Cuando hablamos de odio, normalmente pensamos en insultos y humillaciones. Sin embargo, el rechazo a los inmigrantes puede camuflarse en un paquete más “amigable”. Los mensajes hostiles hacia ellos en las redes sociales tienen un enorme poder para cambiar lo que pensamos. Por eso es importante entender cómo nos afectan.
Uno de cada tres europeos percibe la inmigración como un problema. En este contexto, las plataformas digitales son terreno fértil para el odio. Así, las redes sociales se han convertido en un altavoz que difunde estereotipos negativos. Y puedo apoyar la exclusión de personas y grupos sociales.
Mensajes después de la tragedia
En junio de 2022, 2.000 inmigrantes africanos intentaron saltar la valla que separa España de Marruecos. Al menos 37 personas murieron y cientos resultaron heridas. La policía de ambos países tampoco estuvo inmune a las críticas. Este tipo de eventos, por ejemplo, es muy común que provoquen la proliferación de mensajes de odio en las redes sociales.
Un experimento reciente investigó los mecanismos psicológicos de los discursos antiinmigrantes e investigó cómo el tipo de lenguaje en los mensajes y su viralidad afectan a los usuarios de la red.
El discurso de odio rechaza a las personas por lo que son o el grupo al que pertenecen: su origen étnico, su diversidad funcional, su orientación sexual o su identidad de género. En el caso de los inmigrantes, el discurso hostil más común es que representan una carga económica para el país, crean inseguridad y amenazan nuestra cultura.
La presencia cada vez mayor de este tipo de mensajes en el entorno digital nos obliga a comprender cómo se difunden y cómo afectan a nuestras actitudes y creencias.
Para ello, los investigadores crearon diferentes versiones de la historia en primera persona. Twitter compartió cómo lo afectó lo sucedido, cambiando su forma de expresarse y la cantidad de interacciones. Mientras que una versión utilizaba vocabulario ofensivo, la otra utilizaba términos más neutrales. Además, una versión recibió muchos me gusta, acciones y comentarios, mientras que la otra pasó desapercibida.
Más de trescientos participantes leyeron estos tweets. Querían saber si cada versión produciría un efecto diferente. ¿Sentiste una conexión con el autor de cada historia? ¿Te excitó la historia? Por último, ¿compartirías una variante más que la otra? ¿Cambiaría su actitud hacia los inmigrantes? ¿Apoyarían una política más dura?
Lenguaje correcto, actitudes negativas.
Los internautas experimentan una mayor “fusión de identidades” con aquellos que no ofenden. Evitar el lenguaje tóxico favorece que se compartan actitudes que, en realidad, perjudican a los inmigrantes.
Todos pensamos que hablar con corrección formal ayudaría a superar las barreras mentales. Pero esto, sorprendentemente, también puede facilitar la difusión de mensajes que refuerzan actitudes negativas. En esencia, promueven políticas restrictivas.
El discurso sin insultos duros favorece el vínculo psicológico con su autor. Esta investigación propone el modelo THREAD (acrónimo de Tokic Hate Responses Emerging after Disruptive Events). Aparte de las expresiones agresivas, la narrativa transmite su carga de odio a través de historias emocionales que nos resultan familiares.
La ideología modera el efecto.
A veces nos sentimos inmersos en la historia. Experimentamos lo que se llama “transporte narrativo”, un proceso que nos hace más propensos a cambiar de opinión. Una vez que nos enganchamos a la historia bajamos la guardia. Lo internalizamos. Y entonces, nuestras actitudes pueden cambiar.
Una característica de las personas con una ideología más conservadora es que tienden a ser más críticos con la inmigración. En el caso estudiado, sólo los conservadores se sumergieron más en estas narrativas cuando los tuits no parecían tóxicos.
Se sabe que las personas interpretan en función de nuestras creencias. Por lo tanto, un mensaje hostil dicho en un lenguaje neutral puede parecer aceptable para una persona conservadora. Suavizar el tono aumentaría la receptividad y disminuiría la resistencia.
Vivimos en plena fiebre por conseguir me gusta. Queremos que nuestras publicaciones sean compartidas y comentadas. Sin embargo, la influencia de las redes sociales no afectó las actitudes de los participantes. Aunque queremos apoyo social, nos importa más cómo nos cuentan las cosas. Y coinciden ideológicamente.
Estrategias que normalizan la exclusión
Entonces el odio se extiende más allá del lenguaje tóxico. Evite rechazos que causen ofensa. Entonces podrás identificarte con lo que nos dicen. Incluso asumiendo la perspectiva de quien lo dice.
Los mensajes malos y agresivos no son un problema. Lo realmente grave es que la inmigración se presente de forma no agresiva como una amenaza. Cuando se normaliza el discurso de odio se consigue una mayor intención de dividirlo. Y eso multiplicaría su difusión.
La conclusión es interesante para las campañas de alfabetización mediática. Es necesario descubrir cómo el vocabulario moderado ayuda a mantener estereotipos y moldear creencias y actitudes.
Estos hallazgos resaltan que formas más sutiles de discurso de odio pueden crear fuertes conexiones entre audiencias y perspectivas hostiles, destacando la necesidad de campañas contra el odio que aborden contenido de odio explícito y sutil.
La exclusión usa guantes de seda. Es hora de revelar el puño de acero que se esconde debajo.
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