evolución del paro en España entre 2005 y 2025 Fuente: INE, Elaborado por el autor (no reutilizar)

Pero la crisis financiera también marcó un punto de inflexión. Entre 2008 y 2010, las inversiones en obras sociales cayeron casi un 29%, de 2.058 a 1.462 millones de euros. Con el estallido de la burbuja inmobiliaria, las cajas de ahorros sufrieron una falta de crédito. Las nuevas exigencias regulatorias impuestas por las autoridades monetarias les obligaron a destinar parte de sus beneficios a reforzar su solvencia, reduciendo el margen disponible para la obra social.

Adiós cajas

La crisis de 2008 mostró las debilidades del modelo de caja de ahorros: la gestión era susceptible a influencias políticas, la exposición al ciclo inmobiliario era excesiva y la financiación de las obras sociales dependía directamente de los beneficios del banco. Por tanto, cuando el negocio se deterioró, la capacidad de inversión social de estas entidades también disminuyó.

Todo este proceso culminó con una profunda reestructuración del sistema financiero español. Tras la aprobación del Real Decreto Ley 11/2010 y la Ley 26/2013, la mayoría de las cajas de ahorros se transformaron en bancos o fundaciones bancarias. España pasó de 45 cajas de ahorros en 2009 a sólo dos con la forma jurídica original en 2024: Caika Ontinient y Caika Pollença. Las operaciones financieras de las antiguas cajas de ahorros quedaron en manos de los nuevos bancos comerciales (Caikabank, Unicaja, Kutkabank, Ibercaja y Abanca), mientras que la labor social se canalizó a través de sus fundaciones.

Se puede pensar que la desaparición del modelo tradicional de caja de ahorros diluyó la inversión social. Sin embargo, los datos muestran que en el periodo de 2014 a 2024, las fundaciones heredadas del antiguo sistema mantuvieron un alto nivel de inversiones, acumulando más de 8.700 millones de euros.

En concreto, tras la crisis financiera, las inversiones anuales de las cajas de ahorros en su obra social están aumentando: 709,9 millones de euros en 2014, 845,6 millones en 2019 y 906,1 millones en 2024, lo que supone el nivel más alto de la última década.

Banca y bienestar colectivo

Durante décadas, las cajas de ahorros reinvirtieron sus beneficios en los territorios donde operaban. Esta inversión formaba parte de su modelo institucional y no era reñida con la solvencia, y además contribuía a fortalecer su reputación y arraigo local.

Ahora las fundaciones bancarias operan bajo el paraguas de criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG). La gran diferencia es que la obra social ya no es parte estructural del modelo bancario, sino que depende de la percepción de dividendos y de las decisiones estratégicas de la entidad.

Comprender este proceso es crucial para el debate actual sobre sostenibilidad, responsabilidad corporativa y cohesión social. Porque, además de los indicadores de balance y capital, surge la pregunta: ¿qué papel debe jugar la banca en el bienestar colectivo?


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