Estamos en una semana en la que la inteligencia artificial (IA) se está apoderando de los medios. El pasado martes 26 de mayo el Consejo de Ministros aprobó el Proyecto de Ley Orgánica para el buen uso y gestión de la inteligencia artificial. Se trata de la primera norma nacional que pretende regular la IA y prevé trasladar la normativa europea sobre inteligencia artificial a la legislación española.
Asistimos a un proceso en el que la inteligencia artificial es de importancia no solo para los gobiernos de los estados miembros, sino también para los actores internacionales, como la OCDE – que en mayo de 2019 publicó la Declaración sobre los Principios de la Inteligencia Artificial, que actualizó en 2024 – y la ONU – que en septiembre de 2024 publicó el Informe Final sobre la Gestión de la Inteligencia Artificial (IA) a favor de la inteligencia humana.
Ni siquiera la Unión Europea (UE) se quedó de brazos cruzados en esta carrera. En 2024 se promulgó el Reglamento (UE) 2024/1689 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 13 de junio de 2024, por el que se establecen estándares armonizados en materia de inteligencia artificial (Ley de Inteligencia Artificial), una normativa complicada cuya importancia es indiscutible, pero que, acorde con la época política, resulta complementaria al espíritu de los organismos reguladores europeos.
Asimismo, importantes líderes alzan su voz en estos tiempos de cambio, una era de grandes descubrimientos frente a la cual podemos quedarnos en un segundo plano o, por el contrario, aceptar este nuevo orden y ser permeables a los desafíos que traerá consigo la IA. Entre ellos, el Papa León XIV, quien en su primera encíclica, Magnifica humanitas, dio especial importancia a la IA. Su carta nos invita a reflexionar sobre la importancia de que la tecnología esté al servicio de la dignidad humana gracias, entre otras cosas, al establecimiento de “marcos jurídicos adecuados”.
Alineado con la política europea, el Sumo Pontífice apela a la ética, pero también a la ley, para no quedar empantanado en el incierto traspaso del control del poder por parte de la élite tecnocrática.
Regulaciones de la UE
Con el objetivo de establecer un marco legal que garantice la seguridad, la transparencia y la responsabilidad en el uso ético de esta tecnología, la regulación de la inteligencia artificial en la UE ha evolucionado significativamente en los últimos años. Como señala la catedrática de Derecho Civil de la Universidad de Cádiz Zurita Martín, la enorme producción de documentos por parte de la UE a la hora de solucionar esta cuestión hace difícil que nadie no se pierda en la trampa que impide resolver “retos o amenazas de carácter transnacional”.
Por eso es tan importante tener (al menos) una regulación internacional sobre inteligencia artificial. Como dice Mustafa Suleiman, esto sólo se puede lograr mediante el juego de “alianzas estratégicas y cooperación internacional”. El ex cofundador de Deep Mind cree que “la próxima ola de tecnología llevará la historia de la humanidad a un punto de inflexión y, si se contiene, las consecuencias serán dramáticas y potencialmente catastróficas”. El mismo autor señala que la contención se vuelve esencial, y por ello postula alianzas y tratados internacionales como uno de los “diez pasos” para frenar la marea. Una regulación que anticipe las dificultades que pueden surgir por el uso de sistemas de inteligencia artificial no sólo es necesaria, sino que también parece una “política correcta”.
Pon la puerta en el campo.
Desde hace varios años, asistimos a un florecimiento de la producción regulatoria global en los campos del derecho, la inteligencia artificial y el Internet de las cosas. Ante el avance imparable de las tecnologías, surge el dilema de si conviene abrir una “puerta al campo”. Corresponde a las instituciones y autoridades públicas brindarnos un marco jurídico ético y confiable con herramientas que brinden seguridad, confianza y certeza jurídica. Además de ofrecer respuestas a los desafíos que plantea el progreso tecnológico, garantiza la seguridad jurídica, pero sin desincentivar la inversión.
La aplicación de la inteligencia artificial en la vida cotidiana ya se ha producido y su desarrollo tecnológico irá en aumento. Por este motivo, los problemas éticos, jurídicos y sociales que plantea no pueden dejarse para el futuro y deben afrontarse sin demora. Prohibir la inteligencia artificial no es la respuesta. Ignorarlo es aún peor. Lo más conveniente es gestionar su uso con la inteligencia humana.
Descubre más desde USA Today
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

