¿Se necesitan más extintores para apagar los incendios forestales?

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Ante la creciente intensidad de los incendios forestales en España en este mes de julio de 2026, surge la duda de si los medios de extinción disponibles son suficientes. La respuesta es compleja, especialmente en situaciones de emergencia, cuando están en juego hogares y vidas humanas. Sin embargo, existe un amplio consenso científico en que la clave no es aumentar los recursos asignados a la extinción, sino invertir más en prevención y gestión de pastos.

¿Cuánto se gasta en la extinción?

La percepción general en situaciones de emergencia es que se necesitan más aviones o bomberos. Sin embargo, la realidad es que una cantidad muy elevada del presupuesto público ya está destinada a este fin. El caso de España es paradigmático: tiene un sólido sistema de extinción de incendios que absorbe un presupuesto creciente y, pese a ello, registra un aumento de grandes incendios muy peligrosos.

En España, la gestión de los incendios forestales es una competencia descentralizada en la que cada comunidad autónoma tiene la responsabilidad exclusiva de la gestión forestal y de la elaboración de sus planes anuales de prevención y extinción.

Al no existir un fondo único, los presupuestos dependen de las decisiones de cada comunidad, la información disponible está fragmentada y difícil de comparar, ya que los criterios para la distribución del gasto no son homogéneos. Asimismo, existe falta de transparencia y grandes dificultades para acceder a información sobre los costos incurridos. Esto impide, en la práctica, la implementación de análisis rigurosos sobre la eficiencia y eficacia de las políticas de extinción.

Dadas estas limitaciones, cualquier aproximación al consumo total debe interpretarse con cautela. Con esta reserva, según los datos disponibles que logramos consultar, en Cataluña el presupuesto para la prevención y extinción de incendios forestales en 2025 fue de 327 millones de euros. Este año, la Generalitat Valenciana destinará 298,47 millones de euros a este fin; Andalucía, 271 millones y Galicia, 213 millones.

El presupuesto total estimado para el conjunto del país podría superar los 1.800 millones de euros al año. De esa cantidad, alrededor del 78% se destinó a trabajos de extinción y el 22% a prevención.

Por su parte, la Administración General del Estado desempeña funciones de apoyo y coordinación a través del Ministerio para la Transición Ambiental, para lo que destina alrededor de 109 millones de euros.

A todo ello hay que sumar los costes de los fondos utilizados en logística, seguridad y evacuación, y los costes asumidos por las administraciones locales, así como los fondos activados a través del Mecanismo de Protección Civil de la UE, que no se financian con estas partidas presupuestarias.

La reciente declaración del estado de emergencia de interés nacional a raíz de los incendios en la Comunidad de Madrid, Ávila y Toledo -segunda vez que se activa en España y primera provocada por incendios- es un ejemplo de la movilización de todos los recursos necesarios, bajo el mando operativo de la Unidad de Situaciones de Emergencia y la coordinación del Ministerio.

Un aumento continuo del consumo no es económicamente sostenible. Baste señalar que la cuantía estimada de extinción supera el presupuesto anual de la Agencia Nacional de Investigación o, sólo en el caso de Galicia, en gran medida los presupuestos de algunos departamentos, como Medio Ambiente y Cambio Climático.

Esto no significa, por supuesto, que el coste de la extinción no sea necesario. Además de evitar daños y grandes pérdidas económicas y proteger a la población, su eficacia es incuestionable en los ataques iniciales, porque gran parte del incendio se extingue en la fase inicial (menos de 1 hectárea).

Esta realidad, sin embargo, es compatible con la famosa paradoja de la extinción: cuanto más eficiente es un sistema para eliminar incendios pequeños y moderados, mayor es la proporción de incendios extremos. Y estos últimos son precisamente los más caros, los más peligrosos y los más difíciles de controlar. Por lo tanto, si bien la extinción seguirá siendo esencial, la prevención ofrece beneficios sociales y económicos superiores a largo plazo.

Además: todavía no invertimos lo suficiente en la prevención de incendios

La prevención es la inversión más rentable

La investigación identifica escenarios específicos donde las capacidades de extinción de incendios son insuficientes o requieren una preparación especial:

Incendios extremos, de comportamiento impredecible y alta virulencia: requieren recursos especializados que muchas veces superan a los disponibles. Sin embargo, dimensionar el sistema de extinción de incendios para el peor escenario posible no es factible, ya que implicaría costes económicamente inaceptables.

Incendios en zonas urbano-forestales: suelen desbordar a los servicios de bomberos, que deben simultáneamente sofocar el fuego, evacuar a la población y proteger las estructuras. Este escenario requiere capacidades específicas y preparación especializada, más que simplemente aumentar el volumen de recursos. Se necesitan protocolos de actuación, formación en protección de edificios y planes de autoprotección de la población, así como una planificación territorial que impida la ampliación de viviendas en zonas de alto riesgo.

Cuando coinciden numerosos incendios en el tiempo: los recursos disponibles se dispersan y su efectividad baja significativamente, agudizándose la falta de recursos en relación a la multiplicación de frentes. En estas circunstancias, la preparación anticipada del territorio -a través de áreas de gestión estratégica, barreras cortafuegos, puntos de agua y una red de acceso adecuada- es más importante que el número de tropas disponibles.

Y leer también: Ocho acciones para mejorar la gestión del riesgo de incendios y proteger a la ciudadanía

En definitiva, en lugar de aumentar indiscriminadamente los medios de extinción, es necesario disponer de capacidades especializadas y bien coordinadas para responder a los escenarios más complejos y, al mismo tiempo, gestionar el territorio y aprender a convivir con el fuego. No se trata de elegir entre extinción o prevención, sino de comprender que la prevención es el gran problema sin resolver y la inversión que más vale la pena.

Mientras que extinguir significa actuar una vez iniciado el incendio, la prevención aborda las causas estructurales del problema y reduce el riesgo de que un incendio se convierta en un desastre mayor. El desafío de los grandes incendios forestales no se resolverá con más helicópteros ni más brigadas, sino con una gestión sostenible del territorio en llamas.


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